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Publicado por admin o 7 Xuño 2011

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Artigos etiquetados ‘obituario’

Oscar Niemeyer, mi querido gran amigo

Escrito por mpierres o 6 Decembro 2012

Fonte: http://www.plataformaarquitectura.cl

Por Giuliano Pastorelli

Seguimos volviendo atrás en el tiempo y buscando en el baúl de la arquitectura situaciones y recuerdos que nos despierten la imagen de Oscar Niemeyer, quien hoy tras 104 años de vida nos ha dejado.

Vinicius de Moraes, uno de los padres de la Bossa Nova fue un gran amigo de Oscar Niemeyer. Se conocieron en las ruedas  literarias del Café Vermelhinho, en Rio de Janeiro ‘en los años 40. Incluso trabajaron juntos para la obra de teatro “Orfeu da Conceição” en 1956, para lo cual Niemeyer diseñó los escenarios. Su adaptación al cine en 1959, se llamo “Orfeo Negro” de Marcel Camus, recibió  el Oscar a la mejor película extranjera, además de la Palma de Oro y el Golden Globe. Por los años 60 probablemente Vinicius escribió un breve texto sobre y para  su amigo Oscar.

“Pocas declaraciones he leído más emocionantes que el articulo-reportaje de Oscar Niemeyer en Brasilia en su experiencia. Para aquellos que sólo conocen el arquitecto, el artículo puede pasar una defensa por sí mismo -. La reacción de un padre normal que deja su dulzura habitual para defender a un niño que quieren molestar. Pero para aquellos que conocen el hombre, el artículo asume proporciones dramáticas. Para Oscar no es sólo el opuesto del defensor de causas, como uno de los seres menos se auto promociono que he conocido en mi vida.

Su modestia no es, como de común, una forma de vanidad infame. No tiene nada que ver con el conocimiento realista – que Oscar tiene su valor profesional y sus posibilidades. Es la modestia de los creadores verdaderamente integrados con la vida, de los que saben que no hay tiempo que perder, es necesario construir la belleza y la felicidad en el mundo, por esta razón que en el individuo es todo tan frágil y precario. Este sentimiento de lo frágil y precario de las cosas, que tocan en Oscar en las notas más altas de la partitura, como que sirve para resaltar aún más la dignidad de hombre  y  de artista, porque nunca hay en él la sensación de estar sirviendo uno mismo, o incluso a los suyos, sino a los hombres en general, en un futuro que él espera sea mejor.

Oscar no cree en el Padre del Cielo, ni que va a construir algún día basílicas angelicales en los verdes pastos del Paraíso. El prefiere como un hombre de verdad, la felicidad de sus semejantes en el uso de los pastos verdes de la Tierra, en el ejemplo de trabajo por el bien común y la creación de condiciones urbanas y rurales, con el fin de  estimular y desarrollar este noble fin: hacer al hombre feliz en el corto plazo que se le dio para vivir.

o también creo en eso, y cuando veo lo que creo reflejado en un testimonio como el de Oscar Niemeyer, querido viejo amigo, como no  emocionarse? Es bueno verse entre amigos, uno cuyos puntos de vista coinciden con los nuestros; uno a quien los años, en lugar de esclerosar o encerrarse políticamente, al revés, rejuvenecen, renuevan, revitalizan; un cuya visión práctica del mundo y de los hombres no se desprecia nunca la dimensión de la poesía. Porque la verdad es que la mayoría, cuando habla de política, casi sólo abre la boca para decir tonterías, y se defiende cada vez más de los arduos problemas de la responsabilidad humana con la armadura del reaccionarismo más egoísta. Y lo peor es que ni por eso podemos dejar de gustarle de ellos …

Dijo el gran Ésquilo que “todo lo que existe es justo e injusto, y en ambos casos justificables por igual”. Dialécticamente, perfecto, si se analiza la frase desde la perspectiva de la historia, la lucha extraordinaria del hombre para llegar a donde ha llegado. Pero, humanamente, vamos más despacio… Hitler, que es históricamente justificable, no obstante, no deja de ser un monstruo horrible. Fulgencio Batista, que es históricamente un Judas en las manos de los sacerdotes supremos de los filisteos del azúcar, tampoco por eso deja de ser un traidor infame a su país y uno de los réprobos más asquerosos dentro de la comunidad latinoamericana.

Así que, mi querido Oscar, no des importancia a tus detractores. La mayoría de ellos son “los mismos de siempre”. Hay, como usted bien dijo, “los que no tienen una visión más realista de la vida, que los ubique dentro de la fragilidad de las cosas, haciéndolas más sencillas, humana y distante.” Y éstos, como usted muy bien hace, hay que “entender sin resentimiento”. Pero también hay, por desgracia, los viejos, los tramposos, los matones y los policías. Con estos, usted necesita tener más cuidado. Porque ellos están ahí, y los partidos de la ignorancia.”

O arquitecto Carlos X. Berride

Escrito por mpierres o 1 Marzo 2011

Fonte: Xornal.com - Antón Patiño

MARCHOU UN DOS BOS e xenerosos. Somos moitos os que podemos dar testemuña da xenerosidade humana e compromiso social de Carlos X. Berride, o arquitecto falecido hai uns días na cidade de Vilagarcía de Arousa. Onde naceu e desenvolveu a meirande parte da súa vida e actividade profesional.

Aínda recordo cando coñecín a Carlos Berride, en Madrid no 1975. Algún universitario galego pendurara un cartel (na cafetaría de Belas Artes) convocando unha homenaxe a Castelao. Chamou a miña atención o deseño do cartel. Nun recanto un teléfono de contacto cun nome: Carlos X. Berride. Daquela era estudante na Facultade de Arquitectura na Complutense. Xurdeu unha amizade instantánea e decontado moitas aventuras compartidas. Fixemos xuntos unha chea de actividades vinculadas ao deseño gráfico a través de carteis e portadas de libros. Logo integramos o Colectivo da Imaxe (xunto a Jorge Agra e Menchu Lamas). O noso eido de investigación eran esculcas ao redor das claves dunha identidade visual na cultura galega. Persoalmente aprendín moito de Carlos Berride, nas longas sesións de traballo no Colegio Mayor Santa María de Europa onde el residía. O que me chamou sempre a atención foi o seu método (rigor e orde coa que desenvolvía as ideas). Tiña unha grande intuición conceptual, moi ben adestrada para se centrar nos temas con precisión. Dende a miña anarquía creativa atopei un vieiro de obxectividade e sosego produtivo na súa forma de traballar. Para min Carlos foi un mestre pola súa intelixencia analítica. O Colectivo da Imaxe tiña un ideario de comunicación visual perto do Laboratorio de Formas. Fixemos durante anos un traballo intenso, a acción máis rechamante foi a exposición que organizamos en Vigo na Praza da Princesa (1977). Unha proposta interdisciplinar e rupturista, con achegas experimentais de tipo conceptual cunha boa mestura de medios e soportes. Madeiras recortadas con obras de Menchu Lamas. Fotos de Agra e Berride. Sobre un retrato do guerrilleiro O´Foucellas incorporei grafismos e cores. Armárase unha boa. Aquela obra provocou un intento de censura por parte dos coordinadores e nós mantivemos firmeza en defensa da liberdade de expresión. Conquerimos que o O´Foucellas estivera presente todo o tempo da mostra.

Agra+Berride foi a sinatura compartida coa que presentaron moitas propostas lendarias, con fotos manipuladas con tramas cromáticas e imaxes solarizadas. Anos intensos e hiperactivos, con exposicións arreo. O seu traballo acadou notoriedade ata fóra de Galicia, espertou o interese de creadores como Alberto Corazón. Desenvolven un programa de axitación cultural, que me obrigou a viaxar a Vilagarcía para facer un mural na rúa e outro en Baión. Para min sempre foi un pracer enorme colaborar naqueles traballos de dinamización cultural, coa posibilidade de ver a reacción da xente nunha interacción inmediata.

Todo o traballo de Berride foi na procura desa dimensión popular por iso non me estrañou que dera o paso de se incorporar a política activa en Vilagarcía (1991-1999) na alcaldía de Javier Gago. Xornal de Galicia recolleu información do día de loito decretado polo Concello coa bandeira a media asta. Non era Carlos X. Berride dos que gostaban de xestos solemnes mais cómpre agradecer as manifestacións de solidariedade e apoio afectivo cara expresar a súa vida e obra, o seu carácter afable e cordial, a súa xenerosidade humana inesquencíbel. “Aquel mundo de home”: díxome o escultor Leiro. Adeus amigo Berride, talla XL da mellor humanidade.

In Memorian Carlos Berride

Escrito por mpierres o 18 Febreiro 2011

¡Venga Carlos! ¡Vámonos! “Hay tiempo. Pídeme un café”. Y se iba a llamar por teléfono y mientras llamaba hacía una primitiva. Venía a la mesa y, sin sentarse, volvía a la barra a por La Voz. Revolvía el periódico buscando no se sabe cuál arcano y encendía un cigarro. Luego se levantaba, compraba un paquete de Winston y ya parecía que nos íbamos, pero aún necesitaba unos chicles. En el Golf ponía el casete y empezaba a cantar: … capitán pirata de pata de palo… La música así así, pero las letras de Sabina se las sabía. Por el camino paraba un momento y, sin bajar del coche hacía una foto de un edificio y seguíamos a velocidad media, sin pasarse. Carlos no sabía estarse quieto, siempre tenía que hacer dos cosas por lo menos.

“Hay que llevar a las chicas a cenar al Paspayás, pero otro finde porque este toca baloncesto y hay que madrugar. Me llevo a los hijos y a dos chavales más”. Cuando hablaba de su familia, de sus cosas, siempre rezumaba amor y respeto y admiración por Luz, aunque se tratara de unas vacaciones, de un piso al que pensaban cambiarse, de hacienda o del IVA. Si se refería a sus dos hijos, el orgullo se le asomaba a la mirada. Le salieron cuspidiños.

Teníamos la reunión, visitábamos la obra y nos íbamos a comer carne al caldeiro o cualquier otra cosa que se terciase. En el comedor siempre encontraba alguien a quien saludar y, con suerte sólo una mesa. Charlábamos de Menchu Lamas, Antón Patiño… La pintura gallega era su pasión. Y la política, y el… Era un buen punto para compartir manteles porque sabía comer de todo y entendía de vinos y lo mismo daba tirar de rey o ir por lo modesto. “Doce sabores distintos en una cachola”. Si íbamos de copas por Villagarcía llegabas a dudar que estuviera contigo porque era un constante pararse con unos y otros repartiendo afectos, sonrisas y palmadas. No sabía saludar a distancia y vale, necesitaba el contacto personal por breve que fuera con todos y cada uno.

En el partido era importante, buen negociador y conciliador; en el concello un gran apoyo para el alcalde; en la directiva del colegio socarrón… cuando se enfadaba, esbozaba una sonrisa y se iba el enfado y oías su risa, tan característica.

Anduvo en muchas salsas aportando sustancia y sabor. Vg. ofició algún que otro matrimonio civil al que iba con una botella de Vegasicilia para brindar con los novios.

Recuerdo una tarde que le dio un ataque de ansiedad y se empeñó en que le llevase a urgencias y me pasó sus cigarrillos jurándose que lo dejaba. Cuando tras el cambio de turno salimos, lo primero que hizo fue llamar por teléfono a Luz para que supiera que no había sido nada… y me pidió su tabaco.

Disfrutamos de ocasiones memorables, de eso que llaman buen rollo, alegría y fiesta y no es sino vivir la amistad. En Portugal, si la ocasión era de comer en sitio de importancia, remataba la comida pidiendo sendas copas de Berride Ferreira (el Berride lo pronunciaba embarullado). La magia le funcionaba y nos traían un oporto vintage.

Le recordamos en las fiestas de La Patrona, en las juntas, en los viajes… Muchos conocimos su generosidad y disposición para echar manos.

¿Y qué más? Carlos se dedicó a amasar un gran capital de gentes que lo querían, de gentes que, una a una, tiene su propio dolor por su muerte que, mientras le recordemos, “de alguna manera” seguirá con nosotros.

De niño oí comentar que cuando no había nada que decir de alguien, se recurría a que era una buena persona. Los años me han enseñado que eso es lo mejor y lo único importante.

Carlos fue un hombre bueno.

Antonio Labrador

Falece o arquitecto e compañeiro Carlos Berride

Escrito por mpierres o 15 Febreiro 2011

carlos-berride2El pasado 21 de Enero falleció en Vilagarcia, nuestro compañero arquitecto Carlos Berride.

Hace poco más de un año de su colaboración con la Directiva y Comisión de Cultura de esta Delegación en la organización del Día Mundial de la Arquitectura 2009 en Vilagarcia, haciendo gala de su buen talante y disposición.

Esta Delegación del COAG en Pontevedra, habiendo hecho llegar sus condolencias a la familia en su día, quiere desde este medio hacer llegar ahora, a todos los colegiados, esta triste noticia. Así mismo, y en señal de cariño y respeto hacia su persona os acompañamos a continuación una breve reseña de su trayectoria tanto personal como profesional.

Carlos Berride fue concejal de Urbanismo y Medio Ambiente en los primeros dos períodos de gobierno de Javier Gago López, dejando un importante legado en este Concello. Una de sus principales apuestas fue la revisión del Plan Xeral de Ordenación Municipal, PXOM, que se llevó a cabo con un gran consenso, tanto a nivel político como de participación ciudadana, lo que provocó un gran impulso en el proyecto de modernización de la ciudad. En esta misión hizo gala de su talante negociador y de sus cualificaciones profesionales como sociólogo y arquitecto.

En su faceta de profesional de la arquitectura también deja una importante huella en Vilagarcía no sólo en el diseño de edificios particulares sino también de obras públicas para disfrute de todos los ciudadanos.
Entre sus últimos diseños municipales destacan tres actuaciones recientes. Una de ellas es la rehabilitación de la Casa de Doctor Carús y el parque en Trabanca Badiña, que será destinada a sede de la memoria histórica de Vilagarcía y que fue inaugurado el pasado año.
Aún en ejecución está también el diseño del proyecto de peatonalización de la calle Castelao y otras cinco de su entorno, así como la rehabilitación del edificio del Balneario.

Juan Luis Dalda, un urbanista comprometido

Escrito por mpierres o 15 Febreiro 2011

juan-luis-dalda1El Pais - Xerardo Estévez - 12.2.2011

Aunque escribo desde el dolor y la perplejidad ante una muerte que parece increíble, no me resulta penoso porque Juan Luis Dalda, el profesional y el amigo, ha sido una referencia asidua siempre que se habla de planeamiento hasta su fallecimiento el pasado martes a los 65 años.

Juan Luis Dalda es una figura relevante en el urbanismo español. Formado en las Escuelas de Arquitectura de Madrid y Berlín, desde el grupo estudiantil del entorno de Tierno llega al PCE y, al dejar la militancia, traslada su compromiso político al trabajo sobre la ciudad y el territorio y la mejora de las condiciones de vida de la población.

Su trayectoria intelectual le confería una visión holística de las cosas, capaz de incorporar lo que acontecía en el mundo junto a los nuevos lenguajes de la disciplina. Pensaba permanentemente, y necesitaba de la comunicación con el otro para pulir su discurso teórico y profesional. Hablaba con claridad y contundencia a políticos y técnicos sobre el trabajo urbanístico, exigiéndoles un compromiso, porque sabía que nada sucede por casualidad. Se necesita imaginación, tenacidad y preparación para desarrollar un proceso intelectivo que de la casa pasa a la calle, al barrio, a la ciudad, a la metrópoli, a la región, y retorna otra vez al principio.

En Galicia, el buen urbanismo va siempre asociado a la firma Oficina de Planeamiento, la consultora que Juan Luis Dalda y Ánxel Viña mantienen en A Coruña desde su fundación con Carlos de la Guardia y José Ramón Fernández Antonio en 1978. Planes generales y especiales de ciudades, villas y centros históricos, que han ayudado a ordenar bien el país contraponiendo la racionalidad al desorden que invade ciertos lugares de la costa o al abandono en el que languidecen algunos conjuntos monumentales.

Creo que su predilección ha sido Santiago de Compostela, porque en esta ciudad se desarrolló plenamente su apuesta rigurosa por la búsqueda del equilibrio entre conservar y transformar, entre tradición e innovación. Compostela era como la bella durmiente, suspendida en el tiempo por una historia densa y un rico patrimonio adorado sin reflexión. Estrangulada en sus bordes, con la llegada de la democracia despierta y opta por el planeamiento. Cuántas horas de reunión y de intenso debate para revisar el plan general de ordenación y redactar el plan especial del centro histórico, en el que realizamos la delicada hazaña de introducir la arquitectura contemporánea reuniendo a grandes profesionales europeos para contribuir a un proyecto comedido de ciudad. Alcanza así la culminación de su trayectoria, con el premio europeo de urbanismo que en 1998 conceden al plan la Comisión Europea y el Consejo Europeo de Urbanistas.

En un ejercicio complejo de equilibrio intelectual, desde 1995 hace compatible ese itinerario con su cargo de titular de Urbanística y Ordenación del Territorio en la Escuela de Arquitectura de A Coruña, donde llega a ser, sin duda, uno de los docentes más apreciados. La relación entre el profesor y los alumnos es de tú a tú, dialogante y exigente al mismo tiempo, en una visión de la dimensión total del aprendizaje.

En la figura de Juan Luis Dalda se reivindica el concepto de urbanista, un término que hoy, tras un largo período de agitación inmobiliaria y descrédito del planeamiento, debemos recuperar porque, sin plan, el presente es un cúmulo de intereses en disputa y al futuro se lo engaña con la tentación de lo inmediato.

En última instancia, los planes urbanísticos y los proyectos arquitectónicos no son solo dibujos que transforman el espacio abstracto en esos lugares concretos en los que vivimos, gozamos o sufrimos. Son también palabras, ideas que, frente a la desmoralización y la confusión, buscan la convivencia y la cultura.

Echaremos de menos su inteligencia crítica, su irónica elegancia y su cultura humanística, pero al recorrer los territorios donde Oficina de Planeamiento ha intervenido resurgiremos de la tristeza al comprobar que vale la pena esforzarse en el buen hacer urbanístico.

Xerardo Estévez es arquitecto y exalcalde de Santiago de Compostela

Falece aos 65 anos o prestixioso urbanista coruñés Juan Luis Dalda

Escrito por mpierres o 9 Febreiro 2011

juan-luis-daldaLa Voz de Galicia - A. Lorenzo - 09.02.2011

En la madrugada de ayer fallecía el doctor-arquitecto y urbanista Juan Luis Dalda Escudero (A Coruña, 1945), responsable de los proyectos de ordenación urbanística de los ayuntamientos de Madrid, Ferrol, Oleiros, Lugo, Sada y Santiago, entre otros. Su interés por el urbanismo, su gran vocación docente y su compromiso cívico marcaron la trayectoria de este profesional, que recibió numerosos reconocimientos, el más importante de los cuales fue el primer Premio Europeo de Urbanismo, en la categoría de urbanismo local, que le fue concedido en 1998 por su plan especial de protección y rehabilitación del casco histórico compostelano.

«Era un arquitecto algo especial, en el sentido de que se dedicó de forma exclusiva al urbanismo, y de forma mayoritaria lo hizo en Galicia», recordaba ayer Ánxel Viña, que fundó con Juan Luis Dalda el estudio Oficina de Planeamiento S.?A. en el año 1977. Su socio también destaca que, de todos los proyectos que desarrollaron, del que estaba más orgulloso el urbanista fue de la elaboración PGOM del Santiago del año 1990, «porque tuvo un nivel de ejecución poco común, ya que se aplicó en un alto grado, y fue el germen de la gran transformación de la ciudad de Santiago».

Su trabajo como profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña fue otra de sus pasiones, «porque tenía una gran vocación docente. Era una persona con un gran nivel de dedicación que dejaba huella en sus alumnos», afirmó Viña.

También desde el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia quisieron recordar ayer a Dalda, «pola súa valía humana, a súa integridade e o entusiasmo co que vivía a súa profesión». Hoy, a las 13.30 horas, está previsto que sea incinerado en el tanatorio de Servisa.

Adeus a Melvin Villarroel, o xenial arquitecto

Escrito por mpierres o 10 Outubro 2010

arquitecto_melvin_villarroelEl Pais- ANA MARÍA MATA 10/10/2010

Hay ocasiones en las que escribir un artículo puede resultar tremendamente doloroso, tanto que lo mejor hubiese sido no tener que hacerlo nunca. Pero junto al dolor nace una necesidad de desahogo, unida a otra que es la de expandir el recuerdo de la persona que nos duele profundamente, más allá de la pequeña víscera que es nuestro corazón.

Esa es mi intención prioritaria apenas unas horas después de conocer por su familia el fallecimiento en Houston, el pasado 4 de octubre, de Melvin Villarroel. Y dedicarle estas líneas apresuradas de homenaje a quien, además de arquitecto genial, de artista de la naturaleza y el paisaje, de gran humanista, melómano y creador entusiasta, era parte de mi vida familiar como padrino que fue, recién llegado, de mi último hijo.

Se ha ido un hombre a quien por su propia genialidad era y es muy difícil definir. Un lápiz, un papel, una voz y una música. La arquitectura, el piano, la inteligente dialéctica y su pausadísima voz con restos andinos, han de ser como cuatro bellas columnas que mantendrán inalterable en mi recuerdo la figura de Melvin. Más para todo aquel que no haya tenido la fortuna de conocerle tan de cerca, quiero hacerle llegar la fertilidad de una vida dedicada a dos pasiones unidas en perfecta simbiosis como eran para él el diseño arquitectónico y el arte.

El que ha sido el arquitecto más premiado de la Costa del Sol, había nacido en La Paz, capital de Bolivia, en 1931, y licenciado en Arquitectura, Física y Matemáticas por la Universidad de Santiago de Chile. Llegado a Marbella en 1973, traía ya un equipaje de prestigio cuando realizó la que sería una de sus primeras obras, el hotel Puente Romano. Lo que habría de ser la esencia de su trabajo estaba ya en esta obra, que dio a conocer por toda la costa su especialísimo perfil arquitectónico. Una “trinidad” bellísima que formaban la arquitectura, la naturaleza y el hombre. Con estos parámetros como paradigma principal inicia Villarroel lo que el mismo definiría como “arquitectura del vacío”, técnica y arte a la que dedicó, además de sus obras, interesantes ensayos para explicarla como teoría. Profana en la materia, recuerdo a la perfección sus intentos de hacerme ver en qué consistía realmente lo que en principio me resultaba un extraño galimatías. Melvin deseaba que su arquitectura fuese el resultado de la relación estrechísima entre los volúmenes construidos y el vacío que entre ellos debía existir siempre. Como una necesidad imperiosa de que el cemento no ahogase a la naturaleza que le rodeaba, naturaleza que en forma vegetal predomina en sus obras formando parte de las mismas, virtuosísimo paisajista de jardines en los cuales cada flor y cada árbol parecen tener su protagonismo personal.

Grandes proyectos rubrican lo anterior, realizaciones que aumentaban, cada una de ellas, su prestigio como arquitecto diferenciado: en la Costa del Sol, algunas como Marina del Puente, Alcazaba Beach, La Alzambra, Mansion Club, la remodelación del Marbella Club, Marina del Este en la costa granadina, y en Tenerife El Jardín Tropical y últimamente El Gran Hotel Abama… un largo etcétera al que hay que unir su premiado proyecto de urbanización Fair Lakes en Shanghai, que le abrió las puertas del continente asiático.

No quería, no quiso nunca retirarse de lo que jamás consideró solo como trabajo, sino como pasión, divertimento, hobby, y hasta -me atrevo a definir- como una forma particular de entender la vida. La Belleza (con mayúsculas) objetivo total de su existencia terrena. Vivía para ella, sin que ello fuese obstáculo para obtener por su mediación beneficios materiales con los que seguir apresándola. A través de la música, del cine, de los libros, todo aquello que añadía a su lápiz una espiritualidad a caballo entre panteísmo y placer.

Siempre trabajaba con música. Tal vez en su interior cada uno de sus dibujos llevase un doble nominativo: Mozart, Schubert, Paganini, Mahler o Beethoven. Melodías que tocaba como perfecto anfitrión cuando nos reuníamos en su casa. Interminables charlas en las que Schopenhauer se mezclaba con Falla o Albéniz, para terminar posiblemente en Le Corbusier o El Bauhaus.

Pensé tantas veces que hubiese sido el perfecto hombre del Renacimiento, que hoy en lo que es una dolorosa despedida, afirmo que lo fue y vivíamos engañados con su cronología.

Adiós, Melvin, admirado arquitecto y compadre. Sé que nunca te irás del todo porque demasiada belleza lleva escrita tu nombre.

Ana María Mata es historiadora y novelista.

José Antonio Corrales, o arquitecto da ética

Escrito por mpierres o 4 Agosto 2010

El Pais - Rafael Moneo - 30.07.2010

Con la muerte de José Antonio Corrales el 25 de julio desaparece una de las figuras claves para entender lo que fue la arquitectura española en la segunda mitad del siglo XX. Nacido en Madrid en 1921, estudió arquitectura en la escuela técnica superior de la capital (ETSAM), titulándose en 1948. Tras unos años de aprendizaje en el estudio de su tío, el arquitecto Luis Gutiérrez Soto -años que le permitieron un conocimiento de la práctica profesional del que hizo gala a lo largo de su dilatada carrera-, se asoció a mediados de los años cincuenta con Ramón Vázquez Molezún, pasando a formar parte del grupo de inquietos arquitectos madrileños dispuestos a recuperar el terreno perdido tras la guerra.

El rescate de la modernidad se convirtió en la meta de un bien nutrido grupo de arquitectos, entre los que se encontraban, por citar algunos nombres, De la Sota, Sáenz de Oíza, Carvajal y García de Paredes. Dicho grupo se distanciaba generacional e ideológicamente de Fisac, Cabrero, Aburto y Cano Lasso, activos ya como arquitectos en los años cuarenta.

Pronto, en 1958, una obra singularísima, el Pabellón de España en Bruselas, permitió apreciar a todo el mundo la capacidad de Corrales y Molezún como arquitectos. El Pabellón de Bruselas era toda una bocanada de aire fresco en un todavía enrarecido ambiente arquitectónico. Era un edificio ajeno a toda la retórica que había dominado la escena arquitectónica de los años anteriores. Era flexible, ligero, capaz de reconocer la topografía y adaptarse a cualquier perímetro. Incorporaba la industria, haciendo uso de la geometría, y era susceptible de ser recuperado, como de hecho ocurrió más tarde. Era sensible a los materiales y daba lugar a todo un espacio complejo que algunos críticos asociaron con el espacio fragmentado e infinito que hemos aprendido a ver en la Mezquita de Córdoba. Bruselas consolidó su maestría.

Entre las obras de aquellos años cabría mencionar las Escuelas de Herrera de Pisuerga (1954); la Residencia de Miraflores de la Sierra (1957), en colaboración con Alejandro de la Sota; las Casas de Almendrales (1959); el edificio del Reader’s Digest en Madrid (1962); la Casa Cela en Palma de Mallorca (1962); las Casas de Elviña en A Coruña (1964); el Parador de Turismo de Sotogrande (1964); la Casa Huarte de Madrid (1965); el edificio Balbina Valverde (1966); los hoteles de Maspalomas (1965) y La Manga (1969); etcétera.

En todas ellas se manifestaba un absoluto dominio del lenguaje y de la construcción que les permitía abordar los más diversos temas en clave moderna. Convendría también no olvidar sus proyectos para concursos -en muchos momentos brillantísimos- sin que quepa en una nota como esta mencionarlos. Y otro tanto ocurre con los muchos edificios privados e institucionales que, bien solo o bien en compañía de Molezún, proyectó a lo largo de su carrera.

Pero sería equivocado pensar que el rescate de la modernidad que aquellos arquitectos buscaban estaba dictado tan solo por un afán estético. Había, y en el caso de José Antonio Corrales de un modo muy especial y muy propio, un compromiso ético. La modernidad no era solamente una cuestión lingüística, era el compromiso con toda una forma de vida. Para él, la estética de la modernidad implicaba toda una ética. Para él, la arquitectura moderna era la expresión de un modo de vida más justo, más acorde con sus convicciones, con su modo de entender la vida en sociedad.

Fue un convencido de estos principios toda su vida y ello se refleja en su dilatada obra. Su valiosa contribución a la arquitectura de vivienda, sea colectiva o individual, bien lo prueba.

Si tuviéramos que destacar dos obras en esta apresurada nota, acudiría, por un lado, a la compleja arquitectura urbana de Elviña en A Coruña y, por otro, a la casa que para los suyos construyó en los alrededores de Madrid en 1997. Obras sin concesiones, radicales, en las que el uso de un material -como los tableros de madera aglomerada en su casa- o la estructura de corredores y comunicaciones verticales en Elviña, nos ofrecen inesperadas experiencias vitales. Eran aquellas sorpresas, hijas de una lógica constructiva recién descubierta, las que perseguía. Así también en sus propuestas como diseñador, que le llevaban a proyectar una mesa o una silla con el mismo entusiasmo que un edificio institucional.

Mantuvo esta fe en la modernidad a lo largo de toda su vida. Incansable en el trabajo -que hacía con gusto, pues sentía por su oficio, por la arquitectura, auténtica pasión-, estuvo activo hasta el final de sus días, tomando parte en numerosísimos concursos sin que decayera su entusiasmo por la arquitectura. El examen de sus últimos proyectos daría fe de cuánto mantuvo sus principios sin condescender con las tendencias y las modas. Dedicó los últimos meses de su vida a poner en orden su archivo, lo que, con seguridad, le permitió ver en perspectiva lo que había sido su obra, a la que se había entregado con una pasión solo comparable por la que sentía por el cine y la poesía.

Cuando hace unos meses se publicó un libro con ocasión de la concesión del Premio Nacional de Arquitectura 2001 que recogía su obra, José Antonio Corrales recordaba en el prólogo cuánto le impresionaba la frase de Le Corbusier que dice: “La clave está en mirar, observar, ver, imaginar, inventar, crear”. José Antonio Corrales ha vivido fiel al contenido de esta sentencia en compañía de su mujer, Isabel Lantero, y de sus seis hijos, que han tenido la fortuna de compartir con él su forma de vida.

Rafael Moneo es arquitecto.

Recordo de area para Enric Miralles

Escrito por mpierres o 5 Xullo 2010

aniversario-muerte-mirallesEl Pais - MERCÈ PÉREZ - Barcelona - 04/07/2010

Un pic-nic amenizado con música en directo y la realización en vivo de una obra por el artista Jorge Rodríguez-Gerada. Estas fueron las actividades principales que se llevaron a cabo ayer en el parque de Diagonal Mar para conmemorar el décimo aniversario de la muerte del arquitecto barcelonés Enric Miralles, artífice, entre otros, de este mismo parque, el Parlamento escocés, el mercado de Santa Caterina y el edificio de Gas Natural. El acto, que se prolongó durante toda la jornada, fue organizado por Benedetta Tagliabue, mujer y compañera de estudio de arquitectura durante los últimos años de vida de Miralles. “Una vez fuimos al entierro de un amigo”, explica Tagliabue, “y Enric me comentó que la ceremonia había sido muy triste. Me dijo que tendría haber sido como en los funerales palestinos, que llevan la cara de sus muertos en pancartas y fotos enormes. Por eso, al planificar este homenaje, quería que estuviese presente su rostro, y pensé en Jorge Rodríguez-Gerada, ya que su trabajo tiene mucho que ver con ello”. El artista realizó desde primera hora de la mañana una obra formada por un gran laberinto de setos, cuyo recorrido emulaba las formas de las principales obras del legado de Miralles. El trabajo pudo seguirse en directo a través de internet. En su centro se esparció arena de dos colores con la que se dibujó el rostro del arquitecto y, al finalizar, se destruyó y se repartieron entre los asistentes botes de cristal con la arena con la que se había dibujado su cara. “Es un trabajo al estilo de los mandalas tibetanos”, explica Rodríguez-Gerada, “dibujos que realizas con cuidado para después deshacerlos. Me pareció muy poético hacer una obra efímera así”.

A la fiesta acudieron familiares, amigos y simples seguidores de Enric Miralles. “Fui a una conferencia que dio Miralles cuando yo aún estaba estudiando”, comenta Isabel Zaragoza, “le pedí si podía trabajar con él y aceptó. Colaboré, por ejemplo, en la realización de las maquetas para este parque, obra que tristemente no pudo ver finalizada”. “Fue mi profesor en 1978 y recuerdo que decía que hay que trabajar incansablemente, hasta en sueños”, explica Jesús Esquinas, otro de los asistentes al homenaje.

Desde la muerte de Miralles, que falleció a la temprana edad de 45 años, Benedetta Tagliabue está al frente del estudio de arquitectura que ambos dirigían, concluyendo sus proyectos y realizando obras tan ambiciosas como el pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghai.

Precisamente este espectacular proyecto protagoniza estos días una exposición en el Palau Robert de Barcelona. Xangai 2010. Benedetta Tagliabue. EMBT, abierta hasta 19 de septiembre, recorre el proceso de realización de la compleja estructura de formas sinuosas que ha sido construida mediante hierro y más de 8.000 paneles de mimbre de distintas texturas y colores, elaborados por trabajadores chinos en solo dos meses. “Un material”, explica Tagliabue, “de gran tradición en la cultura española y china, que hace que el edificio parezca un bosque que huele de manera diferente cada día y al que la naturaleza irá dotando de color conforme se desgaste el mimbre”. En la fachada del Palau Robert se ha instalado a modo de muestra una de estas piezas para que los visitantes puedan descubrir in situ cómo luce a tamaño real este pabellón que en Shanghai ya han visitado dos millones de personas. La arquitecta afirma que están en marcha las negociaciones para conseguir que el edificio no se destruya después del 30 de septiembre, fecha de clausura de la Expo.

Obituario: William Mitchell, pai do coche bipraza eléctrico

Escrito por mpierres o 23 Xuño 2010

El Pais - David Alandete - 23.06.2010

william_j_mitchellLos avances de las nuevas tecnologías, la ubicuidad de Internet sin cables, hará de las ciudades lugares totalmente diferentes de como son hoy en día, conectados en esferas interdependientes, en una gran red en constante evolución, unida por autopistas físicas e informativas. Esa idea podría ser profética hoy en día, pero lo cierto es que el arquitecto y teórico del urbanismo William J. Mitchell la planteó ya en 1999. Fallecido el 11 de junio en Boston a causa de un cáncer, a los 65 años, Mitchell era lo más parecido que existe a un visionario de la planificación urbanística.

Mitchell creía que la tecnología haría evolucionar a la sociedad de forma orgánica. “Las redes de telecomunicaciones digitales no crearán nuevos modelos urbanos desde cero; comenzarán metamorfoseando a los ya existentes”, escribió en su libro E-topia, de 1999. “De ese modo, como parásitos creciendo sobre sus anfitriones, han transformado el funcionamiento de otros sistemas sobre los que estaban albergados, redistribuyendo las actividades de esos propios sistemas, y eventualmente extendiéndolos en modos no previstos previamente”.

Esa es la teoría. En la práctica, como líder del grupo Ciudades Inteligentes del Media Lab del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), Mitchell diseñó propuestas arriesgadas, innovadoras, ecologistas. Por ejemplo, el CityCar, un coche biplaza, y el RoboScooter, una moto plegable, ambos eléctricos. Los dos estaban pensados para el uso común, para ser aparcados en lugares comunes, y estarían controlados desde una red informática.

Nacido en Australia en 1944, Mitchell se licenció en Arquitectura por la Universidad de Melbourne en 1967. Luego estudió diseño medioambiental en Yale y un máster, de nuevo en arquitectura, en Cambridge. Enseñó en la Universidad de California en Los Ángeles, en Harvard y, finalmente, en el MIT, donde fue decano de la Facultad de Arquitectura y director del programa de ciencias y artes de la comunicación en su laboratorio de medios.

Como tal, asesoró al presidente del MIT en la ampliación del campus de esa institución, acometida entre 2004 y 2010. Así expandió el campus con edificios arriesgados e inteligentes, como el Stata Center de Frank Gehry o el Simmons Hall de Steven Holl. En una entrevista de 2003, publicada en la página web del MIT, Mitchell explicada su idea de edificio perfectamente interconectado: “Construyes un entorno físico que sea muy flexible, muy adaptable a las necesidades humanas más básicas. Cosas muy simples, como la luz natural, paredes de cristal, ventanas que se puedan abrir y cerrar, lugares cómodos para sentarse, espacios de los que te puedas apropiar para reunir a un grupo y en los que puedas inyectar la tecnología para crear lugares muy centrados en el ser humano. Esa es nuestra filosofía”.

Su último libro lo publicó este mismo año. En Reinventando el automóvil, escrito junto con Christopher Borroni-Bird y Lawrence Burns, asegura que la industria del automóvil sigue anclada en el año 1908, cuando se diseñó el Ford modelo T: diseña coches de elevada potencia y gran capacidad para recorrer largas distancias. Ese principio hace que los automóviles sean altamente ineficientes para recorrer espacios urbanos.

En ese ámbito, como en otros, Mitchell era un visionario al que no le asustaba plantear ideas arriesgadas e incitar al debate, fuera de la ortodoxia imperante en el mundo académico.

Incorporamos un video de una conferencia impartida en Noviembre del 2003 en el MIT:

video conferencia william j. Mitchell

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