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Publicado por admin o 7 junio 2011

Presidente: D. Manuel Abelleira Argibay  presidente.pontevedra@colexiodearquitectos.org
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Artigos etiquetados ‘arquitectura española’

Hablan los próximos arquitectos

Escrito por mpierres o 25 octubre 2010

8 CASAS INSCRITAS Y TRES PATIOS en Satna Lucía de Tirajana, Gran Canaria. De Pedro Romera y Ángela Ruiz. El Pais - blog - Del tirador a la ciudad - Anatxu Zabalbeascoa - 25 de Octubre 2010

En la ETSAM, 24 arquitectos, de los más de 500 que presentaron sus proyectos al concurso Arquia Próxima convocado por la Fundación Caja de Arquitectos para elegir los mejores trabajos firmados por arquitectos titulados hace menos de diez años, hablaron el jueves pasado de sus obras y de sus preocupaciones. Lo que sigue son algunas de las ideas que se barajaron en el debate que siguió a las presentaciones:

-Carlos Quintans, arquitecto, editor y comisario de esta selección Arquia Próxima, (sobre el escenario): “Otros países ya habían descubierto la docencia de la arquitectura como un negocio. En España hoy hay más escuelas y más alumnos con resultados extremadamente desiguales”. “Los mejores ejemplos de arquitectura hoy se encuentran fuera del espectro legal. Son alegales. Los concursos los gana quien hace el proyecto más acorde con la crítica del momento”. “La bajada de honorarios con el único objetivo de conseguir la captura del cliente ha llegado hasta los límites de la dignidad”.

-Santiago Cirugeda, arquitecto, fundador de Recetas Urbanas, (sobre el escenario): “Las universidades de otros países contraen obligaciones con la sociedad. La nuestra no. ¿Cómo vamos a contagiar responsabilidad civil a los ciudadanos?”. “Estamos mendigando por más concursos, pero las bases no las estamos cambiando. Echo en falta una pelea de más nivel para cambiar las estructuras de las universidades y los concursos”.

-Francisco Cifuentes, arquitecto, (sobre el escenario): “Estamos con la mirada cerrada, sin conexión con la sociedad. No se trata de renunciar a construir, pero si queremos hablar de cambio salgamos a la calle”.

-Alberto Sánchez, arquitecto, (entre el público): “Nos toca aguantar con la basura que nos queda. Si las instituciones revientan, que revienten en la basura de su inmovilismo. Nos iría mucho mejor sin esta panda de burócratas: los colegios y las instituciones tienen que reciclarse o desaparecer”. “Lo que está pasando es que existen unas estructuras que a mí no me dan respuestas. ¿Para qué pagamos el visado? No lo entiendo. ¿El que más paga es el mejor arquitecto? Tenemos que aprovechar para apretar”.

-Ricardo Sánchez Lampreave, arquitecto, (sobre el escenario): “La arquitectura se ha convertido en algo transversal. Una revista, o un programa de radio, pueden hacer arquitectura. Las posibilidades son muchas, y el compromiso uno: el de cada uno con su trabajo”.

-Edgar González, arquitecto y bloguero, (entre el público): “No hay nada que cambiar. La arquitectura ya cambió y perdimos. Hay quien se ha enterado y quien no. No hay más”.

-Félix Arranz, arquitecto y editor, (sobre el escenario): “Hoy es guay el no discurso. Pero tenemos que ser muy cautos. En esa línea, el magisterio de personas como Quetglas, que siempre que explican algo al final dicen que es mentira, es impagable”. “Nunca hubo más arquitectos. Y la arquitectura nunca ha estado tanto en los medios. Cuesta más llegar al trabajo. Es importante este momento de cambio para pensar dónde está hoy la arquitectura”.

-Marina Romero, arquitecta y editora, (entre el público): “Me preocupa que siempre que se habla de la dignidad del arquitecto sea en relación con la economía. Yo he trabajado sin cobrar y me considero afortunada por todo lo que aprendí”.

-Alguien del público citó a Lacatton y Vassal: “Nuestros edificios serán muy baratos, pero nuestros honorarios no lo serán”.

Hay vida más allá de la supervivencia

Escrito por mpierres o 12 octubre 2010

vpo20pardinyesb010El Pais - ANATXU ZABALBEASCOA - Lleida-12-10.2010

La vida en Pardinyes, detrás de la estación leridana del AVE, junto al parque de La Mitjana -el más extenso de la ciudad- y no lejos del nuevo emblema urbano, el auditorio de la Llotja, hace tiempo que dejó de ser la de un suburbio para convertirse en un vecindario residencial en el que las nuevas viviendas de protección oficial aportan dignidad.

En ese marco, el estudio de arquitectura barcelonés Coll-Leclerc levantó unos pisos de alquiler que se han hecho con el premio a la mejor vivienda social levantada en Cataluña en los últimos dos años. Los residentes pagan 310 euros al mes por los pisos de 58 metros cuadrados de la calle de Vicenç Ximenis que Jaume Coll y Judith Leclerc -que ya recibieran el Premio Nacional de Vivienda y el Ciudad de Barcelona, por otros apartamentos de alquiler- diseñaron sin desperdiciar un centímetro. Por eso tienen las ventajas de los espacios abiertos, pero evitan la mayoría de sus sacrificios. ¿Cómo lo lograron?

Un único portal, con puerta de celosía metálica que podría ser la de un garaje, da paso a un patio central al que mira la fachada interna de los pisos. No hay peldaños. Hasta allí se puede llevar rodando una bicicleta. O una silla de ruedas. Dentro, el acceso a los apartamentos recuerda más la entrada a una vivienda adosada, con doble corredera y una galería-porche para tender la ropa, acomodar una hamaca o aparcar la bicicleta, que a la puerta de los pisos convencionales. Con ventilación cruzada y fachada a la calle y al jardín comunitario, los pisos son espacios abiertos y contemporáneos en los que es posible vivir sin estrecheces físicas -gracias al juego de puertas correderas que permite sumar espacios-, pero a la vez consiguen rincones para la intimidad en menos de 60 metros cuadrados. La clave está en que los arquitectos han sabido dividir los metros sin romperlos.

Cuenta Jaume Coll que de entre todas las fórmulas para ahorrar metros cuadrados (prescindir de pasillos, evitar recibidores…) la que menos les convence es la más empleada, la que termina por convertir el salón-comedor-cocina en un lugar de paso: “Se pierde entonces la noción de descanso que asociamos al sofá”. Para evitar la sala única, los arquitectos idearon una distribución reversible, salón y comedor separados, pero unidos, por la cocina. Una misma puerta corredera cierra la sala o el baño (a su vez dividido en dos) logrando un juego de espacios transformables para una vida casi abierta, como en un loft, o, casi dividida, como en un piso tradicional.

Los 44 pisos están organizados en dos bloques que forman una L en la esquina entre dos calles y todos cuentan con un mínimo de la hora de exposición solar al día, que requería el Incasol (Instituto Catalán del Suelo) promotor del proyecto. Con estructura de hormigón e interiores libres de pilares -están alineados en el perímetro- las fachadas están abrigadas por chapa galvanizada ondulada en el exterior y por paneles de policarbonato para paliar el viento en el acceso tipo corrala del interior. Ambas fachadas están mordidas por los porches que llevan luz al interior de los pisos y además rompen la habitual monotonía de las viviendas de protección oficial. Con plaza de aparcamiento (con luz natural) estas viviendas ofrecen vida más allá de la supervivencia.

Atocha se estira hacia el Sur

Escrito por mpierres o 30 agosto 2010

obras-atochaEl Pais- PILAR ÁLVAREZ - Madrid - 28/08/2010

La antigua estación de Mediodía se estira hacia el Sur. Atocha, la estación de trenes más transitada de España, estrenará año con una nueva terminal solo para llegadas. La imponente estructura de acero blanco, cubierta con grandes ventanales de vidrio y enormes pasarelas rodantes llevarán en volandas al viajero desde el andén hasta la calle. Atocha, en obras desde hace un año, ha seguido prestando servicio. Más de 800 obreros amplían la construcción a un lado, mientras al otro el viaje sigue.
 

 La inauguración está prevista en diciembre, con la llegada del primer tren de Alta Velocidad que conecte Madrid con Valencia. La gran Atocha vuelve a estar bajo la supervisión del arquitecto Rafael Moneo, el único premio Pritzker español, que ya se encargó de la remodelación para que en 1992 entrara al andén el primer AVE procedente de Sevilla. Aquel tren era casi un intruso. Ahora la alta velocidad copa en exclusiva la ampliación, que dividirá Atocha en dos.

Los futuros pasillos rodantes y los andenes de granito que ya están acabados forman parte de la terminal de llegadas. Igual que ocurre con los aviones, el viajero del tren dispondrá de dos espacios diferentes. La estación actual se reservará a las salidas. Los que entren a Madrid lo harán más al sur.

La terminal forma parte de la primera fase de ampliación prevista por el Ministerio de Fomento, con un presupuesto de 171,4 millones de euros que también ha servido para adaptar las vías. La primera intervención de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, dependiente de Fomento) supuso un nuevo trazado de vías (con trenzados llamado bretelles) que permite que los trenes se desvíen de un rail a otro. Es una operación simple que amplía enormemente la capacidad de tránsito. “Las nuevas vías permitirán duplicar el número de viajeros”, explica a pie de obra el gerente de Infraestructuras de la línea centro de Adif, Manuel Puga, que acompaña a EL PAÍS en un recorrido por la obra adjudicada a la UTE Dragados Tecsa. El objetivo es doblar la capacidad diaria de 42.000 a 80.000 viajeros. O, lo que es lo mismo, pasar de 16 a 36 millones de usuarios en los próximos 15 años.

La estructura de la nueva estación cubre 15 vías repartidas en ocho andenes. El techo alcanza en algunos tramos los 20 metros de altura. Y desde lo alto, entra la luz. Los ventanales miran hacia el norte. Es una elección pensada, que permite que entre la claridad pero no el sol. Durante la visita, cuando la temperatura prevista es de 35 grados centígrados en los últimos coletazos de la ola de calor, se puede pasear (o construir) bajo la nueva marquesina sin sudar una gota, casi al fresco, un detalle que agradece el visitante y, por supuesto, el obrero. Más de 800 trabajadores participan en la segunda ampliación de Atocha. Se agrupan a un lado, en la parte nueva, mientras los pasajeros entran y salen a lo lejos, al fondo de una estación que no ha dejado de funcionar ni un solo día durante los meses de obra.

El trasiego de trenes (tanto los AVE como los de Cercanías, que operan a pocos metros) ha condicionado el proyecto. Entre otros aspectos, en la selección de materiales, como explica el arquitecto director del equipo de Atocha, Pedro Elcuaz, responsable junto a Moneo y otros cinco profesionales del avance de los trabajos. “Para las estructuras hemos usado sobre todo acero, lo que nos permite trasladar a la estación grandes elementos que rápidamente puedes juntar y soldar”, explica por teléfono.

Grúas, cables y redes ocupan ahora terminal en la que opera la tropa de profesionales: carpinteros, soldadores, instaladores… Trabajan todo el día, en turnos de mañana, tarde y noche porque hay operaciones que solo se pueden hacer sin actividad, cuando no hay tránsito y se puede cortar el suministro para manipular catenarias o vías, cuando se puede entrar para descargar las nuevas piezas que descansan embaladas bajo las bóvedas del corredor, pasado y futuro del proyecto. El arquitecto Rafael Moneo las incluyó en la primera ampliación para cubrir el aparcamiento. Parte de esas bóvedas se mantendrá como está, dando sombra a los coches. Y otras cubrirán al viajero.

“Hemos utilizado y aislado 16 cúpulas antiguas en la ampliación”, señala Elcuaz.

Es uno de los nexos entre el primer proyecto de Moneo y la evolución, en la que el cambio que más salta a la vista es el del color. Ya no habrá hormigón desnudo ni vigas rojizas. Ahora el blanco cubre de arriba abajo los enormes pilares de 12 metros y también los techos, tanto por dentro como por fuera. El nuevo tono lo eligió sobre el terreno el propio Moneo, que visita la obra al menos cada 15 días para ver cómo marchan los trabajos. “Rafael está en todos los detalles”, asegura el gerente de Adif. El pasado marzo pintaron con media docena de tonos distintos de blanco una de las columnas y Moneo seleccionó el que mejor se adaptaba a la obra.

Casi toda la estación está ya cubierta de ese nuevo blanco, el color que mejor recoge la luz. Solo faltan por cubrir algunas vigas pendientes de la soldadura. Encajar las gigantescas piezas de acero traídas a Atocha desde talleres de Vitoria o Coslada es una de las tareas “más difíciles de todo el proyecto”, asegura Manuel Puga. Mientras habla, saltan chispas en lo alto de una grúa instalada sobre un andén vacío. Un soldador ensambla ese “puzle perfecto” del que habla el gerente. Otro obrero coloca filas de ladrillos junto al futuro pasillo rodante que transportará en unos minutos al viajero desde el tren al vestíbulo que queda cubierto por una viga enorme que descansa sobre dos sujeciones.

Atocha sigue creciendo. A finales del siglo XIX el arquitecto Martín Alberto de Palacio terminó el primer edificio, un empeño de la Casa Real para conectar la ciudad con el Real Sitio de Aranjuez. En 1992, se amplió para el primer AVE, el que unía Madrid con la Exposición Universal de Sevilla. Ya en el siglo XXI se hace aún más grande. Faltan otras dos fases de plazos aún difusos para los que se han previsto 350 millones de euros más. Queda obra pendiente dentro del mismo proyecto de Rafael Moneo.

La Atocha futura, la del tercer estirón, tendrá un aparcamiento subterráneo cubierto por un jardín, más espacio para los trenes de Cercanías, cuya terminal también se ampliará, y una nueva estación subterránea bajo la calle de Méndez Álvaro, por la que circularán tanto trenes de Alta Velocidad con parada en Atocha como los que prosigan su viaje hacia el norte por el tercer túnel que le conectará con la estación de Chamartín a finales de 2011.

El Niemeyer enseña sus tripas

Escrito por mpierres o 23 agosto 2010

1282235595_extras_albumes_0El Mundo - Lucia González - 20.08.2010

Blanco por dentro y también, aunque aún no se sabe cómo de blanco, por fuera. Los cuatro edificios del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés (Asturias) ya están construidos, pero no acabados. Y así, con su desnudez de hormigón y cables, se les va a poder conocer en una serie de jornadas de puertas abiertas y visitas guiadas, a partir del sábado, a las que se han apuntado más de 2.000 personas.

Estas visitas son una curiosa forma de acercarse a un edificio, más aún cuando se trata de uno de los arquitectos vivos más reconocidos. Algo así como acudir a visitar un monumento. “Impresionará ver el auditorio sin la caja escénica, con zonas sin terminar… Esas tripas que no se suelen ver de los edificios”, señaló Roberto Alonso, uno de los arquitectos que lleva a cabo el proyecto del brasileño, durante una visita para la prensa.

Lo que se verá son las bases de un centro cultural que cuenta con ilustres amistades como la de Woody Allen -quien el próximo lunes estará en la ciudad presentando su nueva película, ‘Conocerás al hombre de tus sueños’- y que ha servido para empezar a cambiar una ciudad que ha sufrido la crisis de la industria que primero le vio crecer y colocarla en primera línea del ámbito cultural en España. Sirve, además, para cambiar el paisaje, por contraste de la arquitectura moderna con el caso histórico de la villa, declarado Conjunto Histórico Artístico.

Un escenario reversible

Una de las cosas más llamativas del auditorio, cuya altura sería el equivalente a un edificio de ocho plantas, es el vacío que hay de momento sobre lo que sería la pared trasera del escenario. Se trata de un escenario reversible. Donde ahora hay un vacío, como si de una ventana gigante se tratase, se colocará una puerta guillotinada que permitirá, además de dirigir el espectáculo hacia el interior, con aforo de 998 personas, hacerlo hacia las miles que cabrían en el exterior, en la plaza que rodean los cuatro edificios.

Sobre sus paredes exteriores hay ahora varias pruebas de ‘blancos’. Se estudia qué pintura puede resistir mejor las condiciones climatológicas y la cercanía al mar. Está ubicado en la orilla de la ría y, cuando esté acabado, ofrecerá una nueva forma de observar la ciudad. Una torre mirador rodeada de ventanas, que aún no se puede visitar, ofrecerá una panorámica de 360 grados la variedad de paisaje: la urbe a un lado, la ría a otro, la zona industrial, con altos hornos, grúas e industria, en otro, las colinas en las que asoman las infinitas tonalidades del verde asturiano…

El centro viene a unir pasado y futuro de la ciudad. Una parte del territorio inundado en los años 50 por la orquesta de acero y humo de la industria siderúrgica ha dejado paso a la inyección de resplandor de la sinuosa arquitectura del brasileño, amante de las curvas por inspiración del cuerpo femenino y las playas de Copacabana.

La cúpula, ese medio “huevo” que no gusta a una parte de la población avilesina que desconfía de las posibilidades socioeconómicas del Niemeyer, por mucho que se relacione con el ‘efecto Guggenheim’ de Bilbao, está prácticamente acabada. Llama la atención la inmensa lámpara sobre tu techo abovedado, capaz de dotar de iluminación cenital al conjunto del espacio diáfano, al que se accede, en un agradable contraste, por un espacio más bien estrecho. Está zona estará dedicada a exposiciones, como también lo estará la parte de abajo del auditorio.

Los edificios estarán unidos por una práctica pasarela con techo, aunque abierta, que no eche para atrás a los visitantes en los días en que el tiempo no acompañe. En Avilés, el año pasado, llovió 179 días.

Arquitectura silenciosa

Pese a verlo en obras, la sensación que transmite el centro es de pulcritud y tranquilidad. Algo que responde, según Alonso, al modo en que se han integrado las instalaciones en el diseño de Niemeyer, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1989. “Es una arquitectura silenciosa y, por eso, ha sido todo un reto integrar de forma armónica los sistemas para la climatización y la iluminación no es fácil”, indicó.

Complementa el conjunto un edificio polivalente, donde estará la única sala de cine de versión original en Asturias. Será el lugar para cursos, talleres, clases magistrales, con cafetería y restaurante… Y todo lo que quepa en esa programación del Niemeyer que tiene vocación multidisciplinar, en un intento de seguir los pasos de centros como elPompidou parisino o el Barbican londinense.

La idea es inaugurar de forma oficial el Centro Niemeyer el próximo 15 de diciembre, día en el que el arquitecto brasileño que regaló este proyecto a Asturias cumplirá 103 años, aunque la puesta en marcha no está tan clara. Se espera que en primavera ya funcione al 100%. Una exposición de Carlos Saura será uno de los primeros proyectos que visitar, ya sin cables y con toda la blancura que se decida.

Vallecas será pop

Escrito por mpierres o 23 agosto 2010

haiku-arquitectosEl Pais - DAVID COHN 21/08/2010

El ensanche de Vallecas cuenta con más de 45 proyectos de vivienda pública en marcha. Un escaparate de trabajos de la última generación de arquitectos madrileños

Con sus bulevares sobredimensionados que se extienden hacia el horizonte, carentes de tráfico o paseantes, y sus aisladas agrupaciones de edificios, recogidas entre solares vacíos, parques semiabandonados, reservas de suelo, viejas vías pecuarias y espacios “verdes” sin definir, el ensanche de Vallecas en el sureste de Madrid revela la desmesura del boom inmobiliario de la última década y la desolación de la crisis actual. Fue promocionado en su día como una nueva ciudad de 100.000 habitantes. Hoy los campos y cielos de la meseta todavía dominan sus calles. Aquí el Ayuntamiento de Madrid está construyendo los últimos proyectos de vivienda pública puestos en marcha antes de la crisis, siguiendo sus programas en los ensanches de Sanchinarro y Carabanchel y en otras partes de la ciudad. Mientras en sus actuaciones anteriores la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) había dado el protagonismo a proyectos firmados por arquitectos internacionales como David Chipperfield, Thom Mayne, los holandeses MVRDV o Alejandro Zaera, en Vallecas los trabajos de estudios locales, y de arquitectos jóvenes en particular, han tomado el relevo, convirtiendo el barrio en un escaparate de obras de la última generación de arquitectos madrileños. La EMVS ha entregado un total de 31 proyectos y 3.000 viviendas en el barrio, en regímenes de venta y de alquiler, y tiene 29 proyectos y casi 2.000 pisos en marcha.

Son proyectos ganados en concursos abiertos por sus autores, que proponen investigar nuevas maneras de ocupar el terreno, nuevas técnicas constructivas, nuevos materiales y nuevas configuraciones tipológicas. Están condicionados por los ajustados presupuestos y la exhaustiva normativa de la vivienda pública, aunque la EMVS ha actuado en muchos casos para hacer los cambios puntuales en el plan urbano necesarios para su realización.

En su espíritu inventivo, los proyectos mantienen vivo el viejo impulso de la arquitectura racionalista de crear los prototipos de una futura utopía social. Las reivindicaciones de los maestros del movimiento moderno del siglo pasado por una vivienda social sana, digna y funcional, bien iluminada y ventilada, y ubicada en un barrio dotado con servicios básicos, están ya más que satisfechas en una operación de la envergadura de Vallecas. Lo que queda por hacer para la arquitectura son las tareas de afrontar las deficiencias de los planes urbanos, por lo menos en la pequeña escala de la manzana, de avanzar en campos técnicos donde los promotores privados todavía se resisten a entrar -los acabados de ladrillo han desaparecido por completo en la vivienda pública, por ejemplo- y de crear hitos, irrupciones de color e individualidad en un paisaje que carece de hitos, donde todas las manzanas suelen repetir los mismos volúmenes y las mismas alturas.

La colección más densa de proyectos públicos se encuentra en el bulevar de la Naturaleza, alrededor de sus famosos “árboles de aire” del estudio Ecosistema Urbano, ahora reproducidos para el pabellón de Madrid en la Expo de Shanghai. Es la primera zona terminada del ensanche, aunque aquí también hay solares sin edificar. Ubicada en un rincón del plan urbano, lejos de las manzanas de promoción libre, conforma un pequeño núcleo de vivienda social, pero por su propia concentración alcanza una densidad urbana que todavía falta en el resto del barrio.

Los “árboles de aire”, plazas de sombra envueltas en mallas verdes de vegetación, ocupan los cruces del bulevar, cerrando vistas que en el resto del ensanche son demasiado abiertas. Son los únicos lugares en la zona donde se oye el canto de los pájaros. Alrededor se sitúan algunos de los proyectos más atrevidos de la EMVS, con acabados de planchas metálicas galvanizadas, texturas corrugadas y colores de una intensidad pop. Es una auténtica utopía de la joven arquitectura madrileña, apenas un cruce de calles, como las utopías suelen ser.

En una de las manzanas se encuentra la propuesta de Enrique Barrera y César de la Cueva, del estudio Haiku Arquitectura, que rompen con la típica manzana cerrada del barrio. En su lugar, hacen flotar sobre el solar varias barras extendidas de viviendas, apiladas unas sobre otras, y deslizándose sutilmente en sus orientaciones. Están sujetas exclusivamente por las columnas de las escaleras y ascensores, mientras cerchas de dos plantas de altura en cada barra permiten luces de hasta 18 metros. La orientación norte-sur es idónea para la iluminación natural y el ahorro energético, el suelo se convierte en un jardín, y los huecos entre las barras se prestan para terrazas comunes y viviendas de tipología especial.

En una manzana próxima, Javier Camacho y María Eugenia Macías han proyectado un bloque de viviendas como si fuera un gran armario de madera lacada, donde las ventanas se ocultan del sol detrás de puertas plegables. Para las fachadas han empleado un nuevo sistema ligero de tableros baquelizados de alta densidad, de color mostaza, y facetada para reflejar la luz de la tarde. El juego de colores y texturas continúa en el otro lado del bulevar, donde Hugo Araujo y Marién Brieva han creado una manzana-fortaleza rematada por torres recubiertas de planchas metálicas de un color verde ácido, en donde cada planta es un piso individual.

La zona también recoge obras de arquitectos más experimentados. En los bloques proyectados por Mariano Bayón se destacan las luminosas fachadas de vidrio. Eugenio Aguinaga ha salpicado las fachadas de otra manzana con rojos, naranjas y amarillos, una variación sobre el colorido proyecto en la zona de Campamento que realizó con el arquitecto mexicano Ricardo Legorreta. Y Salvador Pérez Arroyo, junto con Eva Hurtado, han proyectado una obra contundente y rigurosa, con bloques de hormigón blanco que parecen flotar sobre el suelo, animados con elementos de color y huecos a gran escala.

Dejando el bulevar de la Naturaleza por los terrenos menos poblados alrededor de la avenida de Gavia o al otro lado de la M-45, se encuentran muchos proyectos que se quedaron parados por la bancarrota de sus constructores, aunque ahora los trabajos han comenzado de nuevo después de su readjudicación, según fuentes de la EMVS. Entre ellos se destacan bloques de pisos de Guillermo Vázquez Consuegra y el inglés Peter Cook, antiguo miembro de Archigram (en colaboración con Salvador Pérez Arroyo), dos promociones de casas adosadas de los estudios Selgascano y Dosmasuno, y la última obra de Miguel Fisac, proyectada antes de su muerte en 2006 con 92 años, donde siguió experimentando con sus curiosos encofrados blandos para el hormigón y otras técnicas patentadas de su propia invención.

Entre los pocos proyectos de la EMVS terminados en estas zonas, Fernando Pino y Manuel G. de Paredes han empleado acabados metálicos -en este caso, de chapa de aluminio- y un abanico de colores llamativos para la fachada exterior de un bloque de pisos en alquiler. El perímetro dentellado otorga privacidad a los salones y dormitorios. Anchas galerías de acceso trepan por su cara interior, y la cubierta alberga un solárium común. En una zona más aislada del ensanche, Javier Parro ha terminado una manzana de 23 casas de dos alturas, colocadas en filas sobre el solar como contenedores de mercancías. Y en un bloque de pisos situado en la calle de Antonio Gades, Lucía Esteban y Francisco Ortiz han proyectado una fachada de balcones continuos y ondulados, como olas, una propuesta a la vez original y con referencias exóticas al pasado, desde Gaudí hasta los edificios Watergate en Washington, proyectados por Luigi Moretti en los años sesenta.

Desde la calle de Antonio Gades se puede ver la torre de 23 plantas del Estudio Entresitio (César Jiménez de Tejada y los hermanos María y José María Hurtado de Mendoza). Los arquitectos han renunciado a ocupar el 30% del solar para no tener que seguir la volumetría del plan urbano y sus esquinas recortadas en chaflán, que consideran poco prácticas o elegantes. Con la altura de la torre recuperan los metros cuadrados perdidos por este sacrificio de terreno. Y cambian los juegos de colores en los acabados de sus compañeros por la sobriedad del zinc negro, creando así un objeto extraño y refinado, un punto de ruptura en la textura urbana que funciona también como punto de orientación. Es quizá el mejor ejemplo del intento de todos los proyectos en Vallecas de ofrecer calidad y variedad dentro de los límites estrictos de la vivienda pública. Y después de años dedicados a una invención formal más libre, representa una nueva tendencia hacia la sobriedad y la contundencia formal que está surgiendo dentro de la última generación de arquitectos madrileños.

Arquitectura puntera que muerde el polvo

Escrito por mpierres o 19 agosto 2010

Edificio ideado por el estudio Muñoz Miranda para la nueva sede de EMISAGRA, la Empresa Municipal de Agua de Granada. Fue considerado el mejor por el Comité de Asesoramiento Técnico del concurso, pero no había bastantes recursos ecónomicos. De la misma manera que este proyecto, hay muchos que se han parado o ya no van a nacer por el efecto de la crisis.

Edificio ideado por el estudio Muñoz Miranda para la nueva sede de EMISAGRA, la Empresa Municipal de Agua de Granada. Fue considerado el mejor por el Comité de Asesoramiento Técnico del concurso, pero no había bastantes recursos ecónomicos. De la misma manera que este proyecto, hay muchos que se han parado o ya no van a nacer por el efecto de la crisis.

El Pais - RICCARDO IORI- Madrid- 19.08.2010

Algunos son proyectos que se quedarán en el cajón de los recuerdos. Otros habían ganado concursos que ahora están paralizados, a la espera de que se reactive el mercado. Y finalmente hay investigaciones sobre nuevas ideas urbanísticas que se han quedado en el limbo. Este es el caso, por ejemplo, de Camilo García y Diego Barajas, dos arquitectos de 35 años que dirigen el estudio Husos en Madrid. El año pasado terminaron una investigación impulsada por la Universidad Europea de Madrid y la Air Foundation de Rotterdam, un centro de arquitectura holandés, en la que se formulaba una nueva manera de concebir la vivienda, para integrarla con el lugar de trabajo. El proyecto se llama Viviendas Productivas. Ha sido presentado en Manchester, Oporto, Bucarest y Belo Horizonte, entre otros sitios, pero aún no ha sido aplicado nunca. Está claro que en periodos como estos , en los que ya es difícil trabajar, lo es aún más innovar. “Paradójicamente, creemos que justo en un momento de crisis se vuelve aún más oportuno un plan de este tipo para impulsar la pequeña empresa”, afirma Barajas.

El proyecto consiste en importar algunas características de los centros comerciales a un edificio de viviendas y dar la oportunidad a quien tiene planeado empezar un pequeño comercio de utilizar su hogar como laboratorio y vender su producto en el descansillo. Pasar de pasillos angostos y oscuros a otros donde se pueda estar, instalar paneles informativos que informen de lo que está pasando en las diferentes plantas, escaleras mecánicas y fachadas letrero son algunas de las modificaciones que el proyecto del estudio Husos propone instalar en un edificio de viviendas normal y corriente.

A la clase de los sueños interrumpidos pertenece el proyecto del estudio Mute de Madrid, en el que trabajan cuatro arquitectos, tres mujeres y un hombre, todos ellos menores de 40 años. En abril de 2008 ganaron el concursointernacional para la construcción del mercado municipal de Sanchinarro, en el norte de Madrid. El proyecto se llamaba Mercamorfosis y la filosofía que lo vio nacer suponía la fusión del más clásico de los mercados de barrio con los modernos hipermercados. La crisálida, como también se conoce el proyecto, se ha quedado atrapada en un capullo llamado escasez de dinero que ha obligado el Ayuntamiento a demorar las obras, por lo menos hasta la próxima legislatura, según anunció el Consistorio en enero pasado.

Y finalmente están los que muy probablemente se quedarán en meros sueños. Alejandro Muñoz Miranda es un arquitecto de Granada de 36 años cuyos diseños para la sede de la Empresa Municipal de Agua (Emasagra ) y para la sede del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, ambos en la ciudad granadina, fueron finalistas en los respectivos concursos y fueron desestimados debido a la crisis. El edificio destinado a la Emasagra era la reproducción de una gota de agua en el momento que toca suelo y en mayo pasado fue elegido el mejor por el Comité de Asesoría Técnico del concurso. La coyuntura económica relegó, sin embargo, todo a una carpeta de archivo. “El dinero que un proyecto requiere para ver la luz no puede ser el único criterio. Si se razonara en términos económicos más amplios, se entendería que una inversión mayor es recuperable por los efectos benéficos que tiene un proyecto innovador en un territorio y por el impacto en el paisaje de la ciudad”, afirma Alejandro Muñoz.

Un futuro anclado en la belleza

Sobre el tema de los sueños interrumpidos de los arquitectos españoles versará también una exposición y un seminario organizado en el ámbito del Congreso de Construtec , el salón de la construcción que ha llegado a su tercera edición y que se celebrará en Ifema, la Fiera de Madrid, desde el 5 al 8 de octubre. Gabriel Allende es el comisario del evento y no quiere dramatizar demasiado la situación: “Queremos que la cita sea la ocasión para transmitir optimismo. Estamos recogiendo proyectos que se han parado o que aún no se han podido desarrollar, pero que están allí y sobre los que se edificará la idea de futuro que tenemos de Madrid”.

Una idea que, según Allende, pasa por el concepto de la belleza: “Es una ocasión para que se entienda que el sentido estético no está solo en la forma que inventa el arquitecto, sino también tiene que hacer brecha en los que proveen a los materiales y a los medios de producción”. Y, por supuesto, en el tejido social en el que las nuevas estructuras van a nacer. “Nuestro objetivo es llegar al ciudadano y que este encuentro permita entender a la gente que la crisis solo ha parado unas obras, pero que las ideas y los proyectos por hacer están vivos, listos para retomar la marcha y que apostar por la belleza es la mejor receta”, resume Allende.

La organización del evento ha contactado hasta ahora con centenares de estudios nacionales y extranjeros que trabajan en la capital, a la búsqueda de proyectos y actuaciones urbanas que se encuentran actualmente en desarrollo, temporalmente parados o sin fecha de comienzo. Hasta ahora, ya unos 60 estudios se han adherido a la iniciativa aportando un centenar de obras. El momentáneo estancamiento del sector de la construcción no afecta de manera particular, según Allende, a los jóvenes arquitectos: “En realidad se ven más afectados los que tienen un estudio clásico, con costes fijos y menor capacidad de adaptación. Los jóvenes, a través de redes y sistemas informáticos, tienen más posibilidades de reinventarse”. El programa de Construtec 2010 se desarrollará bajo el lema La belleza en los medios de producción. Los trabajos presentados en la exposición que mostrará una Madrid entre sueño y futuro serán englobados en un número de la revista Panorama Architecture Newspaper .

Arquitectura Española: Auditorio Atlántida de Josep Llinás

Escrito por mpierres o 26 mayo 2010

dzn_auditorium-by-josep-llinas-1Fontes: Dezeen.com e Scalae.net

Fotografias: Filippo Poli.

El pasado 23 de abril, día de San Jorge, abrió sus puertas la nueva sede del complejo Atlàntida de Vic, que sustituye al histórico teatro que tuvo que cerrar puertas a causa de la aluminosis.

Ubicado en un entorno urbano complejo limitado a norte por los patios traseros de la calle Bisbe Torras i Bages, formada por casas bajas entre medianeras, a este por el antiguo barrio de las curtidurías, enfrentado con la muralla medieval del casco antiguo, y a sur por el río Mèder, el nuevo complejo de la Atlàntida de Vic resuelve de un plumazo este pedazo de ciudad alojando en su interior un programa muy complejo consistente en un teatro, un auditorio, una escuela de música y un restaurante.
Llinàs ha proyectado una gigantesca cubierta facetada, terminada en zinc, que arranca a nivel de los patios interiores de manzana de la calle Torras i Bages, que ventilan unas casas de tamaño demasiado pequeño para aceptar un edificio tan grande a su lado, para subir hasta la altura de la caja escénica y formar, al otro lado, una nueva fachada al río Mèder, porosa y con porches. Este gesto convierte los detrases en un frente urbano que organiza la entrega del nuevo ensanche que desde allí se extiende al sur y al oeste de Vic. Gran parte del volumen se ha enterrado para armonizar la altura requerida por el edificio con la que puede soportar el entorno.
En la memoria de proyecto se explica esta estrategia de proyecto como la voluntad de disponer un edificio que se apoye contra la trama existente para, des de allí, disolver las líneas de propiedad del solar que no se apoyan contra ninguna edificación, trazadas arbitrariamente, con el margen verde definido por la orilla del Mèder.
Las fachadas quedan minimizadas y se usan para ventilar e iluminar aquellas partes del programa que así lo requieren, como la Escuela de Música o el restaurante. Cuando éstas forman el límite exterior se acaban en piedra negra. Cuando están formadas por algún corte entre los diversos pliegues de la cubierta, más introvertidas y de una altura mayor que las anteriores (a veces superpuestas a ellas en un plano retrasado varios metros) se acaban en chapa de latón brillante, color oro.
Una de las casas de la calle Torras i Bages, llamada “can Serratosa”, antigua sede de la Escuela de Música de Vic, reutilizada ahora para alojar sus partes comunes. Es un pequeño edificio tardomodernista proyectado por Manel Joaquim Raspall de planta baja y dos pisos, alojada en una parcela larga y estrecha que organiza su fachada principal abierta contra el lateral de su propia parcela. Este gesto se ha aprovechado para dotar al edificio de un pasaje público interior que conecta el río con la ciudad a través del mismo, vertebrando todo el programa y dándole sentido urbano, conectando diversos patios abiertos entre pliegue y pliegue de la cubierta en un recorrido semiexterior.

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