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Publicado por admin o 7 June 2011

Presidente: D. Manuel Abelleira Argibay  presidente.pontevedra@colexiodearquitectos.org
Tesoreira: Dña. María Pierres López tesorera.pontevedra@colexiodearquitectos.org
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Archivado o October, 2011

Os novos valores buscan raíces

Escrito por mpierres o 25 October 2011

escuela_hosteleria_medina_sidoniaEl Pais- ANATXU ZABALBEASCOA - Madrid - 23/10/2011

Muchos jóvenes arquitectos recuperan el contexto para arraigar sus edificios

A la manera de las cubiertas que remontan la loma de Medina Sidonia, en Cádiz, María González (Huelva, 1975) y Juanjo de la Cruz (Sevilla, 1975) quisieron atrapar el espacio que llevaba décadas vacío entre los gruesos muros del antiguo matadero mediante una nueva cubierta de cerámica cocida. Es esa cubierta la que dibuja la cara de la nueva Escuela de Hostelería de la ciudad. Con sus patios-chimenea y sus maceteros de hierbas aromáticas para emplear en la escuela, la cerámica se expresa en un idioma propio que hace evolucionar el que habla el lugar. Los patios también permitían que una celosía fuera la cara de una escuela infantil que firmaron en Ayamonte los mismos arquitectos.

En su web, ambos, profesores en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, citan al escritor francés Julien Gracq, que en su ensayo Escribiendo leyendo aseguraba que la escritura se origina en la lectura, que se escribe porque otros antes que nosotros han escrito, y que se lee porque otros antes que nosotros han leído. Esa idea de conocerse, sumarse, reinventarse y reconocerse es lo que practican cada vez más arquitectos españoles, más fascinados por colaborar en la construcción de entornos de buena vida que por la voluntad de brillar durante una día.

La idea es la de arrimar el hombro, pero también la de pertenecer y echar raíces sin recurrir a la nostalgia ni renunciar al progreso. González y De la Cruz (que firman como Sol89, el nombre y el número de la calle sevillana desde la que trabajan) no están solos.

También el Palacio de Congresos que Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera levantaron en Santa Eulalia del Río, en Ibiza, se arraiga en un bosque de pinos frente al mar, dividiéndose en múltiples volúmenes pero manteniendo el trazado urbano. Insertado en el terreno con muros de contención y dejándose cubrir por una capa vegetal, tiene tres elementos que hablan, de nuevo, desde la cubierta para explicar los usos del edificio como escena y lugar de ensayo. Pesquera y Ulargui hablan de “construir con retales” y de trasladarlos de la arquitectura popular a la actualidad.

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En Cartagena, el no tan joven Martín Lejárraga lleva años haciendo algo similar. En su casa-taller para un pintor y dos gatos, reconoce el trabajo de un arquitecto anterior, Lorenzo Ros, a la hora de proyectar una vivienda como un lugar agradable para vivir en la grisura de los años cincuenta. “Puedes estudiar la historia, documentarte con imágenes de casas soñadas, analizar las de amigos y enemigos, pero al final encargar la tuya no es un asunto fácil”, explica Ángel Charris, el pintor convertido en cliente de Lejárraga.

Moderna, lúcida y realista, la casa habla de la modernidad de su dueño, del juicio de su arquitecto, pero también de las raíces del lugar, de la escala del barrio y de los materiales de la ciudad. Ese diálogo a tres bandas es el que juegan muchas de las arquitecturas de hoy. Ambiciosas y sensatas, pausadas y rotundas, saben que el partido más importante se juega en casa.

Yoshichika Takagi: casa de madeira en Sapporo

Escrito por mpierres o 11 October 2011

01_takagi_housek_popupHouse k es un experimento residencial llevado a cabo por el arquitecto Yoshichika Takagi en la ciudad de Sapporo. Al arquetipo de la casa con cubierta a dos aguas, el proyectista añade el de la aldea como conjunto de viviendas con caracteres comunes y trata de recrear la atmósfera de proporciones armónicas que caracteriza a las pequeñas aldeas y a los pueblos en el interior de una sola casa.

Reflexionando sobre los lenguajes habitativos que definen los interiores y los exteriores, Yoshichika Takagi ha utilizado la casa de Sapporo como metáfora de la ciudad. Asimilando la vivencia de una urbe con la de una vivienda privada, Takagi atribuye a la cocina-cuarto de estar el valor de la plaza, a la que se accede por un atrio cerrado y estrecho, como en un tejido medieval, y por tanto, a cada uno de las demás funciones una “casa” diferente, declarando la importancia de su distinción en las costumbres cotidianas. Su objetivo es recrear en el interior un paisaje externo.
La madera es el material, estructural y decorativo, elegido para construir este experimento residencial. Muy usado en la construcción japonesa del pasado, y en algunos casos elegido todavía por los arquitectos contemporáneos, la madera refuerza la idea de la casa arquetípica, casa de los orígenes, y aún más de la cabaña de las herramientas, si es usada con los listones en sentido vertical, que remiten al tiempo de la pobreza: una humildad aparente y completamente construida, visto que los listones toscos, con sus colores naturales crean un arco iris de matices refinado y precioso. En la fachada con cubierta a dos aguas y con un solo nivel más desván, Takagi diseña otra casa, a imitación de la primera, de cuyo perfil saca la entrada en un juego de off-set de líneas que enciende la curiosidad de mirar al interior. Al entrar uno se encuentra frente a la paradoja, finamente diseñada. Dos pequeñas habitaciones que hacen las veces de atrio conducen a un espacio de día a toda altura, el cuarto de estar cocina corazón de la casa, al que se asoman los perfiles de tantas otras casas como aquella en las que nos encontramos: una casa es el muro en voladizo hasta el techo detrás del cual se encuentran los dormitorios, otra es la habitación de las librerías, otra más, detrás de ésta y más pequeña, como en una composición de perspectiva es el baño (que, como es costumbre en Japón, está compuesto por tres habitaciones, la del inodoro, el ante baño para vestirse-desvestirse y por último la habitación de la bañera). Sube en el centro del cuarto de estar una escalera que da acceso al desván, un bonito homenaje a las escaleras de madera de los gallineros que llevaban para arriba a las pocilgas escondidas de los animales del corral. En la casa moderna la escalera conduce a la habitación de los huéspedes que, coherentemente con la metáfora, es una habitación que no forma parte del núcleo principal de la vivienda. Ésta presenta también una amplia ventana hacia el centro de la casa que permite llegar a otro nivel de exploración, el del techo de la “casita” contigua, un punto panorámico bañado por la luz de una ventana sobre el techo. Todo ello se concluye con la puerta ventana, naturalmente de perfil en casita, que da acceso al jardín en la parte trasera. Pero donde esté realmente el límite entre el exterior y el interior, si el interior aparenta a su vez ser una plaza y su mirador de viviendas, es el juego exploratorio de este proyecto, tan comprensible y reconocible fuera, cuanto ambiguo y múltiple dentro.
Con el objetivo del estudio, subvertir las reglas tradicionales del contexto paisajístico y la vivencia de un interior, Yoshichika Takagi ha utilizado la madera, en el exterior y en el interior, como si estuviese construyendo un modelo a escala, limpiándolo de cualquier decoración y dejando que el material desnudo diseñara con claridad las partes.

de Mara Corradi

Proyecto: Yoshichika Takagi
Cliente: Midori & Akifumi Kumagai
Lugar: Sapporo, Prefectura de Hokkaido (Japón)
Proyecto de las estructuras: Daisuke Hasegawa (Daisuke Hasegawa & Partners)
Superficie útil bruta: 226 m2
Área del solar: 380 m2
Inicio del Proyecto: 2009
Final de las obras: 2009
Estructura de madera
Revestimiento exterior de caoba
Revestimientos interiores de pino
Suelos de abedul blanco
Cocina a medida de Yoshichika Takagi
Mobiliario de baño Inax
Fotografías: Seiya Miyamoto, Toshiyuki Yano