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Publicado por admin o 7 Xuño 2011

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A xoia do arquitecto ten goteras

Escrito por mpierres o 25 Xaneiro 2011

El País - Santiago- 24 Enero 2011

Los propietarios de viviendas en edificios emblemáticos están obligados a seguir normas de conservación que encarecen y dificultan las reformas

La vida dentro de esa casa mil veces fotografiada también tiene goteras. Residir en un edificio con valor arquitectónico en el que Patrimonio pone mil ojos acarrea también muchos requisitos y cuidados. Los propietarios son conscientes de que deben mimar el acervo que tienen bajo sus pies pero reclaman más facilidades de la Administración.

Galerías al Atlántico A Coruña

Vivir asomado a las galerías de La Marina coruñesa, la fachada atlántica de la ciudad, es un lujo para la vista y “un castigo para el bolsillo”. Hace 21 años que Juan Chas y su familia viven en un señorial edificio de 1887 en la calle Riego del Agua. La ley obliga a los propietarios de los edificios protegidos por su valor patrimonial a respetar las estructuras originales y emplear idénticos materiales en cualquier pequeña reforma, que casi siempre se atasca en un laberinto de permisos burocráticos “que se eternizan en el Ayuntamiento”.

El suelo del piso es de madera de pino tea y las escaleras de las seis plantas, de castaño. Reemplazarlo por los mismos materiales les sale por un pico. “Ya casi no hay pino tea y los escalones los tienen que hacer peldaño a peldaño”, asegura este propietario. Cuenta que su comunidad de vecinos, que habitan seis familias, tiene que pintar la fachada cada tres años (6.000 euros) para frenar las humedades y llevan otros dos ahorrando para sustituir la maquinaria del ascensor. “Cada vez que pedimos un presupuesto, es totalmente desorbitado”, se queja, cansado de las derramas extraordinarias y de unas ayudas “escasas” que tardan en cobrar. “Parece que en vez de una obra, tenemos por delante una restauración”, lamenta.

En septiembre de 2010, el fuego prendió en la cocina del restaurante que ocupa los bajos del edificio contiguo, gemelo al suyo, y trepó rápidamente por las vigas de madera. Los bomberos tuvieron que evacuar a dos familias por la ventana y los daños fueron considerables. Cuenta Chas que los vecinos llevan meses detrás de los materiales adecuados para reponer el suelo, hecho a base de tablones de madera de siete metros, que buscaron, incluso, en otras casas viejas.

Con este panorama, reconoce que hay quien trampea la casa “con arreglos de PVC”, que contravienen las directrices de Patrimonio. “Para el político es muy fácil hiperproteger, pero sin ayudas ágiles y sustanciosas no le podemos hacer frente”. Asegura que su comunidad son conscientes del patrimonio arquitectónico que tienen bajo los pies, que se esfuerzan en preservar, pero reclama a la Administración más apoyo económico. “Si es patrimonio de todos, tendremos que contribuir todos. La protección, si no se acompaña de ayudas públicas, es una trampa”, concluye Chas.

La forma sigue a la función Vigo

El edificio donde vive José Bar Blanco en Marqués de Valladares número 27 (Vigo) es uno de los mejores ejemplos de arquitectura moderna de Galicia -junto con la fábrica de Coca-Cola en A Coruña de Andrés Fernández-Albalat y Antonio Tenreiro-. Lo proyectó su padre, José Bar Boó, en 1960. Superada la etapa más represora del franquismo, Bar Boó formó parte de una nueva generación de arquitectos titulados en la Escuela de Madrid que aspiraba a cambiar la estética regionalista de país ensimismado y provinciano que tanto le gustaba al dictador. “La importancia histórica del edificio Plastibar -así se llama- radica precisamente en que representa en Galicia el retorno a la modernidad en arquitectura. Es un ejemplo claro del racionalismo europeo más puro”, explica Bar Blanco, también arquitecto.

“El edificio, en origen una promoción familiar que le dio a Bar Boó una oportunidad para poder ensayar nuevas ideas, se estratifica en tres niveles siguiendo el principio de form follows function [la forma sigue a la función], que pueden leerse perfectamente en el plano de fachada”, describe José Bar, que ocupa un estudio en la sexta planta. Su padre personalizó para cada familiar los pisos, incluido el diseño del mobiliario, que se organizan alrededor de un espectacular patio-jardín interior.

Para conservarlo hace falta, además de dinero, respeto por el proyecto original. “Un desastroso acuerdo de la comunidad que permitía a cada propietario sustituir, por su cuenta y a su libre albedrío, las carpinterías en muros cortina de fachadas, las ha convertido en un desorganizado muestrario de diferentes materiales”. Por la comunidad de vecinos han pasado presupuestos astronómicos que no cumplieron las expectativas. “Más grave aún fue la supresión de la calefacción central, con caldera de gasoil, que se eliminó al interpretar voluntariosamente el comprador de los bajos comerciales que el cuarto de la caldera le pertenecía”. Es el peaje que ha pagado la obra con el paso del tiempo, que aún así conserva en buena medida su complejidad original.

Ciudad barroca Santiago

Desde hace 63 años, Jaime Romero vive en el mismo piso en el que nació. Solo le ha sido infiel durante una breve etapa de estudiante en A Coruña y por las escapadas veraniegas a las que casi le obliga la situación de su casa: en la compostelana plaza del Toural, número 1, escenario de conciertos, espectáculos y concentraciones. El edificio fue construido por el arquitecto municipal Manuel Prado y Vallo en 1856 y su sólida edificación apenas da problemas.

Aunque la distribución de la vivienda ya no es la misma que Romero recuerda de su infancia, los grandes cambios se realizaron hace más de 30 años, antes de que existiesen normas como las actuales, que vigilan cada cambio en los edificios de la ciudad histórica. La última reforma importante que llevó a cabo fue el arreglo de la galería exterior, que ocupa todo el frontal del edificios y los dos laterales. Él decidió seguir las pautas del Consorcio de la ciudad y mantuvo el material original en madera “aunque medio Santiago está con aluminio y PVC”. A cambio, recibió una subvención. Eso sí, que tuvo que declarar a Hacienda “que viene a recoger parte de lo que te dan, como si fuese un ingreso más”.

La zona, en pleno casco viejo de Santiago, añade también otros inconvenientes, como no poder acceder al servicio de ciertas compañías de teléfono o al gas ciudad. Las casas no tienen tampoco garaje y hay limitaciones estrictas de circulación. Sin embargo, Romero recuerda cuando la plaza se convertía cada noche en un aparcamiento y prefiere una zona monumental peatonalizada.

Colegio modernista Ferrol

Desde lejos, su mirador hexagonal y colgante, recuerda a la torre de un castillo alemán. Es uno de los edificios más singulares de la ciudad y su estructura modernista está ligada a un nombre propio: Rodolfo Ucha. El chalé Antón fue construido en 1918 por el arquitecto ferrolano como vivienda familiar y se transformó en un colegio de la mano de una congregación religiosa.

Bajo sus tejas rojas, se cobijan, de lunes a viernes, unos 250 alumnos y los 24 profesores del Jesús Maestro, un centro concertado para escolares de tres a 16 años, que es, además, uno de los edificios más fotografiados y protegidos por su valía arquitectónica. Nueve religiosas lo habitan todo el año. Goteras, filtraciones de aire y problemas con el enrejado están a la orden del día, explica Pilar, la monja que dirige y habita el colegio.

“Intentamos mantener la estructura de la casa, porque es una joya, pero dificultades para el mantenimiento las tenemos todas”, se queja. Cuenta que, por las desgastadas ventanas de madera, se cuelan ráfagas de aire que enfrían la casa y disparan el gasto de calefacción, aunque parte del alumnado ya está alojado en un ala nueva del edificio.

Asegura que les han denegado “todas las ayudas” que han solicitado para obras y rehabilitaciones y están a expensas de que la dirección de Patrimonio de la Xunta les autorice el pintado de la fachada y la reparación de las rejas y balcones con un coste astronómico. “Sólo revisar y arreglar el enrejado ya es un gasto muy grande”, explica la directora. “Prácticamente ya hemos desistido de pedir las subvenciones, porque no tenemos ayudas de nadie”, añade. Hay alguna gotera, admite, pero defiende que la construcción es sólida y recia. La revisan con mucha frecuencia para asegurarse de que las vigas de madera y la cubierta están en buen estado.

Como arquitecto municipal, Ucha estampó su huella modernista en una veintena de edificios protegidos y enclavados en el céntrico barrio de A Magdalena durante el primer cuarto del siglo XX. El remodelado teatro Jofre, el edificio del Casino, el hotel Suizo o la Casa Romero -antigua sede del banco Simeón- son algunas de sus refinadas creaciones de art noveau reconocibles por su profusión de galerías, balaustradas y balcones circulares.

Capilla medieval Ourense

En el corazón del Ourense histórico, la plaza de San Cosme es una reliquia medieval perfectamente conservada. En ella convivió la capilla y un hospital anexo, hoy en día reconvertido en vivienda. La antigua ermita, de estilo plateresco, fue mandada construir en 1521 por el cirujano Juan Lérez. La inscripción fundacional se mantiene en la clave del arco, en los ángulos figuran los escudos del fundador y en uno de los extremos, un campanil. Desde 1982, alberga el belén esculpido por el artista ourensano Arturo Baltar. Una escena navideña de grandes dimensiones compuesta a base de pequeñas figuras de barro cocido que representa escenas tradicionales del rural gallego.

El edificio anexo lo ocupan cuatro viviendas -dos por planta- y un restaurante en el bajo, con almacén en una puerta contigua, que antiguamente ocupaban las caballerizas de la Guardia Civil. Paradójicamente, las originarias caballerizas de la Benemérita se convirtieron en sellado refugio de perseguidos por el franquismo.

Información elaborada por Lorena Bustabad, María Fernández, Cristina Huete y María Pampín.

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