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Publicado por admin o 7 Xuño 2011

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¡Voilá!

Escrito por mpierres o 27 Agosto 2010

Entrada sur a la vivienda de los Domínguez

Entrada sur a la vivienda de los Domínguez

El Correo Gallego - Pablo Costa Fraiz - 22.08.2010

Voilá! Aquí está. El más grande de los arquitectos gallegos. De todo el XX y de lo que va del XXI. Perdóneme Bar Boo. Novelesco comunicador, profesor incansable; “lo que se puede aprender, no merece ser enseñado”. Amante de lo abstracto al natural, visionario de sus formas. Es Alejandro de la Sota, y gracias a él, los de esta esquina ibérica nos enorgullecemos al pasar por su gimnasio cercano al Bernabéu, al darle la espalda a los vidrios coloridos de la catedral de León, o al conocer el interés internacional que sobre él recae. Hasta le hicieron una exposición monográfica en Harvard al gallego.

Dice García-Alix que desde que se aprieta el disparador todo es pasado. Porque es que todo es historia, hasta tú don Alejandro. Pero no como pico de viudas, sino como escenario adolescente al que los sabios recurren. Experto tú, como el fotógrafo, en quitar lo que sobra de tus obras, de vuestros modelos.

Porque su arquitectura es la comodidad del cuerpo. Y más del espíritu. La de los hijos buenos, la de las sonrisas afeminadas. También en cierto modo es parte de la Ford y del viejo Brooklyn industrial. The seventies. De la Pasionaria y de barbas socráticas urbanas. Acepta tanto la cadena oxidada como la fina seda. Porque las dos son bellas; en imperfección aparente o de elegancia imposible. Puro deshabillé. ¿Disfrutaría también con las imágenes de Walker Evans?

Creyó en una vida distinta. Y la vivió. Dicen los que lo conocieron que siempre acompañada de una humildad cercana. Aunque bueno, yo lamento que no haya pasado más tiempo Galicia. La hubiera modernizado más de lo que otros casi ni intentaron. En Madrid, donde pasó la mayor parte de sus años, tiene sus mejores obras . Aún así, como gallegos, y algo de conformistas, sabemos apreciar la maestría de las joyas que ha dejado por aquí, en su otra casa, en Pontevedra. 

Por eso se escriben solas estas líneas. Por la casa que su prima le encargó en el área de Poio hace más de treinta años. Sin casualidad, andaba el maestro de la Sota desde hacía tiempo con un croquis guardado en la recámara, ya se sabe, por si algún día hiciese falta, y fue en ese momento cuando le pudo dar luz.

Y es que influenciado por un croquis de Eero Saarinen (este nombre suena a blanco y ligero), en el que exponía que un hombre vive al sol en el exterior, en contacto con la naturaleza, y duerme enterrado, cuando se recupera, germinó este hogar que todavía hoy conserva las virtudes de sus tiempos inaugurales.  

La Casa Domínguez de la Caeyra, se desarrolla así como un cacahuete; o lo que es lo mismo, como un volumen con un estrangulamiento intermedio que separa la zona superior o activa, de las actividades de reposo. Apretar por el centro nos lleva a separar más los dos polos. Porque “el hombre activo no tiene nada que ver con el pasivo”, que decía el arquitecto.

La casa roba inteligentemente lo que la naturaleza nos ofrece. Los mamíferos se entierran para vivir, y cuando requieren de acción, saltan a la superficie; cualquiera de sus especies. ¿Por qué no lo habría de hacer también el hombre? ¿Acaso somos distintos?

En la planta inferior aparecen los dormitorios en diferentes alturas, que dan a patios por donde se invita a pasar el sol; donde las flores crecen. Aquí uno no “se sube a dormir”. Más abajo está la bodega y el cuarto de juegos de los más pequeños. Matéricamente es el mundo de lo soterrado, de lo amorfo de las raíces. Por ello se asocian materiales pesados como el granito. Igualmente que otros arcillosos, como la cerámica.

La altura de acceso, la intermedia, ocupa apenas lo referente a un vestíbulo, un ascensor y unas escaleras que articulan los tres forjados. Su posición centrada vertebra un poderoso eje vertical es la razón de ser de esta
residencia.

Cuánta salud supuso al entorno degradado, de unifamiliares inmundos,   que la familia Domínguez aceptase la sugerente propuesta del catedrático de la Sota. La parte leve y aérea de la casa, aporta luz a ella y a sus vecinos. La definida geometría artificial, de superficies lisas y líneas metálicas, de vidrios limpios y terrazas suspendidas, se alza sobre el suelo reinando un medio hasta el momento incomprendido. Fue recubierta con la chapa Aceroid, anteriormente colocada en la Caja Postal de Madrid por el mismo autor.
Recoge además la vieja idea de –una casa en el árbol-. La cueva y el palafito. Cuanto más alto se sube, mejor vista se tiene, más tranquilo se está. Y todo ello por estar acompañado de una copa verde, que a mayores da sombra en los días de calor, sobre la fachada del salón principal.
Finalmente se obtiene un aspecto cúbico, claro, bastante puro.

La casa no difiere con la naturaleza, porque esta no se estropea con arquitecturas bien hechas. Es añadida a esta, y bien asimilada por ambas partes. El cubo, el hexágono, la esquina, es entendido por de la Sota como pura geología.

Au revoir, don Alejandro, au revoir, maestro!

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