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Publicado por admin o 7 June 2011

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“Unha cidade que non conserve é unha cidade amnésica”

Escrito por mpierres o 16 March 2010

El arquitecto durante la exposición ‘Diez años de rehabilitación de locales comerciales en Santiago’

El arquitecto durante la exposición ‘Diez años de rehabilitación de locales comerciales en Santiago’

El Correo Gallego - Pablo Costa Fraiz - 14.03.2010

 

 

“La gente que vive en la ciudad es la propia ciudad, y es ella la que debe de marcar la dirección que ésta tome. Debemos posicionarnos ante un comercio de calidad”

Bajando una mañana soleada por la cuesta de la Conga, me topo con un reciente vacío urbano que me contradice enormemente. El Banco de España, un edificio altamente singular del Santiago viejo se ha esfumado por completo, de un plumazo, sin que los ciudadanos podamos hacer nada al respecto. Miro el nombre del arquitecto y no me sorprende, como así lo hace un gran vinilo publicitario anunciando el programa –Ter e Manter– del Consorcio de Santiago.

Aprovecho para hablar con Pablo Tomé, primigenio arquitecto de dicho organismo y responsable en buena parte de sus logros. Un experto en arreglar vidas, almas y espacios, que nos cuenta, con pasión y cercanía, historias de arquitectura, esto y de aquello.

– Desde el Consorcio centralizas tu actividad en los locales comerciales del casco histórico ¿Cómo se ha ido desarrollando el comercio aquí?

– Antes el comercio propiamente dicho era absorbido casi en su mayoría por las ferias que se celebraban semanalmente. El producto de consumo más cotidiano venía directamente de la huerta. Esto todavía pasa en poblaciones pequeñas de Galicia, donde el mercadillo itinerante posee una fuerte presencia.

A partir de mediados del siglo XIX y principios del s.XX, la mayoría de los edificios de la ciudad antigua cuya planta baja estaba destinada exclusivamente a viviendas, talleres o negocios muy específicos, han ido modificándose hasta transformarse hoy en más de un 90% de locales comerciales. Todavía conservamos algunos de los primeros años del siglo pasado, como la Sombrerería Iglesias de la Rúa del Vilar o la Casa de los Quesos, que tiene sus antecedentes en un puesto del mercado que se organizaba en la Alameda.

– Cuando una ciudad pierde relación entre su comercio interno y la vivienda, acaba siendo más débil ¿Qué riesgo corre la zona vieja de convertirse en una “atracción” del Xacobeo?

– Lo que no nos gusta de las ciudades turísticas es la falta de tensión. Las ciudades no pueden estar creadas para un determinado fin. Hace 15 años ya existía algún puesto para turistas, aunque su registro era mínimo. Actualmente su aparición se ha hecho masiva. La gente que vive en la ciudad es la propia ciudad, y es ella la que debe de marcar la dirección que ésta tome. Por eso debe posicionarse frente a un comercio de calidad, y no siempre optar por el más barato y bajo en prestaciones.

Lo característico del pequeño comercio es sobretodo el trato personal, frente al anonimato que predomina en las grandes áreas comerciales. Esto tiene un valor antiguo difícilmente de encontrar en nuestros tiempos.
Justamente el impulsar un comercio de calidad es la acción determinante en la que trabajaremos con el nuevo programa de rehabilitación de locales comerciales, que espero desde el Consorcio se lo podamos ofrecer a la ciudadanía en poco tiempo.

– A veces la rehabilitación se manifiesta de manera inversa al urbanismo. Si éste piensa en el desarrollo de la ciudad y se centra en el borde, otros se ocupan del -crecimiento interior.

– Bueno, el Plan Especial de Santiago de Conservación es un referente a seguir en toda Europa. Xerardo Estévez fue el alcalde-arquitecto que supo intervenir lo justo para que la ciudad no se convirtiese en una Compostela para visitantes, ni se perdiera por abandono como ha pasado en tantas lugares, como por ejemplo, Betanzos. Nosotros en rehabilitación seguimos este planeamiento del cual pensamos que es muy correcto.

Por otro lado, pienso que se debería dejar de hacer obra nueva de manera drástica hasta que no ocupemos totalmente la ya existente. Por revolucionario que parezca, no tengo ninguna duda de que debería estar prohibido construir mientras sigamos bajo los alarmantes parámetros actuales.

– Es preferible una ciudad compacta a una dispersa…

– Sí desde luego. Este modelo es fundamental no solo para que en un ambiente metropolitano se mantenga la competencia necesaria, sino también para luchar contra la crisis energética. Está hiperdemostrado que las ciudades con gran desarrollo horizontal contaminan más y son más incómodas para vivir, y esto lo sufren los territorios más naturales.

En Galicia estamos viviendo la época de extinción del rural. Antes era fácil ver raposos y una gran variedad de aves. Hoy eso se hace impensable, se aparece algún cuervo y poco más. Ésta es la verdadera tragedia.

– En un ejercicio de generosidad no pactada, has demostrado en tu obra un insistente interés en mantener la preexistencia constructiva por encima de todo ¿A qué atiende tal idiosincrasia?

– Hablando de locales comerciales, mucho antes de llegar yo, el bajo de los inmuebles dentro de la almendra estaba destinado al comercio. Los edificios de viviendas de nueva planta dejan el espacio destinado a locales comerciales en ladrillo y sin acabar, cuando vemos que tradicionalmente el bajo fue una planta muy importante del edificio. Por eso cuando intervienes en uno de estos espacios es fundamental mantener la esencia. La piedra y la madera son los materiales que me encuentro. Si a mayores aparece hormigón, lo respeto de igual manera. Lo feo puede llegar a se bonito, es cuestión de descontextualizarlo.

El local de la actual Galería Metro había ido cambiando de uso continuamente. Y siempre el nuevo uso se ha ido adaptando al espacio que ya estaba. Da igual vender un cuadro que unos zapatos. La rehabilitación debe ser interior, fijarse en lo profundo. La imagen puede ir cambiando pero lo de dentro es lo que hay que alimentar.

Por eso creo como persona y arquitecto que debo respetar la memoria. Una ciudad que no conserve es una ciudad amnésica, y no me refiero solo a grandes monumentos sino también a cuestiones cotidianas y domésticas.

– Eres un arquitecto silencioso…

– Eso es, yo apuesto por una arquitectura anónima, muda, no me interesa dejar mi rastro. Como los médicos cirujanos, intervengo intentando que se note lo menos posible mi labor.

– El Pazo de Bendaña, uno de los pocos urbanos de la ciudad, está a pocas semanas de ser inaugurado. Me consta que eres el coordinador de la obra…

– Pues mira, este pazo que es de 1759 y obra del arquitecto Fernández Sarela, transformó en el siglo XIX su planta baja destinada anteriormente a carruajes. Su nuevo uso derivó en locales comerciales. Los huecos de fachada de la cota de calle que en principio eran de reducidas dimensiones derivaron así en grandes escaparates de cara al público.

El Consorcio ha contribuido mucho en mantener la ciudad y en impulsarla. Para su inauguración, estoy organizando una exposición fotográfica del antes y después de la reforma de la Fundación Granell. Esto, y que se apruebe el Plan de Rehabilitación para locales comerciales, son mis retos para este año

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