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Publicado por admin o 7 Xuño 2011

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Artigos etiquetados ‘opinión’

Arquitectos: Contra a crisis, facer as maletas

Escrito por mpierres o 9 Agosto 2010

El Mundo - Mónica Tragacete - 06.08.2010

Se acabó el mito de que la arquitectura es una profesión extraordinariamente bien pagada. Al menos en España. Precariedad, ilegalidad o sueldos bajos no son hoy situaciones ajenas al sector en nuestro país. SU VIVIENDA ha contactado con un grupo de jóvenes arquitectos españoles que trabajan en el extranjero porque consideran que en España su trabajo no está lo suficientemente valorado.

Actualmente, en España hay 51.158 arquitectos colegiados, según el CSCAE

A día de hoy, en España hay 51.158 arquitectos colegiados, según los datos del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE). La cifra real es mucho mayor, pues no todos han de estar colegiados para ejercer -sólo necesita estarlo aquel que firma proyectos- y muchos ’se han borrado’. Además, el número de licenciados crece cada año: sólo el curso pasado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSA) salieron unos 500, según la dirección del centro. En España hay 29 escuelas. Las cuentas no salen por ningún lado.

“En otro momento, salir al extranjero era una opción. Ahora es pura necesidad”, apunta el vicesecretario del Sindicato de Arquitectos de España (SAE), Ramón Durántez.

Fernando Otero, 33 años: ‘Cada uno va por libre’

Fernando Otero, en Nueva York.

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Fernando Otero, en Nueva York.

Se marchó de España rumbo Nueva York en 2007 a la aventura, sin trabajo y sin ningún consejo en la mochila. Y precisamente fue eso lo que más echó de menos: que algún tipo de organismo oficial del sector le asesorara. Señala culpable a la desunión: “Aunque lo parezca, no somos un colectivo. Cada uno va por libre y hay que aprender desde cero”.

En el estudio de arquitectura en el que trabaja tiene un sueldo entre un 10 y un 15% más elevado -aunque reconoce que el nivel de vida es mayor en la ‘capital del mundo’- y ha encontrado un mayor reconocimiento profesional. Ramón Durántez lo verifica: “El arquitecto español que se marcha siempre encuentra un sector más regulado y más profesional”.

Alfredo Biosca, 36 años: ‘Se ha hecho el trabajo de 30 años en 15′

Alfredo Biosca, en su trabajo en Rumanía.

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Alfredo Biosca, en su trabajo en Rumanía.

Corrían los primeros meses de 2007 cuando este arquitecto aceptó una oferta de trabajo en el extranjero. Estaba terminando de construir el Hospital de Vallecas e intuía que los tiempos por venir no eran precisamente buenos. Actualmente trabaja en una ingeniería en Bucarest (Rumanía) y aunque reconoce que la situación está muy parada, afirma que “la gran diferencia es que en España se ha hecho el trabajo de 30 años en 15 y ahora toca una época de parón, mientras que en Rumanía aún hay muchas cosas por hacer”.

El elevado número de licenciados es para Biosca otra de las quimeras a vencer. “En España tenemos un arquitecto por cada 1.000 habitantes, el doble que en Francia”, apuntan desde el Sindicato. “En 1970 había en España unos 3.500 arquitectos, ahora esa cifra podría estar multiplicada por 11″, matizan.

Daniel Gumpert, 42 años: ‘Somos un mal necesario para el promotor’

Daniel Gumpert, en RMJM Hong Kong.

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Daniel Gumpert, en RMJM Hong Kong.

Daniel trabaja desde hace 11 meses en Hong Kong, en una oficina del estudio escocés RMJM, considerado uno de los más grandes del mundo. Para él, la profesión tiene un gran problema: el reconocimiento socialdel arquitecto. Sobre todo, por parte del promotor. “Para los que no tienen que trabajar con nosotros somos ideales, para el resto, un dolor”, ironiza.

“En España los promotores se han hecho muy poderosos socialmente y desde el principio te intentan dejar claro que has de hacer lo que ellos digan”, se lamenta. “En los últimos años a la construcción se ha apuntado mucha gente sólo porque era el motor de la economía“, sentencia.

Katarin Larrauri, 32 años: ‘Un estudio medio sólo hace VPO’

Katarin Larrauri, desde Nueva York.

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Katarin Larrauri, desde Nueva York.

Katarin, que era jefa de equipo en un estudio de Madrid, se marchó a Nueva York en abril de 2007. Se mudó buscando mejoras y nuevas oportunidades. Además de horarios fijos -”en España mi horario era de 9,00 a 19,00h, pero siempre salía más tarde y algún fin de semana también trabajaba”, dice Katarin-, en Nueva York ha encontradoproyectos más interesantes. “Un estudio medio-pequeño en Madrid se dedicaba casi por completo a hacer viviendas, muchas de ellas VPO. Muy pocos se hacen museos, tiendas… Aquí te surgen proyectos más interesantes a nivel de diseño y de uso”, comenta.

“En EEUU la arquitectura española está considerada una de las mejores en Europa”, dice Katarin partiendo una lanza a favor del colectivo patrio. “Y sin embargo, aquí no hay convenios y podemos cobrar hasta el sueldo mínimo. Por no hablar de la situación de falsos autónomos, ilegal y precaria, en la que están el 60% de los arquitectos”, contrarresta el SAE.

A esta situación de ilegalidad hay que sumar que, desde 2007, el paro. “Es paralelo al que vive el sector de la construcción, y no del 4% como dice el CSCAE”, asevera el Sindicato. El reciclaje parece una solución factible en un país en el que ocho de cada 10 arquitectos se dedican a la construcción y ésta se halla por los suelos -en 2006 se visaron 865.561 viviendas, mientras que en 2009 fueron 110.849-.

Estos jóvenes no son los únicos que advierten la errática situación de la profesión: el 82,7% de sus colegas colegiados considera que la situación está peor o mucho peor que hace unos años, según el un informe del CSCAE. ¿Quién tiene el remedio para curar la salud de este enfermo llamado arquitectura?

O AUTÓNOMO, por Toni Garcia

Escrito por mpierres o 9 Agosto 2010

El Pais - Toni Garcia - 09.08.2010

pt-barnum-y-tom-thumbHay por ahí algunos ineptos que siguen sin creer en el hombre invisible, vivir para ver. Poco imaginaba H. G. Wells en 1897 que su entelequia sobre el humano transparente se convertiría en el siglo XXI en una obviedad. Solo en nuestro país existen unos tres millones de hombres (y mujeres) invisibles. Bueno, ellos-as se hacen llamar autónomos por rebajar el tono, pero lo cierto es que no ha existido nunca ningún colectivo capaz de camuflarse así con su entorno, hasta pasar completamente desapercibido; de hecho es como si no existiera. El mérito es enorme, ya que hasta en elecciones se hace difícil oír a los políticos mencionarlos, será -quizás- porque algunos términos son tabú y pueden distraer a la concurrencia.

No hay que negarlo, la cosa tiene su gracia: un tipo piensa que sería buena idea trabajar para sí mismo, pagar religiosamente al Estado por hacerlo, esperar que los otros le paguen cuando a ellos les dé la gana, declarar esos pagos aun cuando él no los ha cobrado y recibir como toda recompensa una indiferencia majestuosa. Además, en periodos de crisis será oficialmente ninguneado con una sonrisa y echado a los leones sin contemplaciones, para que se entere de lo que vale un peine.

No siempre ha sido así, aunque deberíamos remontarnos hasta el siglo XIX para encontrar un referente exitoso: su nombre era P. T. Barnum y era la perfecta combinación entre empresario y embaucador, aunque su rasgo más destacado era su reiterada negativa a obedecer a nadie que no fuera él mismo. Barnum fue el inventor del circo en su versión financiera, el padre delmarketing creativo y -según James W. Cook en su magnífico trabajo sobre el genio- “el arquitecto de la industria cultural moderna”. Eran famosos sus discursos del viernes por la tarde a sus empleados, a los que intentaban colarse todo tipo de parásitos y competidores ansiosos por conocer los trucos de aquel encantador de serpientes con imperio propio.

Hubo un momento en el que el propio presidente de Estados Unidos en aquel tiempo, Ulysses Grant, declaraba a Barnum “el tipo más famoso del mundo”. Así, este autónomo de Connecticut nunca tuvo que perseguir a los proveedores y disfrutó de una legislación amable con sus propósitos.

Con el panorama actual, Hacienda hubiera acabado embargándole la carpa, el reloj de bolsillo y hasta la pajarita. En los bancos le mirarían con ojos oblicuos, como no creyéndose que uno de su calaña se atreviera a pedirles dinero. En el siglo XXI sería, simplemente, otro hombre invisible.

Es lo lógico, en un país donde el mandamás de los empresarios es un hombre en perpetua bancarrota y la corruptela es una religión con infinidad de fieles, a nadie puede extrañarle que los que deciden hacerse la vida a su manera reciban severos correctivos: la homogeneidad es el primer mandamiento en tiempos de crisis, así que todo el que renuncie voluntariamente a cobrar una nómina debe ser un enemigo del Estado, un nihilista con carné. Ya lo dice aquel chiste: “Un tipo va caminando por el desierto y se encuentra una lámpara mágica, la friega y sale el genio. ‘Te concedo un deseo’, dice. ‘No quiere ponerme nunca más enfermo’, contesta el hombre. A lo que el genio replica: ‘Coño, pues hazte autónomo”. Barnum se hubiera reído, seguro.

O ventre do arquitecto

Escrito por mpierres o 29 Xullo 2010

arquitecturacreativaEl Mundo - blog vidas.zip - Lorenzo Silva

Soy el que imaginó tu casa. Y también el que calculó los metros que debía tener ese corredor del centro comercial por el que te metes cuando te estás meando, para que nadie se chocara contigo cuando vas a buscar alivio. Y el que diseñó el bonito vestíbulo de tu estación de metro, por donde pasas cada mañana y a donde llegas derrotado cada noche. Y el que arañó como pudo, de la avaricia del constructor, esa sala espaciosa y no del todo mal iluminada donde cada día haces tu trabajo.

También, para qué voy a engañarte o a engañarme, soy el responsable de algunas cagadas. De esa puerta que al abrirse demasiado choca con el bidé. De ese absurdo local comercial que te entorpece el camino cada vez que en el aeropuerto te tocan las puertas B, obligándote a sortearlo con una maldición cuando llevas prisa. O de ese techo demasiado bajo de la entreplanta del almacén. Y no lo voy a ocultar: lo del bidé fue un despiste, porque llevaba demasiada tralla encima y andaba demasiado falto de sueño cuando lo hice, y luego no me paré como habría debido a revisar; pero de lo otro me di perfecta cuenta. Vamos, que de hecho lo hice adrede y con toda la intención. Podría alegar en mi descargo que me obligaron, los cabrones roñosos y codiciosos para los que trabajaba, pero en el fondo no es verdad. Nadie te puede obligar a firmar lo que no quieres, a hacer lo que desprecias. Los paredones de todo el mundo guardan restos del ADN de gente que lo demostró del modo más incontestable. Yo consentí, y me toca la vergüenza que a mi falta corresponde.

Quería prosperar, como todos. Y como todos, también, creí que era una inversión de futuro; que después de los malos tiempos, de los abusos, del infraempleo, vendrían para mí los días rutilantes y prósperos de que gozaban ya mis jefes. Mis jefes, que nunca lo eran en teoría, porque jamás me ligó a ellos un contrato laboral. Ni a los arquitectos más viejos que me chuparon la sangre para pagarse sus Rólex y sus Lexus, ni a los constructores rapaces que me rebañaron los hígados y me mostraron que, en comparación, hasta mis colegas veteranos, expertos consumados en la explotación del becario por el hombre, eran monjitas de Teresa de Calcuta. Claro que estos otros tenían que pagar el yate, y alguno manoseaba ya catálogos de jets privados.

No, nunca tuve contrato. Siempre fui autónomo, obligado a pagarme mis seguros sociales, más todos los otros, por si alguna vez se le caía en la cabeza a alguien algo que hubiera dibujado yo. Con todas las responsabilidades, sin ningún derecho y en la indigencia más absoluta. O bueno, tampoco tanto. Algún mes bueno creo que llegué a levantar, después de descontar todos los gastos (a lo anterior súmese material, gasolina, comidas, etcétera) 1.200 euros limpios. Muchísimo menos, en todo caso, que aquellos que me exprimían. Y lo peor no era que ganara mucho menos que lo que sacaban mis colegas viejos, que a fin de cuentas habían tenido que pasar de un modo u otro mi vía crucis, incluidos los seis años de escuela. Ni siquiera que fuera menos que los constructores, entre los que raro era el que pudiera resolver una ecuación de primer grado. Lo peor era ver que ganaba la mitad que un peón, la tercera parte que un albañil, la cuarta parte que un encofrador bueno. No es que desprecie esos oficios, y entiendo la ley de la oferta y la demanda. Lo que no entiendo es para qué me dejé los sesos y la piel en mi carrera.

Ahora estoy en paro y vivo en un pisucho viejo y compartido. Cuando me levanto cada mañana, sólo tengo un consuelo: el tipo que lo diseñó era todavía peor arquitecto que yo.

A cidade idealizada

Escrito por mpierres o 12 Xullo 2010

ABC - Fredy Massad- 01.07.2010

Cada época ha imaginado la ciudad del futuro, la urbe ideal. ¿Cómo será la que se esboce desde el presente? ¿Bajo tierra o en las nubes? Son dos opciones

Imaginar cómo será la ciudad del futuro ha sido siempre un concepto revelador a través del que interpretar cuáles han sido los deseos y necesidades de cada época. Centrándonos en nuestra contemporenidad, contamos con la visión crítica que contenía la idealización futurista art-decó de Metrópolis, la reflexión filosófica que subyace a la apocalíptica mirada cyberpunk en Los Ángeles de Blade Runner, pasando por las concepciones de la ciudad perfecta que planteaban las imágenes de la Walking City de Archigram, la experimentación de la Nueva Babilonia de Constant Nieuwenhuys o el futurismo-pop de la compacta y vertical ciudad que se recorría gracias a vehículos voladores de Los Supersónicos, de Hanna-Barbera.
  • A las obsesiones de perfección se opone la sustancia compleja, contradictoria, subjetiva, intensa y viva de la ciudad real

En su forma ideal, las ciudades imaginadas por los planteamientos más radicales de la literatura o el cine se han plasmado a través deparámetros intraducibles a la esencia de la urbe real y viva. Hablar de ciudad ideal equivale inevitablemente a hacerlo de una ciudad ficticia, de un prototipo artificial, puesto que la metrópolis real es algo hecho de una sustancia mucho más compleja y que funciona como un organismo vivo, capaz de reaccionar de manera imprevista a regulaciones y planificaciones (acertadas o no) que quieran imponérsele y que se articula en razón a unos parámetros que tienen más que ver con las respuestas emocionales y psicológicas de sus ciudadanos que con las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales que van fluyendo sobre ella.

Partir de lo existente
El concepto de ciudad ideal debe ser más un objetivo puesto en práctica que un hecho, una aspiración pragmática que tenga como eje el cuerpo de la ciudad ya existente y los fundamentos básicos para procurar un bienestar y una libertad?colectiva e individual? de sus ciudadanos. ¿Y cuáles son las cualidades en las que centrar esa aspiración hoy?: Indudablemente prioritaria, incrementar la diversidad y la calidad del espacio público y los recursos destinados al servicio cívico. La concepción de futuro pasa hoy obligatoriamente por la generación de estructuras sostenibles y por la integración de las ciudades a las redes tecnológicas, teniendo presente que la urbe ideal hoy surge de la capacidad para hibridar lo nuevo y lo viejo. La sostenibilidad no sólo derivará de un incremento de aplicaciones de energías limpias, sino también de la capacidad de cada capital para reciclar y regenerar sus propios recursos arquitectónicos y urbanos. Tal como ha sugerido William J. Mitchell, el desarrollo de las redes digitales podría contribuir a que se reduzca la necesidad de seguir generando nuevas estructuras urbanas.
  • la metrópolis real es algo hecho de una sustanciacompleja yfunciona como un organismo vivo, capaz de reaccionar de manera imprevista a regulaciones y planificaciones

Es preciso señalar la profunda diferencia que existe entre el significado de «ciudad ideal» y el de «idealizar la ciudad». No hay que dejarse engañar ante las propuestas urbanas que proponen pluscuamperfectas visiones de ciudad de presente y hacia el futuro, y que parecen emerger de una especie de concepción darwinista de la arquitectura, equiparando «apariencia hipertecnológica» a «expresión de superioridad», como si esa complejidad formal, ese efectismo de colosales tótems tecnológicos, fuese el equivalente de una culminación evolutiva del lenguaje arquitectónico y de las maneras de habitar, una premisa desde la que ellas mismas se condenan a quedar desfasadas.

Los conceptos que se plantean como nuevos modelos urbanos ideales niegan la ciudad como punto de encuentro de la sociedad. Experimentos como Dubai, incluyendo sus complejos de islas artificiales, que poco tienen de avance tecnológico, han marcado un punto de inflexión crítico, porque en ese paisaje urbano creado en medio del desierto crece una arquitectura que habla de reinventar la ciudad, pero que aporta escasos valores y perspectivas.
Que no nos ciegue la retórica
Por eso no hay que engañarse ni ante la retórica, ni ante la estética de emprendimientos como los de Masdar City, en Abu Dhabi, cuyo plan maestro ha sido diseñado por Forster & Partners, y que se promociona como «la primera ciudad absolutamente sostenible», que, sin embargo, debe verse como un gran centro comercial y de concentración de empresas más que como una ciudad. Lo mismo ocurre con otros ejemplos, como New Songdo City, presentada como una ciudad hipertecnológica, pero que no sería más que un complejo destinado a funcionar como centro internacional de negocios. O el proyecto de Mass Studies Seoul Comune 2026, que intenta retomar de manera estrambótica y feísta el concepto de torres en el parque de Ludwig Hilberseimer, algo que enmascara, tras su obsesión gestual, la ausencia de un concepto de desarrollo urbano.
Lo que resulta llamativo de estos nuevas utopías o distopías es que en esas estructuras supuestamente hipersostenibles y tecnológicamente avanzadas se encarna el ideal de entorno rígidamente controlado, previsible e imbuido de una asepsia que ?como sugería el urbanista Kevin Lynch?, al materializarse, produce una sociedad que tal vez bordea lo patológico. A esas obsesiones de perfección se opone la sustancia compleja, contradictoria, subjetiva, intensa y viva de la ciudad real como hábitat natural de lo humano.

Calatrava y sus desmanes

Escrito por mpierres o 23 Xuño 2010

El Pais- Comunidad Valenciana - Manuel Peris - 22.06.2010

El diputado Ángel Luna es un tocapelotas, por lo tanto un excelente portavoz de la oposición. Luna es capaz de hacer descender a Camps de su nirvana político, romper su beatífico estado y ponerle de los nervios. En una de sus últimas intervenciones parlamentarias, el portavoz socialista le echó en cara que, según el informe de la Sindicatura de Comptes de 2008, se había producido un sobrecoste de 587 millones de euros en la Ciudad de las Artes y las Ciencias diseñada por Santiago Calatrava, lo que supone un incremento superior al 188% sobre un presupuesto inicial de 311 millones de euros, que casi se ha triplicado. “¿Cuántos Gürtels caben en ese gasto sin control?” preguntó Luna. Camps, lejos de dar explicación alguna, le amenazó con empapelarlo.

Sin embargo, el sobreprecio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, aunque de gran envergadura, no es el único desmán de este singular arquitecto afincado en Suiza. Llama la atención la facilidad con la que el nombre de Santiago Calatrava se asocia a todo tipo de excesos. En Nueva York los sobrecostes han provocado que le recorten las alas a su estación de la zona cero. Un juzgado investiga estos días si el anteproyecto del teatro de la ópera de Palma de Mallorca, por el que habría cobrado 1,2 millones de euros del Gobierno de Jaume Matas, es una copia de otro proyecto diseñado para la ciudad de Zúrich. La construcción de un puente en Venecia, muy criticado también por la ausencia de paso para discapacitados, se prolongó durante años por problemas de seguridad y tuvo un enorme sobrecoste. También hubo polémica con el desajuste presupuestario en el puente inaugurado hace dos años en Jerusalén. En Bilbao, una ciudad de clima oceánico, las críticas llovieron por situar al aire libre la zona de espera del aeropuerto, que ha tenido que ser reformado. Luego llovió sobre mojado cuando las quejas por lo resbaladizo del puente de Zubi Zuri motivaron una reforma a costa del Ayuntamiento, lo que no fue óbice para que Calatrava tuviera el valor de querellarse por vulneración de la propiedad intelectual. Algo sorprendente porque el propio arquitecto no tuvo empacho en acalatravar un tramo del puente de Montolivet obra de José Antonio Fernández Ordóñez. Por no hablar de los accidentes por falta de visibilidad en el puente de l’Assut d’Or, del hundimiento de la maquinaria del Palau de les Arts, de su inundación y de la construcción de un vergonzoso muro dentro del viejo cauce para evitar futuras avenidas, o del olvido de las escaleras de seguridad del Museo Príncipe Felipe.

Calatrava, que es un patriota fiscal suizo y cuyos emolumentos profesionales son, según el Gobierno valenciano, “confidenciales”, tuvo el inmenso gesto de regalar a la ciudad el diseño, que no la construcción, de una columna para recordar la visita del Papa, que en poco se diferencia de cualquier otra de inspiración clásica. Un gesto que da la medida del personaje y la talla de quienes le contratan.

Arquitectura e ‘vuvuzelas’

Escrito por mpierres o 17 Xuño 2010

El Pais -VICENTE VERDÚ 17/06/2010

Más allá del interés que el grupo de los Jóvenes Artistas Británicos (Young British Artist) despertó hace unos años por el arte contemporáneo a través de sus extravagancias, sus procacidades y sus escándalos, la arquitectura ha logrado también protagonismo por sus extravagancias o sus espectáculos gigantes y, por si faltaba poco, por la fetidez de su burbuja.

Un congreso de arquitectos titulado Más por menos, al que han acudido tres premios Pritzker y medio millar de estudiantes y profesionales de toda índole, concluyó la semana pasada en Pamplona con este diagnóstico central: la crisis derriba ya el edificio estrella y en su solar crece la modestia y el pudor. ¿Una regresión? ¿Un destino antimediático? ¿Una maniobra sacrificial?

Guste o no a los muchos arquitectos que participaron en el acto amparado por la Fundación Arquitectura y Sociedad, los desmanes y griteríos de la arquitectura más radiante e inmediata han provocado, primero, la afonía y, después, el fin de su mejor pensamiento social de casi toda la vida.

Las alternativas que se presentaron en esta importante reunión, especie de catarsis bíblica y ceremonia inaugural de otra época, fijaron la atención sobre opciones y soluciones constructivas, diseños y nuevos materiales que, en conjunto, por su exposición ilusionada parecían pertenecer a un talante definitivamente sepultado bajo edificios como el Guggenheim de Gehry, el de la radiotelevisión china de Koolhaas o la Ciudad de las Ciencias de Calatrava. Edificios y complejos que han llenado de luces y colores la época de prosperidad y, como efecto, han llenado la cabeza de pájaros exóticos el porvenir de un sinfín de alumnos.

Todavía en exposiciones recién inauguradas, como la internacional de Shanghai, o que acaban de cerrarse, como la del Agua en Zaragoza, la presencia de construcciones inútiles, tan aparatosas como despilfarradoras, siguen ocupando la pista central. Pero la crisis económica y cultural en la que de golpe hemos llegado a precipitarnos ha orientado el pensamiento hacia recursos e ideologías que anteponen la vida real al efectivismo, la austeridad pacífica a la guerra de la magnificencia y la funcionalidad al malabar.

No todos los ponentes proclamaron este insurgente cambio de rumbo. Algunos de ellos, Pritzker y autores de obras mastodónticas como Piano o Herzog, desgranaron sus dudas sobre el carácter de un mundo mejor, pero otro Pritzker último, el australiano Glenn Murcutt, fue tan oscuro y pesado hablando como luminoso y estimulante en la presentación de sus edificios alternativos.

¿Alternativos? Nadie quería pronunciar la palabra “sostenibilidad”, en parte porque si un edificio no se sostiene ¿qué clase de edificio puede ser? Y, en segundo lugar, porque la sostenibilidad ha venido pronto a convertirse en un concepto basura igualando el amor mismo por el desecho del que pretende servirse para vivir desde el detritus a la eternidad.

Mark Wigley, decano en la universidad de Columbia, fue quien perfiló la probable nueva figura del arquitecto que, no necesitando ya dibujar, no necesitando conocimientos técnicos para construir, no necesitando ser artista, puesto que todo ello va y viene del ordenador al tablero y del tablero al ordenador, puede transformarse en un actualizado intelectual tan inédito como oportuno. La visión habitacional de la sociedad, dentro y fuera de la Red, la ponderación de las relaciones a través del hábitat y, en suma, la observación de los espacios en los que nos comunicamos e interaccionamos, sitúa la figura del arquitecto en un privilegiado vigía para un armónico destino colectivo.

¿El arquitecto es un filósofo, un moralista? Y un sociólogo y un político, y tres o cuatro cosas más. Al congreso asistió también el muy tormentoso Slavoj Zizek, sociólogo, filósofo, psicoanalista, lacaniano, hegeliano y esloveno. De ningún modo el caos de su discurso eléctrico desentonaba con los calambres que la crisis ha producido aquí y allá pero, sobre todo, el continuo sonar de sus vuvuzelas teóricas se correspondían bien con las que, de una a otra punta del mundo, anuncian el paso de una fanfarria arquitectónica a una sencilla arquitectura de la honradez. O lo que es lo mismo: la sustitución del menosfotogénico, por la honesta genética del más.

Os rañaceos do Golfo e nós

Escrito por mpierres o 2 Marzo 2010

El Pais - LUIS FERNÁNDEZ-GALIANO 02/03/2010

La que se ha denominado década inmobiliaria terminó el 4 de enero de 2010. Ese día se inauguró en Dubai la Torre Califa, un rascacielos cuyos 828 metros lo han hecho el más alto del planeta. Pero el evento tuvo lugar apenas unas semanas después del pánico en los mercados que puso al emirato al borde de la quiebra -rescatado in extremis por Abu Dabi, su álter ego virtuoso y petrolero del Golfo-, y el gigante vio la luz mientras descendían las sombras sobre el experimento urbano más admirado y denostado de los últimos tiempos: un espejo oscuro y ahora craquelado en el que se reflejan los dilemas de nuestras propias ciudades.

En el hasta ahora boyante emirato, que había adquirido la capitalidad económica de Oriente Próximo tras las crisis bursátiles y bélicas de Beirut y Kuwait, la debacle financiera fue producida por la inmanejable deuda inmobiliaria que venía arrastrando desde el estallido de la burbuja, lo mismo que la bancarrota de Lehman tuvo origen en las hipotecas subprime o que las tribulaciones de las cajas y bancos españoles se derivan en buena medida de los créditos concedidos a promotores. El final del ciclo económico está íntimamente enredado con el final del ciclo inmobiliario, y quizá también con los últimos compases del actual modelo arquitectónico y urbano.

La relación entre el ciclo inmobiliario y el económico explica que los récords de altura de los rascacielos coincidan con las crisis: la Gran Depresión se inició en 1929 al tiempo que se remataban en Nueva York el edificio Chrysler y el Empire State; la crisis petrolera y bursátil de 1973 se desencadenó mientras las torres del World Trade Center y el Sears de Chicago batían el récord; la crisis financiera asiática de 1997 coincidió con la terminación en Kuala Lumpur de las Torres Petronas, y la actual Gran Recesión se marca con la inauguración de la Torre Califa.

En España esta secuencia vendría más modestamente jalonada por un conjunto de construcciones en altura que se extienden desde el edificio de Telefónica de 1929 -el primer rascacielos europeo- hasta las cuatro torres recientemente terminadas en Madrid.

Pero la actual crisis podría ser algo más que meramente cíclica, al producirse en un contexto marcado por la creciente conciencia de los riesgos del cambio climático y el ya próximo declive en la disponibilidad de combustibles fósiles, fundamento último de un modelo de ciudad y de arquitectura que muestra dos rasgos característicos, suburbanización y espectáculo. La suburbanización, impulsada por el automóvil, extiende indefinidamente los límites de la ciudad, colonizando el territorio con extrema ineficacia y degradando el paisaje natural; y el espectáculo, inseparable de la opulencia, contamina la arquitectura con una exhibición circense de formas insólitas, difíciles de reconciliar con la necesaria permanencia física y simbólica de construcciones que exigen grandes inversiones monetarias y termodinámicas.

La ciudad es, en efecto, un sistema termodinámico que exige extraer de su entorno flujos energéticos -combustibles, pero también alimento, o la energía incorporada en los materiales- para mantener su estabilidad, y este desequilibrio siempre presente se ha exacerbado en el último siglo como un fruto agridulce del petróleo abundante y barato, produciendo urbes hipertrofiadas y arquitecturas exhibicionistas que han llegado al paroxismo caricaturesco en el Golfo Pérsico. Dubai -con su downtown de rascacielos y su sprawl de urbanizaciones dispersas e interminables- no es un caso excepcional, sino un ejemplo extremo de la ciudad global, exportada desde América a todo el planeta, y por ello su crisis contiene lecciones utilizables para todos.

Desde luego, Dubai tiene rasgos peculiares -desde la altura escalofriante de la Torre Califa o el lujo extravagante de un hotel de siete estrellas en el mar hasta las islas en forma de palmera, visibles desde el espacio, para las mansiones de los millonarios- que la hacen singular, como singular es también su organización política, que excluye de la ciudadanía a la mayor parte de la población. Sin embargo, su extraordinario dinamismo urbano suscitó la curiosidad de muchos, que vieron en la ciudad del Golfo un modelo a imitar o un monstruo a exorcizar. Un fenómeno, en todo caso, que desplazó inmediatamente el interés que antes se había centrado en ciudades del borde Pacífico de Asia como Hong Kong o, sobre todo, Singapur: una utopía autoritaria que el autor de ciencia-ficción William Gibson resumió como “Disneylandia con pena de muerte”, y que parecía encarnar un futuro urbano a la vez ominoso y sonriente.

Entre los fascinados por el vigor inmobiliario de Dubai estuvo Rem Koolhaas, el arquitecto e ideólogo que más ha influido con sus escritos en la percepción de la urbe contemporánea, que vio en las ciudades del Golfo “versiones de la metrópolis del siglo XXI”, y “la oportunidad definitiva de trazar un programa renovado para el urbanismo actual”.

Esas esperanzas, que el holandés había depositado antes en la eclosión musculosa de las ciudades chinas, resultan hoy empañadas por el melancólico paisaje de urbanizaciones abandonadas a medio construir, cubiertas ya por la arena del desierto, y la crítica situación social producida por el desplome de los precios de los inmuebles, que ha movido a tantos a irse del país, dejando detrás una hipoteca sin pagar y un coche abandonado en el aparcamiento del aeropuerto.

Durante la pasada década, en la cual el llamado efecto Bilbao ha producido la proliferación de arquitecturas espectaculares como medio de rebranding urbano, el efecto Dubai también se ha hecho sentir por doquier, y muy especialmente en aquellos países en curso de integración en los mercados globales, que hallaban en el emirato un referente de éxito. Tras el desplome financiero y el rescate por parte de Abu Dabi, muchos buscarán en las políticas más sosegadas de este último un modelo alternativo, y quizá lo encuentren en el gran proyecto de Masdar, una ciudad carbón-neutral, sin residuos y sin coches, que actualmente construye allí la oficina de Norman Foster, y que usa la morfología de la ciudad tradicional islámica: compacta, de baja altura, con patios y calles estrechas sombreadas.

Aunque no es previsible un efecto Masdar, la ciudad sostenible de Abu Dabi será en los años que vienen un laboratorio de técnicas y sistemas que acabarán incorporándose a la vida cotidiana, de la misma manera que los ingenieros de la fórmula 1 o los científicos de los viajes espaciales desarrollan materiales o procedimientos que terminamos usando en nuestros vehículos o en nuestras cocinas. Pero su principal lección residirá sin duda en el retorno a las formas eficaces de la ciudad tradicional, que permite alcanzar densidades importantes sin necesidad de recurrir a alturas insensatas, y que al encerrarse compactamente dentro de unos límites pone coto al despilfarrador crecimiento disperso.

No obstante, más de la mitad de la humanidad vive ya en ciudades, así que probablemente nuestra tarea en las próximas décadas no sea tanto crear urbes nuevas como reformar las existentes para hacerlas más sostenibles: rehabilitando edificios, regenerando barrios y recuperando paisajes.

Necesitamos ciudades más densas y compactas, pero no más altas; al igual que necesitamos arquitecturas más útiles, pero no más triviales. Y para combatir la fascinación contemporánea por la insostenible suburbanización y el insufrible espectáculo, debemos explicar que la casa unifamiliar y el vehículo particular han de ser domesticados, porque la ciudad jardín es la menos verde de todas; y también que la belleza no reside necesariamente en la provocación estética o la extravagancia formal de la arquitectura que grita: la mejor ciudad habla en susurros.

Empeza o cambio

Escrito por mpierres o 4 Xaneiro 2010

maqueta_vitrahaus_herzog__meuronEl Pais - ANATXU ZABALBEASCOA - Madrid - 03/01/2010

Con Kazuyo Sejima como comisaria de la próxima bienal de Venecia y el Centro Pompidou de Metz, de otro japonés, Shigeru Ban, a punto de inaugurarse al norte de París, parece que los iconos y las estrellas arquitectónicas hablarán otro idioma en 2010. La sostenibilidad, o el intento por lograr una arquitectura menos dañina a base de edificios con menos medios pero con más ideas, está presente en varios inmuebles a punto de estrenarse. Pero también lo está un cambio de escala. La arquitectura está cambiando. Más comprometidas con su trabajo que con las cifras de su empresa, parece que las nuevas estrellas quieren serlo menos. No sucederá en un año. Pero es de esperar que el camino sea sin retorno. Se podría augurar que los arquitectos se divertirán más vigilando las obras que los libros de cuentas. Por eso, de seguir la economía su curso de castigo, se va a acabar el aburrimiento. Sólo los ingeniosos triunfarán. Algunos hasta reinventándose.

No es el caso de Niemeyer, que inaugurará en Avilés otra obra magna, sin duda también emblemática, en la que nunca ha estado. Pero podría serlo el del estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron que, en un pequeño pueblo alemán, Weil am Rhein, ultima un edificio que combina la gran y la pequeña escala. El encargo tenía truco. Lo hizo un experto en arquitectura, Rolf Fehlbaum, propietario de la futura VitraHaus -un espacio que servirá para exhibir la colección de la firma de mobiliario Vitra- que ya tuvo el olfato de invitar a Frank Gehry -autor del Vitra Museum- y a Tadao Ando para construir en Europa hace más de 20 años. También fue el primer cliente de Zaha Hadid. Fehlbaum llevaba años detrás de Herzog & de Meuron y ahora, en la primavera de 2010, los devolverá a la pequeña escala sin renunciar a la grande.

En cuanto a las novedades que prepara el año en el ámbito del diseño, la noticia es que Ikea se multiplica. No en el mundo, sino en su propio seno. Año tras año, la empresa sueca va perdiendo su legendaria identidad nórdica a favor de un carácter más global. Así, su empeño genérico para 2010, ser más sostenible que en 2009, ha hecho que todos sus grifos ahorren un 30% de agua, que sus sábanas combinen el algodón con el Lyocell, una fibra renovable a base de celulosa -realizada con fibras de madera, con la mitad del agua que precisa el algodón para crecer-, y que sus instalaciones produzcan energía solar y eólica para el autoconsumo. Pero, ¿cómo traduce formalmente su catálogo ese deseo? La apuesta múltiple la ganan lo retro, lo minimalista y, atención, lo gustaviano, un estilo de muebles de madera decapados, pintados de gris o de blanco, que llevó luz a las viviendas suecas en tiempos del rey Gustavo III, a finales del siglo XVIII.

Es lógico que en el escenario impredecible en el que vivimos las grandes empresas del diseño se muestren indecisas. Y la indecisión, ya se sabe, genera cautela. O locura. Hay un grupo, con Capellini o la propia Ikea a la cabeza, que opta por el clásico poner una vela a Dios y otra al diablo. Con otra para los Reyes Magos, por si acaso. Después de aplaudir el design art, y abrir tienda en Miami, Giulio Cappellini cerró 2009 dejando el diseño de sus sillas en manos de modistos. Patrick Norguet fue el elegido. El resultado, la butaca Scratch, no era rompedor. No inventaba nada y ni siquiera invitaba a sentarse. Pero abría una puerta. Y eso, precisamente, es lo que ha hecho célebre a este empresario-arquitecto italiano.

La otra cara de la moneda estará en el lado de los integristas: los puristas del diseño. Los guardianes de las esencias son las firmas que no se desdoblan en estilos y se mantienen fieles a cuanto saben hacer. Las cocinas arquitectónicas de Bulthaup hace ya tiempo que comenzaron a hacer de la casa una gran cocina. Ahora, la firma alemana prepara una revolución minimalista de la mano del rey del género: el británico John Pawson lleva dos años trabajando en su nueva colección. Con Bulthaup, otro clásico del diseño, la finlandesa Artek, ha dado por concluido el plan renove que puso sus diseños en manos de Tom Dixon y ha decidido que, para 2010, volverá a ser ella misma: Aalto y compañía, que es, a fin de cuentas, lo que siempre quiso ser.

Artigo de opinión: Claves contra a corrupción

Escrito por mpierres o 19 Decembro 2009

El Pais - 19.12.09

A medida que nos achegamos ao inicio da saída da crise, están en primeiro plano os baixos índices de calidade democrática e transparencia do modelo español de crecemento. A estrutura do Estado autonómico é para algúns a dun Estado federal incompleto e nese Estado carente do que se adoita chamar federalismo cooperativo e goberno multinivel fómosnos encontrando as sorpresas de que a suma das autonomías non constitúe de todo un Estado e que o nivel de competencia e de decencia de semellante modelo son democraticamente insuficientes para España.

Un dos síntomas do déficit social, democrático, ambiental e de mercado é, entre outros, o do proceso de fusión das caixas de aforros, que repercute en todo. Porén, non son menos importantes os problemas da Xustiza, o territorio, os servizos, aqueles que atinxen a principios de equidade no reparto de beneficios e cargas, é dicir, aos dereitos constitucionais. O financiamento autonómico e os principios de solidariedade e cooperación non poden obviar a perspectiva federalista, porque a autonómica aínda ofrece mostras de incompletitude e precariedade.

Realmente, o que cambiará a fusión de caixas é o modelo de patriarcalismo compasivo: Un modelo disperso e local, pouco democrático. A politización das caixas de aforros é consecuencia da súa orixe, da súa insuficiencia competitiva e a súa gran fragmentación, que debilítaas e fainas opacas. Efectos que teñen a súa orixe na perpetuación dos localismos baseados na noción do territorio entendido como fortaleza, en lugar de como ágora ou espazo global. Por iso, a fusión do modelo español do mercado interior de servizos é máis lenta que en Europa. Tamén a crucial reforma do mercado de solo segue estancada, sen a necesaria igualdade e transparencia regulamentaria a nivel local e autonómico, a que está obrigada pola lexislación refundida da Lei 2/2008, que segue desempregadas.

Cando nestes días se clama contra a corrupción, ademais de prevención, débese contar con reformas estruturais, como son as que pasan por restablecer principios xurídicos básicos. Noutro caso, nin se comprende o papel do territorio en España, nin se pode pensar na transparencia da unidade de mercado, que debería promover a decencia e competitividade da economía española. Cuestións como enerxía, competencia, telecomunicacións e mercado de valores teñen Comisións Nacionais que as regulan, pero os principios básicos e valores xerais do dereito precisan protección e igualdade global.

A ética nacional do noso sistema constitucional é inalcanzable se segue producíndose o engrudo local da corrupción legalizada nos modelos ambientais e económicos xerais. Hai que dar amparo á igualdade xurídica e a transparencia, principios acosados sempre pola definición parcial ou interesada do “interese público” ou os “intereses xerais”, esgrimidas por parte duns poucos corruptos. A corrupción florece porque non estamos conseguindo enmarcar as escalas xurisprudenciais dos nosos patrons de crecemento en condicións de igualdade en sectores clave: Ambientais, financeiros, educativos, mercados de solo e de servizos. A falta de exemplaridade pública, de transparencia, a fragmentación localista e a lexislación ordenada por ducias son as causas de que a corrupción local repunte. Se non sabemos facerlles fronte, persistirá o clientelismo localista e caciquil ou en mercados asentados sobre lexislacións, barreiras e antigallas inmobiliarias, financiadas con diñeiro local politicamente clientelar ou irregular. Sen aplicar ao chan o principio xurídico do desenvolvemento sostible xamais seremos competitivos.

España necesita unha chamada xeral á ética secularizada da cidadanía. Ética laica e de valores morais que inclúa excelencia, competencia, tolerancia e respecto á diversidade na democracia. Valores que deben ser equivalentes en todas partes e que necesitan dunha profunda transición cara á transparencia desde o turbio escenario localista actual.

Estamos ante o inicio dun ciclo. Fusionar imaxinativamente quere dicir aumentar o poder de participación e transparencia das institucións ambientais, económicas, educativas, financeiras urbanísticas e de servizos. Necesitamos acabar con moitas prerrogativas e co poder mediático dalgúns indecentes que avergonzan a moral pública deste Estado e os seus valores de futuro.

Carlos Hernández Pezzi é arquitecto.

Artigo de opinión: Cimentos tortos en obras públicas

Escrito por mpierres o 15 Decembro 2009

El Pais - 15.12.2009

“Un fraude”. “Una explotación”. “Un método perverso”. El rosario de descripciones no es precisamente halagüeño, pero sí bastante unánime. El mundo de la arquitectura en España está profundamente molesto con el actual sistema de concursos para la adjudicación de obras públicas. Lo que era un modelo envidiado por otros países del entorno -la teoría es que posibilita el acceso de los jóvenes al mercado y la experimentación de nuevas formas en el lenguaje de la construcción- desembocó recientemente en unas rotundas declaraciones, las primeras de Jordi Ludevid tras ser elegido presidente del Consejo Superior de Arquitectos de España (CSCAE). Algo hace aguas en la adjudicación por concurso en España, vino a decir. Y sus palabras han destapado un malestar extendido. Se cuestiona la idoneidad de los jurados; se denuncian adjudicaciones a dedo; piden que se retribuya la mera presentación de los anteproyectos que al final no ganan el concurso; y lamentan la, cada vez más frecuente, bajada de los honorarios por parte de los profesionales.

¿Un ejemplo? El Ministerio de Cultura convocó en agosto el concurso para adjudicar uno de sus más importantes proyectos: el Museo Nacional de Etnografía de Teruel -”el gran centro de la memoria histórica”-. Previsto para 2013, cuenta con un presupuesto de 46,5 millones de euros. Se presentaron 16 propuestas. Según los datos que se dieron a conocer, dos estudios de Madrid tenían las puntuaciones técnicas más altas. Sin embargo, la adjudicación provisional fallada en noviembre fue para el gabinete de Zaragoza (Olano y Mendo Arquitectos) que hizo una bajada del 27% sobre el tipo de licitación (honorarios) que había marcado Cultura: de 2,3 millones a 1,6. Daniel Mendo, del estudio ganador, argumenta que esta clase de prácticas “se da desde hace años”. “La diferencia es que las rebajas rondaban el 20%. Nosotros estaríamos encantados de que se limitase o incluso que se prohibiese esa práctica. Esta vez como podíamos asumirlo nos hemos arriesgado más. Y se supone que estábamos bien en las puntuaciones técnicas”, añade.

Las retribuciones de los arquitectos suele girar en torno a un 5% o un 6% del coste total de la edificación. A la hora de valorar un proyecto se tienen en cuenta una serie de indicadores técnicos, además de la propuesta económica. “El problema es que ahora se prima únicamente la propuesta más barata y nos estamos equivocando”, opina Ludevid. “Esa sobrevaloración del indicador económico es peligrosa. En una obra pública debe contar la relación calidad precio”. El presidente del CSCAE ha colocado como prioridad de su nuevo trabajo la ordenación del ecosistema de los concursos. El ejemplo ideal, opina, es el sistema francés, que adjudica, no a la oferta más barata, sino a la que más se ajusta a la media aritmética.

“Abundan los compañeros que deciden trabajar gratis para hacer currículo. Y así no sólo se degrada la profesión, sino que redunda en la calidad de la arquitectura y, sin embargo, la responsabilidad civil sigue siendo la misma”, opina Belinda Tato, joven y premiada arquitecta de Ecosistema Urbano. Patxi Mangado, hombre curtido en más de 20 años de trayectoria y veterano conocedor de los concursos asegura que las “bajadas en los honorarios alcanzan últimamente hasta un 50%”.

El arquitecto lo ilustra con una experiencia. “Me llamaron algunos miembros del jurado para darme la enhorabuena por haber ganado el concurso para la restauración del monasterio de Melón, en Ourense. Pasaron 15 días sin que llamase nadie más. Me puse en contacto con los organismos implicados y me dijeron que sí, que lo gané yo, pero que había otro arquitecto que ofreció una bajada importante de sus honorarios y se lo dieron a él. Es un escándalo y se produce con relativa frecuencia. También con obras del Ministerio de Cultura”.

El sector comparte otro elemento de insatisfacción. En las convocatorias abiertas no se paga el trabajo de presentación de anteproyectos. “Las administraciones han descubierto con el tiempo que con los concursos les va muy bien. Se presenta mucha gente, tienen mucha relevancia, son mediáticos y electoralmente les favorece y, encima, no les cuesta dinero”, afirma la arquitecta y profesora Blanca Lleó. “Además, les aporta muchas ideas que aprovechan como quieren porque los derechos de autor brillan por su ausencia. Las reglas del juego se han degradado y al final es un timo, el 90% de los presentados acaban frustrados”.

Los arquitectos señalan como ejemplo el trabajo de los abogados. “¿Alguien se imagina que a un letrado le encarguen un informe jurídico y no se le pague? Es un sistema perverso y ésta es la única profesión a la que se le obliga a presentar un proyecto sin remunerar. Las administraciones deberían buscar otra forma de selección”, opina el arquitecto Juan Miguel Hernández León, presidente del Círculo de Bellas Artes.

Josep Bohigas, destacado emergente, resume bien el malestar que impera en el sector. “Te presentas a todos los concursos encantado, pero el esfuerzo, la emoción y el talento no obtienen ni una explicación del por qué se ha elegido uno y no otros. Ya no es el dinero, sino algo más fácil, como en otros países y que justificaría la decisión nada transparente de los jurados, y es que con todo ese material hacen una exposición o se puede hacer una publicación, de forma que ese inmenso capital cultural tiene retorno y provoca el debate. Porque éste y la transparencia son la base para construir una gran cultura arquitectónica”.

A estas quejas, el Ministerio de Cultura responde con una remisión a la norma: “Todo lo referido a concursos públicos está regulado por la Ley de Contratos del Sector Público”.

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