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Publicado por admin o 7 junio 2011

Presidente: D. Manuel Abelleira Argibay  presidente.pontevedra@colexiodearquitectos.org
Tesorera: Dña. María Pierres López tesorera.pontevedra@colexiodearquitectos.org
Secretario: D. Wenceslao López Velasco secretario.pontevedra@colexiodearquitectos.org
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Artigos etiquetados ‘opinión’

La era de la fealdad

Escrito por mpierres o 15 enero 2012

El Pais -ANTONIO MUÑOZ MOLINA 14/01/2012

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Algo más ha ocurrido a lo largo de todos estos años alucinados, los años del delirio que duró tanto y del que no parece que despertemos del todo; algo más, aparte de la sinvergonzonería, del despilfarro, de la arrogancia de los nuevos ricos, de la obsesión por los orígenes, de la creencia alentada por la clase política de que se puede tener todo sin pagar por nada ni responsabilizarse de nada ni agradecer nada. Ahora se abren los ojos, ya sin remedio, y lo que se ve no es solo que de nuevos ricos hemos pasado a nuevos pobres, y que es a los débiles a los que les toca pagar las calamidades desatadas por los poderosos. Lo que se ve, además, es que en todos estos años, sin que nos diéramos mucha cuenta, nos ha ido rodeando e invadiendo un océano de fealdad, un océano que ocupa desde los paisajes que parecían más deshabitados o remotos hasta el corazón de las ciudades. Es una fealdad pública y también privada; una fealdad a escalas inmensas y en tamaños reducidos y no por eso menos viles; se la ve caminando por las calles y cuando se viaja en coche o en tren por esos alrededores cancerosos que nunca terminan y que incluyen siempre centros comerciales, polígonos cimarrones en mitad de páramos, barriadas compactas con torres de muchos pisos que nunca llegarán a ser habitados o urbanizaciones de adosados que se pierden en la lejanía, franquicias de comida basura, prostíbulos con letreros de neón que parpadean débilmente en los mismos secanos y bajo el mismo sol arcaico que tanto emocionaba a los estetas de la generación del 98.

La fealdad de iniciativa privada y de pequeña escala lo asalta a uno desde la puerta de un bar del que sale una musiquilla de máquina tragaperras y un olor a fritangas, desde una de esas tiendas o bazares chinos, desde un atroz salón de juegos junto al que algún jubilado se agrava la bronquitis crónica poco antes de aplastar la colilla en el suelo y del volver adentro para dilapidar la pensión escuchando el Baile de los pajaritos. Es asombroso que tratándose de una fealdad en la que intervienen tantos empeños individuales el efecto general sea tan unitario: el mismo en una calle del centro de Madrid y en una del extrarradio, en el sur o en el norte, en nacionalidades históricas dotadas de una identidad cultural que se remonta al paleolítico o a las cruzadas y en esas otras que se han ido apañando por imitación en las últimas décadas. Justo en ese tiempo en el que más recursos se han invertido en recuperar identidades es cuando se ha logrado una unidad más perfecta: la estética española de lo desaliñado y lo pavoroso.

Casi no se puede decir, porque otro de los muchos logros de esta época ha sido el fomento de orgullos colectivos tan propensos al agravio que la menor crítica conduce al linchamiento, al anatema y la excomunión. Pero en muchas ocasiones, en una capital o en un pueblo de mil habitantes, lo que sorprende, lo que casi estremece, es el grado y las variedades de fealdad que uno va encontrando. Pero a ver quién es el valiente que da un nombre. La arquitectura popular ha sido arrasada casi en todas partes. Y lo que queda muchas veces es un monumento histórico rodeado de horrores, aislado del ecosistema en el que tuvo sentido. Queda el monumento, mal que bien, quedan las extensiones de bloques de pisos con cierres de carpintería metálica y portales de falso mármol, algunos de ellos aderezados con fantasías posmodernas de los años ochenta, quedan los pavimentos de granito y las calles sin aceras y con bolardos o chirimbolos y bancos públicos sin respaldo que a los arqueólogos del porvenir les servirán para fechar la era Zapatero de principios del siglo XXI.

Y quedan otros dos rasgos fundamentales de dicha era: los llamados edificios emblemáticos o icónicos y la escultura de rotonda de tráfico. Ahora es bastante cómico leer las críticas tajantes, aunque retrospectivas, que empiezan a publicarse sobre las extravagancias arquitectónicas de estos últimos veinte años. Pero hasta que Llàtzer Moix publicó en 2010 Arquitectura milagrosa el debate público sobre tales delirios no había existido (o si existía entre los arquitectos no llegaba a nosotros, la plebe no experta y no autorizada a juzgar), y nadie prestaba mucha atención a detalles tan poco relevantes como los costes de la construcción y los del mantenimiento. La era Calatrava también les resolverá problemas de datación a los arqueólogos del futuro lejano, y además les alegrará las excavaciones con hallazgos abundantes, aunque en ocasiones difíciles de interpretar.

Pero quizás el misterio arqueológico definitivo del próximo milenio serán las rotondas o glorietas de tráfico: el Stonehenge y el Machu Picchu y la isla de Pascua de la gran era de la fealdad pública española. Quizás en Kazajistán o en Mongolia o en alguna otra república postsoviética de Asia Central se encontrarán monumentos semejantes. Aproximarse por carretera a cualquier ciudad española es un horror más o menos idéntico en el que no hay más variaciones que el tamaño de las esculturas en las glorietas de tráfico y quizás el perfil distante de la aguja de una catedral. Las hay abstractas y las hay figurativas. Casi todas ellas exaltan algún fundamento de la gloria local. Algunas recuerdan el gusto escultórico de aquellos dos antiguos amigos de Occidente, Sadam Husein y Muamar el Gadafi. Algún historiador del arte con inclinaciones depravadas podría hacer una tesis sobre ese fenómeno estético.

Estoy impaciente porque se termine y se inaugure la que será probablemente la obra maestra de la escultura de glorieta. Ahora mismo las fotos la muestran todavía rodeada de andamios, en medio de un páramo, pero no puede faltar mucho para que esté terminada. Recibirá a los viajeros que lleguen al aeropuerto de Castellón, que fue inaugurado con gran pompa hace casi un año por las autoridades autonómicas y provinciales, pero en el que sigue sin aterrizar ni despegar ningún avión. La escultura, obra del artista Ripollés, es, según la descripción del periódico, “un coloso de metal de 20 toneladas”. Representa, en palabras del propio artista, “una figura a la que le saldrá de la cabeza un avión; ese es el germen y el esperma del nacimiento de la obra”. Parece ser que se trata de un homenaje algo alegórico al expresidente de la Diputación Provincial de Castellón, de cuyo cerebro brotó, por citar al artista, el germen y el esperma de este aeropuerto.

Recordar que la escultura costará 300.000 euros es sin duda una mezquindad. Quién le pone precio al arte. Y al fin y al cabo ese gasto es una nadería en un aeropuerto que ha costado 150 millones de euros, y que costará mantener 8 millones al año. En el caso no improbable de que ningún avión llegue a aterrizar en él, los vecinos de la zona podrán recrearse paseando bucólicamente por las pistas y admirando en silencio la escultura del artista Ripollés. Quizás dentro de mil años el coloso castellonense de 20 toneladas será una de las pocas reliquias visibles de nuestra era de la fealdad.

Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim. Llàtzer Moix. Anagrama. Barcelona, 2010. 288 páginas. 18 euros. antoniomuñozmolina.es

Aportacións colexiados: Dendes as rúas da memoria

Escrito por mpierres o 17 agosto 2011

Os facilitamos unha ligazón ao artigo “Dende as rúas da memoria” .

Trátase dun artigo do blog do noso colexiado Diego Germade ”Individuos opacos en un jardín portátil” , e que fai referencia á obra de Begoña Paz na reciente exposición “Dende as rúas da memoria”.

LIGAZÓN

Un arquitecto polifacético

Escrito por mpierres o 18 julio 2011

El Pais - Tribuna - JAVIER DOMÍNGUEZ 16/07/2011

Rafael Tamarit Pitarch es uno de los grandes arquitectos valencianos del siglo XX. Discípulo aventajado de Alejandro de la Sota y Julio Cano Lasso, su generosa contribución a la enseñanza le convertiría muy joven en una de las imprescindibles voces de la recién nacida Escuela de Arquitectura de Valencia, de cuyo ADN forma parte indiscutible y a cuya consolidación contribuyó con entusiasmo.

De la calidad intelectual y humana de la dirección fundacional de la escuela, encabezada por Román Jiménez y con Rafael Tamarit como subdirector, da fe la selección del primer grupo de profesores: artistas como Jorge Teixidor, Ramón de Soto, Ángela García; filósofos y estetas como Tomás Llorens; historiadoras como Violeta Montoliu, Trinidad Simó; sociólogos como Josep Vicent Marqués…, Y también la incorporación de jóvenes valores, como Juan Otegui, Cristina Grau, Vicente Mas, Jorge Stuyck…

Una de las enseñanzas de Tamarit que siempre recuerdan sus estudiantes es su obsesión por el reconocimiento directo de la arquitectura mediante la realización de viajes de estudios que él prodigaría a Londres, Ámsterdam, Rotterdam, París, Roma, Berlín, Frankfort, Nueva York, Boston, Las Vegas, Tokio, Calgary, Toronto, Copenhague, Casablanca…

Tamarit supo transmitir como pocos la pasión por la fotografía que practicó siempre en primera persona, cámara en mano y que le llevó a apoyar la rápida creación de los laboratorios gráficos y archivos audiovisuales de la primitiva escuela, que hoy, cuarenta años después, constituyen un orgullo para todo el colectivo.

Gracias a maestros como él, aquella jovencísima escuela de la plaza de Galicia se convirtió pronto en un verdadero lugar de encuentro en el que profesores y alumnos podían compartir su pasión por la arquitectura.

La muestra que sobre su figura y su obra expone el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia permite reconocer una personalidad rica y polifacética, cuya producción arquitectónica iría asociada durante décadas a los hermanos Lladró.

La internacionalización de la marca permitiría a Tamarit realizar algunos de sus mejores edificios comerciales fuera de España, como el Lladró Plaza de Nueva York, el Rodeo Drive de Beverly Hills, el Ginza Building -Tokio-. No menos atractiva resulta su huella en la comunidad con obras incluidas en el Docomomo Ibérico y con numerosas tiendas: Don Carlos, Clive, Alejandro Soler, Cafetería Tívoli…, que lo acreditaron desde el primer momento como uno de los mejores interioristas de la época.

Su capacidad para abordar en paralelo múltiples proyectos de diferentes tipologías y en contextos distintos, manteniendo siempre un altísimo nivel de calidad arquitectónica, constituye una de las claves de la confianza que supo transmitir al mundo empresarial a cuyo reconocimiento contribuyó generosamente.

Fue un arquitecto visionario que se anticipó a su tiempo. Su habilidad para transmitir la filosofía darwiniana de que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio” facilitó el que muchos jóvenes emprendedores valencianos como Santiago Calatrava o José María Tomás Llavador confiaran en él y abordaran con decisión no solo el cambio, sino también la aventura al mercado exterior apoyándose en su maduro cosmopolitismo.

Javier Domínguez Rodrigo es catedrático de Proyectos de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y comisario de la muestra sobre Rafael Tamarit, que se exhibe en el CTAV.

Modelando la ciudad

Escrito por mpierres o 9 febrero 2011

La Voz de Galicia - Felipe Peña - 09.02.2011

No es solo el urbanismo de Galicia el que queda medio vacío con su desaparición, sino una cultura del pensamiento en la que nada es ajeno para quien mantiene su mente activa: territorio y política; las ciudades son para que la gente viva en ellas. Desdeñaba los artificios que exageran el valor de los signos afirmando que lo urbano debe ser primero pensado racionalmente. Este aparentemente leve territorio para su trabajo le apasionaba, entre otras cosas porque, como muchos de su generación, creía que el mundo podría llegar a ser mas justo modelando con precisión las calles y las plazas de las ciudades. Ofrecía audiencia a lo razonable y se enfrentaba desasosegado a lo imaginativo, pero nunca dejaba de acercarse, curioso, generoso y sonriente, hacia sus interlocutores menos científicos. No era solo el artífice de bellas palabras que tantas veces le reprochamos con envidia, sino una mente despejada y ágil capaz de organizar un conocimiento con un discurso; muchos de ellos están en la memoria de sus alumnos y ex alumnos de la Escuela de Arquitectura de A Coruña. Empezó a trabajar en el territorio de Galicia con el Plan Ciudad de las Rías y el grupo EUSA, al que Albalat propuso para desarrollar su idea metropolitana, y sus labores continúan luego en los más delicados tejidos históricos y más frágiles espacios de Galicia. La Ciudad Difusa de Oporto a Ferrol o el espacio rural de Ourense son las últimas tareas que había decidido tomar en sus manos en los últimos días; sus compañeros de la Oficina de Planeamiento los continuarán. Sus pasiones se centraban en la organización de nuestros espacios. Nuestras ciudades echarán de menos sus palabras.

¿Cómo pudimos equivocarnos tanto?

Escrito por mpierres o 4 enero 2011

interior_sagrada_familia_barcelonaEl País - Oscar Tusquets Blanca-04.01.2011

El autor del artículo, arquitecto, pintor y diseñador, instigó un manifiesto en los sesenta contra la continuación de las obras de la Sagrada Familia. Pero tras una reciente visita al templo, revisa su oposición a los trabajos recién terminados.

A principio de los sesenta, aún en la universidad, fui uno de los instigadores de un manifiesto abiertamente contrario a la continuación del templo de la Sagrada Familia que contó con el apoyo incondicional de toda la intelligentsia de la época, de Bruno Zevi a Julio Carlo Argan, de Alvar Aalto a Le Corbusier. Aunque tras su publicación la reacción fue contundente y las obras en vez de detenerse cobraron nuevos bríos, continuamos convencidos de que constituían un error monumental.

Ahora, tras la consagración papal del templo, me he replanteado la cuestión. Mis dudas comenzaron cuando veía levantar la majestuosa nave central. Mi rechazo se tambaleó algo más cuando Alfons Soldevila -excelente arquitecto de avanzado leguaje tecnológico- me aseguró que si conociese profundamente la obra cambiaría de opinión, que era el edificio más importante del siglo XX y que estaba dispuesto a demostrármelo. Invitación que he aceptado para escribir estas líneas con conocimiento de causa. He visitado el templo de abajo a arriba (más de 60 metros de altura) con Alfons y Josep Gómez Serrano -uno de los arquitectos directores de su estructura- y he quedado anonadado.

Cierto es que en las partes que Gaudí dejó sin definir se presentan dos problemas graves: uno es que los continuadores -aunque con encomiable entusiasmo han llevado la obra adelante acertando en lo fundamental- no han tenido ni el talento de Jujol para interpretar a Gaudí en lenguaje gaudiniano ni el talento de Scarpa o de Albini para dialogar con él en un lenguaje personal, lo que provoca que casi todos los detalles no definidos por el Maestro choquen. Barandillas de inox y vidrio, spots luminosos, pavimentos, claves de bóveda, vidrieras y, en general, todos los elementos decorativos, no están a la altura del conjunto. Verdad es que estos acabados no consiguen desvirtuar la inmensa calidad del monumento y que son relativamente fáciles de sustituir en un deseable futuro. El segundo y más grave problema es la dificultad de encontrar artistas contemporáneos capaces de llevar adelante los proyectos figurativos del Maestro. En las fachadas, Gaudí pretendía, como en las catedrales medievales, explicar en imágenes la Historia Sagrada. Ya a principios del XX esto no era fácil pero el genio de Gaudí lo solventó, rozando el kitsch, en la Fachada del Nacimiento con estos muros que se arrugan formando figuras, muchas de ellas obtenidas sacando moldes de personas y animales reales (George Segal medio siglo antes). El penoso resultado escultórico de la Fachada de la Pasión revela la dificultad de proseguir esta andadura. Queda por levantar la fachada principal, la de la Gloria. Encontrar en el mundo un artista contemporáneo capaz de afrontarla es un desafío tremendo. La figuración está en un momento difícil, la de contenido religioso mucho más, y la capaz de transmitir la Gloria de la Resurrección, extinta. El arte contemporáneo ha dado muchas crucifixiones pero ninguna resurrección notable.

Pero vayamos a lo fundamental: la objeción de más peso contra la continuación del Templo siempre ha sido que no sabíamos cómo lo habría hecho Gaudí, un arquitecto que improvisaba en obra, que sus planos y maquetas habían sido destruidos al inicio de la Guerra Civil, y que cualquier interpretación constituiría inevitablemente una traición al artista. Esto es una verdad a medias. Gaudí dibujó e hizo maquetas de tres proyectos sucesivos al inicio de la construcción. El primero, al que corresponde la Fachada del Nacimiento y su cubista cara interior, es aún respetuoso con el lenguaje gótico. El segundo es mucho más orgánico. El tercero es absolutamente original, innovador, deslumbrante. De este tercer proyecto, que él consideraba definitivo aunque no lo pudiese ver completado en vida, hizo una maqueta a escala 1/10 por cuyo interior podías pasear. Es cierto que esta maqueta fue hecha añicos, pero existen excelentes fotografías y ha podido reproducirse con muchísima precisión. La fidelidad de esta reconstrucción se ha visto favorecida porque, a pesar de su apariencia aleatoria, esta obra se basa en estrictas geometrías. Parece ser que Gaudí, escarmentado por los problemas que había tenido en la fachada de La Pedrera, decidió recurrir a una rigurosa estructura geométrica en el Templo. Son geometrías complejas -paraboloides hiperbólicos, hiperboloides, polígonos regulares que giran en espiral en ambos sentidos formando los fustes de las columnas…- pero que, una vez definidas, no aceptan interpretaciones, se pueden reconstruir a escala 1/10 o diez veces mayores. Esto es lo que se ha hecho en la nave hoy prácticamente acabada. Si la arquitectura es ante todo espacio y luz, el interior de este templo es Arquitectura en mayúscula, emocionante y grandiosa Arquitectura frente a la cual las excentricidades de hoy parecen verdaderos juegos de niños.

Volvamos al origen. ¿Cómo pudimos equivocarnos tanto? Si hace 50 años se nos hubiese hecho caso, esta maravilla no existiría. Habría permanecido como una ruina o la hubiera terminado un arquitecto de moda en aquellos años ¿Cuánta gente la visitaría? Este templo no ha tenido nunca apoyo económico de las instituciones, vive de los donativos de los que la visitan, más de dos millones al año, más de 25 millones de euros. Se está financiando como una catedral medieval. De esta forma se terminará, no sé si la mejor obra del pasado siglo… pero sí el mejor edificio religioso de los últimos tres.

Defensa del patrimonio

Escrito por mpierres o 9 diciembre 2010

Disculpa, pero esta entrada está disponible sólo en Galego.

Hablan los próximos arquitectos

Escrito por mpierres o 25 octubre 2010

8 CASAS INSCRITAS Y TRES PATIOS en Satna Lucía de Tirajana, Gran Canaria. De Pedro Romera y Ángela Ruiz. El Pais - blog - Del tirador a la ciudad - Anatxu Zabalbeascoa - 25 de Octubre 2010

En la ETSAM, 24 arquitectos, de los más de 500 que presentaron sus proyectos al concurso Arquia Próxima convocado por la Fundación Caja de Arquitectos para elegir los mejores trabajos firmados por arquitectos titulados hace menos de diez años, hablaron el jueves pasado de sus obras y de sus preocupaciones. Lo que sigue son algunas de las ideas que se barajaron en el debate que siguió a las presentaciones:

-Carlos Quintans, arquitecto, editor y comisario de esta selección Arquia Próxima, (sobre el escenario): “Otros países ya habían descubierto la docencia de la arquitectura como un negocio. En España hoy hay más escuelas y más alumnos con resultados extremadamente desiguales”. “Los mejores ejemplos de arquitectura hoy se encuentran fuera del espectro legal. Son alegales. Los concursos los gana quien hace el proyecto más acorde con la crítica del momento”. “La bajada de honorarios con el único objetivo de conseguir la captura del cliente ha llegado hasta los límites de la dignidad”.

-Santiago Cirugeda, arquitecto, fundador de Recetas Urbanas, (sobre el escenario): “Las universidades de otros países contraen obligaciones con la sociedad. La nuestra no. ¿Cómo vamos a contagiar responsabilidad civil a los ciudadanos?”. “Estamos mendigando por más concursos, pero las bases no las estamos cambiando. Echo en falta una pelea de más nivel para cambiar las estructuras de las universidades y los concursos”.

-Francisco Cifuentes, arquitecto, (sobre el escenario): “Estamos con la mirada cerrada, sin conexión con la sociedad. No se trata de renunciar a construir, pero si queremos hablar de cambio salgamos a la calle”.

-Alberto Sánchez, arquitecto, (entre el público): “Nos toca aguantar con la basura que nos queda. Si las instituciones revientan, que revienten en la basura de su inmovilismo. Nos iría mucho mejor sin esta panda de burócratas: los colegios y las instituciones tienen que reciclarse o desaparecer”. “Lo que está pasando es que existen unas estructuras que a mí no me dan respuestas. ¿Para qué pagamos el visado? No lo entiendo. ¿El que más paga es el mejor arquitecto? Tenemos que aprovechar para apretar”.

-Ricardo Sánchez Lampreave, arquitecto, (sobre el escenario): “La arquitectura se ha convertido en algo transversal. Una revista, o un programa de radio, pueden hacer arquitectura. Las posibilidades son muchas, y el compromiso uno: el de cada uno con su trabajo”.

-Edgar González, arquitecto y bloguero, (entre el público): “No hay nada que cambiar. La arquitectura ya cambió y perdimos. Hay quien se ha enterado y quien no. No hay más”.

-Félix Arranz, arquitecto y editor, (sobre el escenario): “Hoy es guay el no discurso. Pero tenemos que ser muy cautos. En esa línea, el magisterio de personas como Quetglas, que siempre que explican algo al final dicen que es mentira, es impagable”. “Nunca hubo más arquitectos. Y la arquitectura nunca ha estado tanto en los medios. Cuesta más llegar al trabajo. Es importante este momento de cambio para pensar dónde está hoy la arquitectura”.

-Marina Romero, arquitecta y editora, (entre el público): “Me preocupa que siempre que se habla de la dignidad del arquitecto sea en relación con la economía. Yo he trabajado sin cobrar y me considero afortunada por todo lo que aprendí”.

-Alguien del público citó a Lacatton y Vassal: “Nuestros edificios serán muy baratos, pero nuestros honorarios no lo serán”.

Cabemos todos (Xerardo Estévez)

Escrito por mpierres o 24 octubre 2010

El Pais - Galicia - XERARDO ESTÉVEZ 22/10/2010

Cada día la sociedad se vuelve más compleja por su abierta diversidad. La economía es cínica, va dando la razón a quien le interesa: Irlanda era un modelo mundial, el tigre, la pujanza inmobiliaria iba a resolver todos los problemas y la intervención bancaria era la salvación. Y ahora la especulación con la deuda somete a la política bajo un tacón inflexible. En este contexto, nuestro yo secreto se exhibe cada día más en la red; el yo privado, aunque es dúctil, tiende a mantener los vínculos familiares, y el yo público se resuelve en la calle.

Lo he escrito alguna vez. Los habitantes de las ciudades con mar suelen ser acríticos porque miran hacia un horizonte infinito; los de las que están divididas por un río son más suspicaces, se miran por el rabillo del ojo de una a otra orilla; los de las ciudades monumentales, confinados entre horizontes cercanos, suelen ser hipercríticos.

Sevilla es una ciudad espléndida. Desde Triana y la Maestranza hay dos visiones y se palpan dos sentimientos que se unen en un solo arrebato cuando la Macarena atraviesa el puente de Isabel II en la madrugá de viernes santo. Es, lo aseguro, algo irrepetible y hay que vivirlo al menos una vez en la vida. Allí, en un interesante curso sobre ciudad histórica y sostenibilidad dirigido por Román Fernández-Baca, director del Instituto Andaluz de Patrimonio, defendí la superación del concepto de lo histórico como algo cerrado intramuros y circunscrito a un determinado repertorio estilístico. A medida que la ciudad se desparrama en su contexto metropolitano sentimos la necesidad colectiva de mirar hacia los centros y pisarlos con entusiasmo como lugares encontradizos. En todas las ciudades españolas las flamantes alfombras del Plan E, quizá demasiado rígidas porque no hubo tiempo para estudiar la movilidad del futuro, están propiciando la integración y la rehabilitación de la arquitectura de las décadas pasadas.

Los muros de Sevilla, forzando un poco su tradición alfarera, están poblados de placas de cerámica. El Camino de Santiago se rastrea fácilmente a ambos lados del Guadalquivir. En la trianera calle Pureza una placa señala la casa donde vivió el compostelano Antonio Machado y Álvarez, Demófilo. Vaya a donde vaya, siempre hay hitos que me traen de vuelta a esta Compostela mundializada, transitada por gentes de todas partes. ¿Que el turismo banaliza la ciudad? Como se banaliza todo hoy en día. Es verdad, hay que buscar el equilibrio, pero son pocos quienes van a una ciudad con ojo científico o artístico; la mayoría deja pasar las imágenes, si acaso las fotografía y luego las asimila. Pero lo importante es que en las áreas peatonales nos sentimos y cuando nos rozamos pedimos excusas, mientras que al lado, en la calzada, los conductores se alporizan a la mínima.

La calle es pura proximidad y en ella cabemos todos. En el Obradoiro cabe la manifestación de la huelga general del 29 de septiembre, o la del 25 de julio, simultánea con la ofrenda al Apóstol, una tradición, es verdad, de difícil encaje en un estado laico, pero por el momento cada uno la acepta a su manera. El ayuntamiento recibe igual a Helmuth Kohl, a François Mitterrand o a Fidel Castro, a los reyes de España o a los de Noruega, y las calles jugaron siempre un papel de la fiesta aunque, según el color de la visita, suscitase reacciones diversas. En la plaza cupo el papa Wojtyla -recuerdo su mirada penetrante, presidiendo la ceremonia del monte do Gozo con expresiones de hombre de teatro- y cabrá el papa Ratzinger, más discreto, intelectualmente más sólido, al que le han tocado momentos muy complejos para la Iglesia católica. Caben también los excluidos, que en la calle socializan la pobreza y señalan con el dedo nuestro fatuo bienestar.

En mi concepto, la calle es relacional, interclasista, transversal. Multicultural y contracultural. Lugar de encuentro antes que de enfrentamiento. El papel de la política es inclinar la balanza del lado positivo. Por eso la calle debe ser gestionada con inteligencia las 24 horas del día, con muy pensada intervención de lo público tanto en concesiones y permisos como en la dimensión física, para que sea flexible a las distintas demandas.

Cuando recorro las rúas globales de Compostela me vienen a la memoria unos versos del poeta que, para mí, mejor ha escrito y sentido la ciudad, Salvador García-Bodaño:Compostela é unha rúa longa/na memoria/onde vagan os nomes e as horas/que cada quen recorda…

Esto a mí me gusta, pero no me da de comer

Escrito por mpierres o 6 octubre 2010

El Pais - Especial: Preparados - Anónimo -01.10.2010

Cuando hace diez años yo entraba a la universidad a estudiar arquitectura mi padre me dijo: “¿Pero estás segura de esto? Que es muy duro, y supone mucho esfuerzo para poder vivir de ello. Además, a mí me supone un gran esfuerzo económico…”. Yo, toda convencida le respondí: “Sí papá, es que a mí esto me gusta, lo del esfuerzo me da igual. Además, tú tienes que verlo como una inversión en el futuro. Dicen que cuando acabe va a haber mucho trabajo y podré hacerte una casa donde tú quieras”. En realidad no me equivocaba, la arquitectura a mi me encanta, pero no me imaginaba que iba a ser tan duro.

No he perdido el tiempo, acabé la carrera a curso por año, con un expediente ejemplar e inmaculado. Nada más acabar ya tenía varias ofertas de trabajo, me decanté por una y trabajé cómodamente un año al ladito de mi casa, ganando decentemente y sin meter muchas horas. Pero eso no me llenaba, por lo que decidí dejarlo para buscar una experiencia nueva, irme a otro país a experimentar otras cosas. La gente me decía: “¿Pero estás loca? ¿Dejas un trabajo sin tener otro? ¿Y ahora que vas a hacer?”. Yo respondía tranquilamente: ” Es que a mi esto no me llena, no quiero acomodarme. No sé que haré, pero ya saldrá algo interesante”. En aquel momento me lo podía permitir, antes de dejar mi trabajo ya tenía nuevas ofertas sin echar siquiera ningún currículum. Era el esplendor de la construcción.

Me fui a Londres a buscarme la vida. Tras varios varapalos encontré un trabajo en un estudio de renombre haciendo algo que me encantaba y en esa época era feliz. Entonces irrumpió la crisis con fuerza y se llevó consigo mi querido trabajo. No me rendí, me negué a que una situación generada en algún lugar de Estados Unidos me afectase a mí, a una española afincada en Inglaterra, a volver a mi casa con las orejas gachas y decirle a mi padre que , no sólo no podía devolverle la inversión, sino que tenía que seguir invirtiendo en mí. Luché, busqué trabajo en todas partes, borré mi experiencia en mi currículum, porque nadie quería un licenciado con honores capaz de construir grandes edificios para limpiarlos. No funcionó. Entonces opté por irme a algún sitio en el que me quisieran.

Tuve suerte, conseguí una beca para trabajar en otro estudio en Holanda. Allí fui feliz temporalmente trabajando en concursos internacionales con grandes arquitectos, hasta que la beca se acabó y tuve que sobrevivir con el “salario” de becario: menos de 600 euros que tenían que cundir para comer, pagar el alquiler y viajar a casa de vez en cuando. Me estaban explotando, metía muchas horas y asumía responsabilidades que no me pagaban bajo comentarios de “estamos muy contentos con tu trabajo, pero no podemos ofrecerte nada más”. “Vale gracias, pero eso no me da de comer”. Empecé a aceptar trabajillos de niñera para poder comprarme algo de ropa y echarme una cerveza vez en cuando.

Pero no tenía otra opción. En España todos mis amigos eran despedidos y nadie era capaz de llegar a fin de mes. Tras largas conversaciones con ellos me podía sentir afortunada, podía comer (me hice prácticamente vegetariana por no poder pagar la carne), podía pagar el alquiler (viviendo en una casa prácticamente debajo del edredón por falta de calefacción) y me podía trasladar (haciendo uso de mi bici hasta en las olas de frío con -15ºC). Además, trabajaba de lo mío haciendo lo que me gustaba. Pero empecé a cansarme. Me sentía desplazada por no hablar el idioma, como un inmigrante ilegal. Empecé a entrar en una depresión, y veía inútil todo esfuerzo. Finalmente, por motivos familiares decidí marcharme y entonces contrataron a dos de mis compañeros, chicos y holandeses. Me volví a sentir desplazada. ¿De que servía tanto esfuerzo y tantos malos ratos? Si en mi país no había posibilidades y en los demás tampoco, ¿dónde iba a ir? ¿qué podía hacer? Esta vez sí que tuve que volver a casa y decirle tristemente a mi padre que tal vez él tenía razón y que nunca podría hacerle esa deseada casa en la playa.

Ahora no vivo, sobrevivo. Con mi padre a punto de jubilarse y mi hermano en casa por la misma razón que yo, un precario sueldo de autónomo tiene que darnos de comer a todos. He intentado colaborar trabajando como arquitecta, pero mis años de experiencia internacional, los títulos de inglés y demás idiomas no me han llevado más que a engaños para ayudar en concursos bajo falsas promesas de “si ganamos te contrato” o “tras la entrega te doy trabajo para un mes”. Después, el trabajo mágicamente mengua y el mes se reduce a una semana a media jornada con un “gracias, no se que hubiésemos hecho sin tu ayuda, si ganamos te llamamos”. Incluso te ofrecen pagarte seis euros la hora (siempre como autónomo) pensando que te hacen un favor, para luego darte 30 euros más de lo que te corresponde con una palmadita en la espalda como diciendo: “Anda, toma la paga y échate una cerveza”. “¿La paga? No la necesitaría si cobrase acorde con mi formación…”.

He desechado toda idea de estudiar, principalmente por financiación y porque ahora todo el mundo tiene un máster y no sirve para nada. Sobrevivo dando clases particulares a niños y gano más por hora que como arquitecto. Hasta limpiando casas, trabajo tan respetable como otro cualquiera para el que no tengo que estudiar seis años y gastar todos los ahorros familiares gano más. Y cuando los niños me preguntan sobre mi profesión les digo: “Esto a mi me gusta, pero no me da de comer”.

Asesinando al arquitecto

Escrito por mpierres o 31 agosto 2010

La Voz de Galicia -Carlos José Palacios Suárez 30/8/2010

El arquitecto les preguntó sobre su situación. Cuántos hombres, cuántas mujeres formaban el grupo civil. Cuánto estimaban que podía crecer el grupo, si tenían pensado tener o adoptar hijos, cuándo, cuántos y hasta qué edad los retendrían. A partir de los 6 años era obligado el ingreso de los niños en los Institutos Estatales, hasta su primera mayoría de edad. También podían dejarlos a cargo del Estado a partir de los 3 años. Pagando, por supuesto.

Las preguntas del técnico se sucedieron en una sesión casi interminable sobre cuestiones profesionales, sociales, estéticas y de carácter incluso privado. Normalmente todo este proceso de proporcionar datos al técnico se podía hacer por la hipernet. Pero en el Estudio de Arquitectura A4+PLUS tenían como política ofrecer un trato muy personal al cliente. Para el minucioso estudio psicológico de los clientes era recomendable la personación de los mismos, pues igualmente importante era la medición de las reacciones emocionales que provocaban las preguntas y que acompañaban a las respuestas dadas. Al terminar, a los visitantes les salía humo de la cabeza.

La secretaria los esperaba a la salida del despacho principal.

-Ahora comprobaremos la licencia. En unos minutos les mostraremos el proyecto y el presupuesto, para su aprobación. Si aceptan el presupuesto, calculamos que en un par de semanas estará terminada la obra. Debido a nuestra política de calidad -trató de explicar la secretaria-, empleamos supervisión humana. Creemos que mejora ciertos matices técnicos a la hora de ejecutar la obra. Ello conlleva trámites y cierta burocracia. Y retrasa el asunto. Otros estudios trabajan solo con máquinas y autómatas. Terminan antes, pero no alcanzan la calidad, llamémosla… «humana», que nosotros ofrecemos. Les aseguro que el resultado será notable y compensará la espera. No obstante -esbozó una sonrisa-, somos uno de los estudios más prestigiosos de la Federación.

El proyecto fue sorprendentemente satisfactorio para los integrantes del grupo. Aunque no demasiado económico.

-Pues yo creo que todo lo que sea meter mano de obra humana es un retraso- comentaba uno de ellos al salir del estudio.

-Como hace 100 años, que se hacía toda la obra con personal exclusivamente humano. Cavernícola, vamos. Y seguro que sube el coste de la obra. Y con los proyectos, otro tanto de lo mismo. Si hasta los arquitectos eran humanos.

-Qué me estás contando.

-Pfff. Imagínate.

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