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Publicado por admin o 7 junio 2011

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Esta vendo Noruega

Arquitectura y Verano 4: Sverre Fehn en bicicleta

Escrito por mpierres o 27 agosto 2010

sverre-fehnEl Pais - Anatxu Zabalbeascoa - 26.08.2010

El único arquitecto noruego reconocido con el premio Pritzker no aprendió del norte sino del sur. Para relacionar arquitectura y hielo, para hacer hablar al paisaje, Sverre Fehn (Konsberg, 1924-Oslo 2009) tuvo que viajar a Marruecos. Tenía 28 años cuando, en 1950, pasó una temporada larga en el norte de África. Le acompañaba su mujer, la pianista Ingrid Lobers Pettersen. Se acababan de casar. Ingrid se quedaría con él toda su vida. Marruecos también.

Entre las viviendas de adobe y el desierto, Fehn aprendió una lección que llenó de sombras el credo moderno que, por entonces, a mediados del siglo XX, se construía como la vanguardia. En esa relación con el lugar el arquitecto leyó algo más internacional que en cualquier estilo de vidrio y acero, por mucho que éste se empeñara en etiquetarse internacional. Casi parafraseando a Picasso, Fehn pronunció en Marruecos una frase que hizo suya “Descubro. Y soy lo que descubro”. Se descubrió. Se reconoció. Una sola frase puede parecer poco. Pero es mucho en boca de un hombre que ni habló ni escribió prácticamente nada. Fehn sólo construyó. Y construyó poco, apenas una veintena de edificios de tamaños medio y pequeño. Nunca dejó de trabajar. Pero jamás tuvo más de dos proyectos sobre la mesa. Nunca colaboraron en su estudio más de cinco personas. Con frecuencia trabajó solo. Esos son los números del Pritzker del 97.Escasamente teórico, pero muy reflexivo, Fehn fue un profesor escuchado, recordado y, ahora, añorado. En sus clases no hablaba de su trabajo. Y tuvo tiempo y motivos para hacerlo: dio clases durante treinta  años en la Escuela de Arquitectura de Oslo. Creía firmemente en la cercanía entre vida y trabajo. Consideraba necesario habitar cerca de los proyectos y confiaba en la presencia del arquitecto durante la construcción tanto como en dejar dibujado hasta el más mínimo detalle sobre el plano. Dicho esto, confiaba muy poco en las teorías. Así que en 1950, durante ese viaje a Marruecos vio la luz. El barro le habló.

Hasta entonces Fehn había viajado mucho por Europa para ver arquitectura. Lo hacía acompañado por amigos proyectistas. Y en bicicleta. Pedalear hasta un edificio era una manera de comprender la arquitectura que le interesaba. Le obligaba a dedicar tiempo  a las visitas. Debía aproximarse poco a poco hasta los edificios, observando el contexto, adivinando los inmuebles en la distancia hasta descubrirlos en un lugar que siempre era distinto al que retrataban las fotos. Le interesaba esa suma: los edificios en sus paisajes, la arquitectura utilizada por las personas.

Con todo, el viaje a Marruecos no fue en bicicleta. Por entonces Fehn tenía un Citroën Dos Caballos. Y no le daba miedo el desierto. Le fascinó que el color de las ciudades fuera el mismo que el de la tierra, que arquitectura y paisaje se fundieran en un mismo horizonte. No es exagerado decir que, en Marruecos, Fehn creyó comprender el mundo. Le parecía que esa mezcla de pobreza y limpieza arquitectónica era elocuente,  que en esa idea, de la tierra como la base de la que nace la arquitectura, era la clave: “es en el encuentro con el suelo donde la construcción encuentra su dimensión”.

Con ese bagaje, Fehn se presentó sólo a dos concursos. Y los ganó los dos.  En 1958, levantó el pabellón Noruego en la Exposición Universal de Bruselas. Literalmente. Sólo 48 tornillos lo mantenían unido y Fehn disfrutó su primer edificio: se gastó los honorarios en el alquiler de una habitación de hotel para supervisar la llegada de las piezas y su colocación. Esa idea, la de visitar varias veces al día  la obra, está presente en muchos de sus trabajos. Unos años después, y en otro pabellón extranjero, el de los países nórdicos que permanece en los jardines de la Bienal de Venecia, Fehn culminaría lo que para muchos es su obra maestra. Sin un umbral claro, el pabellón es moderno pero habla de un orden clásico. Austero, sin maquillaje y atravesado por varios árboles, el edificio ha sabido asumir el paso del tiempo como parte de su expresión. Fehn lo quiso así, cuando le pidieron que cortara los árboles se negó. “Entre la naturaleza y la tecnología gana la naturaleza”.

Las casas pequeñas, con programas enormes, fueron uno de los grandes retos de este arquitecto. En realidad, en los muchos años en los que recibió pocos encargos, fue esta tipología la que le permitió seguir construyendo, algo esencial para su manera de pensar. Partía de la base de que no creía en la casa como en un escenario vacío.  Tal vez por eso, ninguna de sus viviendas es neutral. Sus casas retratan tanto al lugar como al inquilino. Pero también a la arquitectura como algo cambiante

Fehn comentó en una ocasión que había estado media vida diseñando la casa-estudio de su amigo pintor Ingolf Holme. Cuando finalmente la concluyó, en 1996, la planta quedó formada por la intersección de dos cuadrados de muy distinto tamaño. El pequeño, en uno de los ángulos, formaba una especie de torre del homenaje. Las mejores vistas de la casa eran para el baño, en la segunda planta de esa torre. Fehn declaró entonces que no sabía si la casa, dibujada durante tantos años, había marcado la pintura de su amigo o si, al contrario, había sido la pintura de Holme la que había, al final, engendrado una planta así. Abrigada por lamas de madera y apostada al pie de una colina, es uno de sus trabajos más sobresalientes.

Tras cerca de veinte años de vida precaria y dificultades económicas, el Pritzker de 1997 llevó a su estudio reconocimiento, pero no más trabajo.  Prácticamente recogida en Noruega, la obra de Fehn es así: poca y muy cuidada. Y la voluntad de hacer más visible el paisaje es la marca de su hacer.

Demasiado Munch para Oslo

Escrito por mpierres o 8 enero 2010

futuro-museo-munch-en-osloEl Pais -ISABEL LAFONT - Madrid - 06/01/2010

Los críticos de arte aullaron en 1893 cuando vieron por primera vez El grito, la obra más famosa de Edvard Munch. Más de un siglo después, también se han alzado voces contra el proyecto del nuevo museo que albergará el legado artístico del pintor noruego. El debate, en esta ocasión, tiene que ver con el impacto urbanístico del edificio proyectado por el arquitecto español Juan Herreros que, en 2013 según los plazos previstos, se alzará en el barrio de Bjorvika, en la bahía de Oslo. Es parte de un gran plan de remodelación que pretende abrir la capital noruega al mar.

El director general de Patrimonio Nacional en Noruega, Jorn Holme, ha sido el último en expresar sus reservas sobre el proyecto, que el pasado mes de abril se adjudicó Herreros tras ganar un concurso internacional al que también se presentaron superestrellas como Zaha Hadid o Tadao Ando. El plan, llamado Lambda, abarca, además del Museo Munch, una playa, un barrio residencial y una biblioteca.

Según declaraciones de Holme, sus objeciones se refieren a la totalidad del proyecto urbanístico de la capital noruega, que afecta a la zona en la que Oslo fue fundada en la Edad Media y que contiene un importante patrimonio cultural. “La intención del director general nunca ha sido suscitar o participar en un debate arquitectónico”, puntualiza Margrethe Tviberg, directora general en funciones de Patrimonio Nacional. “Jorn Holme no tiene nada que decir respecto a Lambda, el proyecto para el Museo Munch, o la arquitectura del reconocido Juan Herreros como tal. Patrimonio Nacional ha expresado su objeción al emplazamiento del edificio, no al edificio en sí mismo”. Tviberg insiste en que esa preocupación se encuadra en la discusión sobre la remodelación urbanística de la capital noruega que tiene como interlocutor al Ayuntamiento de Oslo -que es quien lo ha promovido- y que “no se trata de un debate sobre el nuevo Museo Munch específicamente”.

bahia-de-osloEl director de la Ópera de Oslo, Tom Remlov, plantea, sin embargo, unas quejas más concretas. “No me opongo al proyecto en sí, sino a sus dimensiones. Por lo que he tenido ocasión de ver, el edificio será desproporcionadamente alto, resaltará enormemente y llamará mucho la atención”, explica. Remlov no oculta su preocupación por el “conflicto” que supondrá la proximidad del Museo Munch con el actual edificio de la Ópera y Ballet Nacional de Oslo, otro inmueble inconfundible, diseñado por el estudio noruego Snøhetta, que recibió el año pasado el premio Mies van der Rohe y tiene la horizontalidad como nota de distinción: “Si se construye un edificio emblemático al lado de otro ya notable, se anularán recíprocamente”. Remlov insiste en que es necesario estudiar bien el impacto visual que el futuro museo tendrá y, para ello, propone que se construya un andamio del mismo tamaño que el proyecto de Herreros.

El arquitecto español asegura que este tipo de discusión en Noruega es normal en proyectos de esta envergadura y recuerda que el edificio de la ópera tardó 10 años en construirse. “Es una forma de ejercer la práctica arquitectónica en un contexto de gran transparencia y de alta participación colectiva. En lugar de desarrollarse en una sala de reuniones, es bastante público. Es otra forma de trabajar”, dice Herreros, que en la actualidad trabaja en el proyecto y admite que quizá haya modificaciones. “No me preocupa dónde va a terminar el proyecto. Mi trabajo no consiste en defenderlo con uñas y dientes, sino que responde a unas exigencias y es adaptable con pequeños cambios a las situaciones. Posiblemente habrá que desplazar algo el edificio”, señala. En alusión al impacto que tanto preocupa al director de la Ópera de Oslo, añade: “La altura o la anchura no es el problema, sino el perfil de vistas que plantea. Habrá que buscar la forma de encajar el edificio en ese perfil”. Pero, por si queda alguna duda, Herreros recuerda que su plan fue aprobado por unanimidad por la ciudad de Oslo y es categórico: “Lo que no está en cuestión es el proyecto. Habrá un Museo Munch, lo haremos nosotros y todas las partes interesadas tratarán de conseguir algo”.

En Ámsterdam, los arquitectos Antonio Cruz y Antonio Ortiz, ganadores del concurso para la remodelación del Rijksmuseum, han vivido un debate público similar al que ahora afronta Herreros. Su proyecto inicial fue rechazado en 2004 por la poderosa Federación Ciclista de la ciudad porque suponía cerrar el paso de las bicicletas por la galería central del edificio. A finales del pasado año, los arquitectos presentaron su tercera propuesta que, por fin, obtuvo el consenso de todos, ya que permitirá un uso mixto para peatones y bicicletas.

Casa de veraneo”inside-out” , Hvaler, Noruega. Reiulf Ramstad Arquitectos

Escrito por mpierres o 5 septiembre 2009

casa-inside-outLa Cabina Inside Out del estudio noruego  Reiulf Ramstad Arquitectos se encuentra en la cima de la colina en Hvaler - Noruega, con vistas al  mar y  al  horizonte. Se coloca en el medio de un paisaje sin cultivar en una  pequeña isla. La casa fue diseñada para armonizar con su entorno, por la elección de la materia prima y grandes vidrios, se desdibuja al límite entre el interior y el  exterior.

El diseño de la casa permite una estrecha interacción con la natureza y el hermoso paisaje. Genera una sensación de estar al  aire libre desde su  interior. El uso de las fachadas y ventanas de vidrio permite que la naturaleza entre  en la casa desde  todos los ángulos y se pueda seguir el sol desde cuando sale hasta cuando  se pone.

La pequeña escala del edificio, junto con el  uso de materiales de madera que desarrollarán gradualmente una pátina gris, permite al proyecto interactuar y  encajar con la topografía  y los  colores naturales del paisaje circundante.

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