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Publicado por mpierres o 10 Agosto 2010

http://www.coagpontevedra.es/?p=3938

Hoxe, martes, día 10 de Agosto, saíu publicado na web do Concello de Pontevedra o anuncio e bases que rexirán o CONCURSO CON INTERVENCIÓN DE JURADO PARA LA SELECCIÓN DEL ANTEPROYECTO DE REHABILITACIÓN DE ZONA DEGRADADA POR LAS TRASERAS DE LOS EDIFICIOS DE LA MANZANA 135 DE PONTEVEDRA, FRENTE AL SANTUARIO DE LA VIRGEN PEREGRINA.
O fin [...]

 

Esta vendo Europea

“No comment I” : Bratislava, Hotel Spirit

Escrito por mpierres o 3 Setembro 2010

spirit-hotelSe inicia con esta, unha serie de imaxes de arquitecturas, que , por indescriptibles ou inclasificables merecen un lugar na nosa galería.

Se queres participar, fainos chegar as túas propias imaxes ou búsquedas para compartilas na web, e , se te atreves, coméntaas…

A primeira imaxe desta serie fai referencia ao hachazgo a través da rede deste hotel en Bratislava, o “Hotel Spirit”.

Video RTVE.es: “Arquitecta, mileurista y en paro”

Escrito por mpierres o 31 Agosto 2010

alexiaRTVE.es - MIRIAM HERNANZ / R.J. SIMÓN MADRID 03.03.2009

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Cuando siendo una adolescente Alexia Maniega decidió estudiar Arquitectura, nunca imaginó que después de toda una década de estudios quedaría en paro nada más ingresar en el mercado laboral. Una profesión tan cualificada significaba, en aquella época, trabajo seguro.

Pero las turbulencias económicas han impactado de lleno en los profesionales de gran formación académica y de sectores que rara vez registran paro, que han visto cómo sus esfuerzos en la universidad no están siendo recompensandos ni con un sueldo digno ni con un trabajo “en lo suyo”.

Alexia llevaba seis meses trabajando en una ingeniería cuando su jefe la convocó a una reunión. Junto a ella, el resto de compañeros que habían entrado a la empresa a la vez. “Nos explicaron que en el departamento de arquitectura nunca habían tenido que echar a gente, siempre había trabajo. Pero que en ese momento todo estaba parado y tenían que despedirnos”, recuerda.

“En la carrera jamás pensé que me pasaría algo así. Era una etapa muy floreciente, en la que se construía mucho… Muchos de mis profesores me ofrecían trabajos y llegó un momento en que tuve que decir no a muchas ofertas porque mi prioridad era terminar la carrera”, sostiene.

Su despido y el del resto de sus compañeros arquitectos fue una decisión insólita, pero que sí podía llegar a esperarse, ya que la mayoría de proyectos que encargaban a la empresa terminaban en agua de borrajas. “Había empezado a ahorrar, pero por mucho que ahorres, en seis meses no te da para mucho”, asegura resignada.


“Tengo edad para vivir fuera de casa”

El despido le llegó un mes después de que se independizara junto a su novio José Miguel, también arquitecto. En medio de la ilusión de montar su nueva casa -”la mayoría son muebles prestados o regalados”- recibieron el jarro de agua fría. Un inmueble de 60m2, por el que pagan 800 euros de alquiler y situado en el madrileño barrio de Lavapiés, pasó de ser su ilusión a su preocupación, al no contar con ingresos fijos. “Mis prioridades ahora son pagar el alquiler, las facturas y llenar la nevera”, dice Alexia.

“Antes sí que pensaba: si ahorro un poco me puedo ir de vacaciones a un lugar más lejano. Ahora sólo pienso en cubrir gastos”, reconoce esta joven de 30 años que sostiene que “ya tengo edad para vivir fuera de casa de papá y mamá. ¡Es lo único que pido!”.

“¿Mis ingresos? A día de hoy, ninguno. No tengo ningún ingreso. Cuento con el respaldo de mi pareja y mis padres“. Ésa es la agónica situación económica que atraviesa y a la que intenta hacer frente desde el optimismo y el trabajo.

Alexia busca empleo cada mañana. Manda currículos por internet y dedica muchas horas a preparar proyectos que presentar a los concursos públicos que van saliendo. Una vía de salida a su situación en la que cada vez se encuentra más “competidores”. “Antes se presentaban 25 ó 30 proyectos a un mismo concurso público… ahora puede haber hasta 300 solicitudes. Con la crisis ha llegado a multiplicarse por 10 la participación”, asevera.

El sueño de arquitecto estrella se rompió hace mucho tiempo para Alexia. Durante sus años de estudio, trabajó para algunos de sus profesores y, poco a poco, fue dándose cuenta de que sólo unos pocos privilegiados llegan a ser conocidos.

“Yo he renunciado a hacerme rica con mi trabajo. En la carrera nos venden una imagen que no es cierta. En ningún momento te hablan de las dificultades para encontrar un contrato o que tu sueldo va a ser de mileurista”, asegura indignada. “Ahora mismo, con tantísimo licenciado, es super difícil aspirar a arquitecto estrella”, dice con sorna.

“Es que se ven ofertas de 1.000 eutos al mes como autónomo. ¡Puestas en el colegio de arquitectura! Es que es para decir… ¿te estás quedando conmigo? ¡No se puede permitir!”, afirma.

“No tengo miedo a trabajar de cualquier cosa”

Muchos estudios de arquitectura optan por contratar como autónomos a gente que, en realidad, desarrollan trabajo por cuenta ajena. Unas condiciones laborales más propias de profesionales con mano de obra no cualificada. De este modo, muchos arquitectos se ven sin derecho a una paga de paro, sin derecho a una baja maternal o sin opción a vacaciones no pagadas.

“Mis padres no se podían creer que después de terminar esta carrera tan dura, en la que tanto sufrieron conmigo, su hija, toda una arquitecta, cobrara 1.300 euros como autónoma”, recuerda Alexia.

“Uff… ¿Que cómo me veo dentro de seis meses?”, dice esta joven madrileña con cara de circunstancias. “Trabajando. Me veo trabajando, sea de lo que sea. La palabra parado no me da miedo, porque, a fin de cuentas, no se puede estar sin trabajar toda la vida”, concluye.

Atocha alóngase cara o Sul

Escrito por mpierres o 30 Agosto 2010

obras-atochaEl Pais- PILAR ÁLVAREZ - Madrid - 28/08/2010

La antigua estación de Mediodía se estira hacia el Sur. Atocha, la estación de trenes más transitada de España, estrenará año con una nueva terminal solo para llegadas. La imponente estructura de acero blanco, cubierta con grandes ventanales de vidrio y enormes pasarelas rodantes llevarán en volandas al viajero desde el andén hasta la calle. Atocha, en obras desde hace un año, ha seguido prestando servicio. Más de 800 obreros amplían la construcción a un lado, mientras al otro el viaje sigue.
 

 La inauguración está prevista en diciembre, con la llegada del primer tren de Alta Velocidad que conecte Madrid con Valencia. La gran Atocha vuelve a estar bajo la supervisión del arquitecto Rafael Moneo, el único premio Pritzker español, que ya se encargó de la remodelación para que en 1992 entrara al andén el primer AVE procedente de Sevilla. Aquel tren era casi un intruso. Ahora la alta velocidad copa en exclusiva la ampliación, que dividirá Atocha en dos.

Los futuros pasillos rodantes y los andenes de granito que ya están acabados forman parte de la terminal de llegadas. Igual que ocurre con los aviones, el viajero del tren dispondrá de dos espacios diferentes. La estación actual se reservará a las salidas. Los que entren a Madrid lo harán más al sur.

La terminal forma parte de la primera fase de ampliación prevista por el Ministerio de Fomento, con un presupuesto de 171,4 millones de euros que también ha servido para adaptar las vías. La primera intervención de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, dependiente de Fomento) supuso un nuevo trazado de vías (con trenzados llamado bretelles) que permite que los trenes se desvíen de un rail a otro. Es una operación simple que amplía enormemente la capacidad de tránsito. “Las nuevas vías permitirán duplicar el número de viajeros”, explica a pie de obra el gerente de Infraestructuras de la línea centro de Adif, Manuel Puga, que acompaña a EL PAÍS en un recorrido por la obra adjudicada a la UTE Dragados Tecsa. El objetivo es doblar la capacidad diaria de 42.000 a 80.000 viajeros. O, lo que es lo mismo, pasar de 16 a 36 millones de usuarios en los próximos 15 años.

La estructura de la nueva estación cubre 15 vías repartidas en ocho andenes. El techo alcanza en algunos tramos los 20 metros de altura. Y desde lo alto, entra la luz. Los ventanales miran hacia el norte. Es una elección pensada, que permite que entre la claridad pero no el sol. Durante la visita, cuando la temperatura prevista es de 35 grados centígrados en los últimos coletazos de la ola de calor, se puede pasear (o construir) bajo la nueva marquesina sin sudar una gota, casi al fresco, un detalle que agradece el visitante y, por supuesto, el obrero. Más de 800 trabajadores participan en la segunda ampliación de Atocha. Se agrupan a un lado, en la parte nueva, mientras los pasajeros entran y salen a lo lejos, al fondo de una estación que no ha dejado de funcionar ni un solo día durante los meses de obra.

El trasiego de trenes (tanto los AVE como los de Cercanías, que operan a pocos metros) ha condicionado el proyecto. Entre otros aspectos, en la selección de materiales, como explica el arquitecto director del equipo de Atocha, Pedro Elcuaz, responsable junto a Moneo y otros cinco profesionales del avance de los trabajos. “Para las estructuras hemos usado sobre todo acero, lo que nos permite trasladar a la estación grandes elementos que rápidamente puedes juntar y soldar”, explica por teléfono.

Grúas, cables y redes ocupan ahora terminal en la que opera la tropa de profesionales: carpinteros, soldadores, instaladores… Trabajan todo el día, en turnos de mañana, tarde y noche porque hay operaciones que solo se pueden hacer sin actividad, cuando no hay tránsito y se puede cortar el suministro para manipular catenarias o vías, cuando se puede entrar para descargar las nuevas piezas que descansan embaladas bajo las bóvedas del corredor, pasado y futuro del proyecto. El arquitecto Rafael Moneo las incluyó en la primera ampliación para cubrir el aparcamiento. Parte de esas bóvedas se mantendrá como está, dando sombra a los coches. Y otras cubrirán al viajero.

“Hemos utilizado y aislado 16 cúpulas antiguas en la ampliación”, señala Elcuaz.

Es uno de los nexos entre el primer proyecto de Moneo y la evolución, en la que el cambio que más salta a la vista es el del color. Ya no habrá hormigón desnudo ni vigas rojizas. Ahora el blanco cubre de arriba abajo los enormes pilares de 12 metros y también los techos, tanto por dentro como por fuera. El nuevo tono lo eligió sobre el terreno el propio Moneo, que visita la obra al menos cada 15 días para ver cómo marchan los trabajos. “Rafael está en todos los detalles”, asegura el gerente de Adif. El pasado marzo pintaron con media docena de tonos distintos de blanco una de las columnas y Moneo seleccionó el que mejor se adaptaba a la obra.

Casi toda la estación está ya cubierta de ese nuevo blanco, el color que mejor recoge la luz. Solo faltan por cubrir algunas vigas pendientes de la soldadura. Encajar las gigantescas piezas de acero traídas a Atocha desde talleres de Vitoria o Coslada es una de las tareas “más difíciles de todo el proyecto”, asegura Manuel Puga. Mientras habla, saltan chispas en lo alto de una grúa instalada sobre un andén vacío. Un soldador ensambla ese “puzle perfecto” del que habla el gerente. Otro obrero coloca filas de ladrillos junto al futuro pasillo rodante que transportará en unos minutos al viajero desde el tren al vestíbulo que queda cubierto por una viga enorme que descansa sobre dos sujeciones.

Atocha sigue creciendo. A finales del siglo XIX el arquitecto Martín Alberto de Palacio terminó el primer edificio, un empeño de la Casa Real para conectar la ciudad con el Real Sitio de Aranjuez. En 1992, se amplió para el primer AVE, el que unía Madrid con la Exposición Universal de Sevilla. Ya en el siglo XXI se hace aún más grande. Faltan otras dos fases de plazos aún difusos para los que se han previsto 350 millones de euros más. Queda obra pendiente dentro del mismo proyecto de Rafael Moneo.

La Atocha futura, la del tercer estirón, tendrá un aparcamiento subterráneo cubierto por un jardín, más espacio para los trenes de Cercanías, cuya terminal también se ampliará, y una nueva estación subterránea bajo la calle de Méndez Álvaro, por la que circularán tanto trenes de Alta Velocidad con parada en Atocha como los que prosigan su viaje hacia el norte por el tercer túnel que le conectará con la estación de Chamartín a finales de 2011.

Arquitectura e Verán 4: Sverre Fehn en bicicleta

Escrito por mpierres o 27 Agosto 2010

sverre-fehnEl Pais - Anatxu Zabalbeascoa - 26.08.2010

El único arquitecto noruego reconocido con el premio Pritzker no aprendió del norte sino del sur. Para relacionar arquitectura y hielo, para hacer hablar al paisaje, Sverre Fehn (Konsberg, 1924-Oslo 2009) tuvo que viajar a Marruecos. Tenía 28 años cuando, en 1950, pasó una temporada larga en el norte de África. Le acompañaba su mujer, la pianista Ingrid Lobers Pettersen. Se acababan de casar. Ingrid se quedaría con él toda su vida. Marruecos también.

Entre las viviendas de adobe y el desierto, Fehn aprendió una lección que llenó de sombras el credo moderno que, por entonces, a mediados del siglo XX, se construía como la vanguardia. En esa relación con el lugar el arquitecto leyó algo más internacional que en cualquier estilo de vidrio y acero, por mucho que éste se empeñara en etiquetarse internacional. Casi parafraseando a Picasso, Fehn pronunció en Marruecos una frase que hizo suya “Descubro. Y soy lo que descubro”. Se descubrió. Se reconoció. Una sola frase puede parecer poco. Pero es mucho en boca de un hombre que ni habló ni escribió prácticamente nada. Fehn sólo construyó. Y construyó poco, apenas una veintena de edificios de tamaños medio y pequeño. Nunca dejó de trabajar. Pero jamás tuvo más de dos proyectos sobre la mesa. Nunca colaboraron en su estudio más de cinco personas. Con frecuencia trabajó solo. Esos son los números del Pritzker del 97.Escasamente teórico, pero muy reflexivo, Fehn fue un profesor escuchado, recordado y, ahora, añorado. En sus clases no hablaba de su trabajo. Y tuvo tiempo y motivos para hacerlo: dio clases durante treinta  años en la Escuela de Arquitectura de Oslo. Creía firmemente en la cercanía entre vida y trabajo. Consideraba necesario habitar cerca de los proyectos y confiaba en la presencia del arquitecto durante la construcción tanto como en dejar dibujado hasta el más mínimo detalle sobre el plano. Dicho esto, confiaba muy poco en las teorías. Así que en 1950, durante ese viaje a Marruecos vio la luz. El barro le habló.

Hasta entonces Fehn había viajado mucho por Europa para ver arquitectura. Lo hacía acompañado por amigos proyectistas. Y en bicicleta. Pedalear hasta un edificio era una manera de comprender la arquitectura que le interesaba. Le obligaba a dedicar tiempo  a las visitas. Debía aproximarse poco a poco hasta los edificios, observando el contexto, adivinando los inmuebles en la distancia hasta descubrirlos en un lugar que siempre era distinto al que retrataban las fotos. Le interesaba esa suma: los edificios en sus paisajes, la arquitectura utilizada por las personas.

Con todo, el viaje a Marruecos no fue en bicicleta. Por entonces Fehn tenía un Citroën Dos Caballos. Y no le daba miedo el desierto. Le fascinó que el color de las ciudades fuera el mismo que el de la tierra, que arquitectura y paisaje se fundieran en un mismo horizonte. No es exagerado decir que, en Marruecos, Fehn creyó comprender el mundo. Le parecía que esa mezcla de pobreza y limpieza arquitectónica era elocuente,  que en esa idea, de la tierra como la base de la que nace la arquitectura, era la clave: “es en el encuentro con el suelo donde la construcción encuentra su dimensión”.

Con ese bagaje, Fehn se presentó sólo a dos concursos. Y los ganó los dos.  En 1958, levantó el pabellón Noruego en la Exposición Universal de Bruselas. Literalmente. Sólo 48 tornillos lo mantenían unido y Fehn disfrutó su primer edificio: se gastó los honorarios en el alquiler de una habitación de hotel para supervisar la llegada de las piezas y su colocación. Esa idea, la de visitar varias veces al día  la obra, está presente en muchos de sus trabajos. Unos años después, y en otro pabellón extranjero, el de los países nórdicos que permanece en los jardines de la Bienal de Venecia, Fehn culminaría lo que para muchos es su obra maestra. Sin un umbral claro, el pabellón es moderno pero habla de un orden clásico. Austero, sin maquillaje y atravesado por varios árboles, el edificio ha sabido asumir el paso del tiempo como parte de su expresión. Fehn lo quiso así, cuando le pidieron que cortara los árboles se negó. “Entre la naturaleza y la tecnología gana la naturaleza”.

Las casas pequeñas, con programas enormes, fueron uno de los grandes retos de este arquitecto. En realidad, en los muchos años en los que recibió pocos encargos, fue esta tipología la que le permitió seguir construyendo, algo esencial para su manera de pensar. Partía de la base de que no creía en la casa como en un escenario vacío.  Tal vez por eso, ninguna de sus viviendas es neutral. Sus casas retratan tanto al lugar como al inquilino. Pero también a la arquitectura como algo cambiante

Fehn comentó en una ocasión que había estado media vida diseñando la casa-estudio de su amigo pintor Ingolf Holme. Cuando finalmente la concluyó, en 1996, la planta quedó formada por la intersección de dos cuadrados de muy distinto tamaño. El pequeño, en uno de los ángulos, formaba una especie de torre del homenaje. Las mejores vistas de la casa eran para el baño, en la segunda planta de esa torre. Fehn declaró entonces que no sabía si la casa, dibujada durante tantos años, había marcado la pintura de su amigo o si, al contrario, había sido la pintura de Holme la que había, al final, engendrado una planta así. Abrigada por lamas de madera y apostada al pie de una colina, es uno de sus trabajos más sobresalientes.

Tras cerca de veinte años de vida precaria y dificultades económicas, el Pritzker de 1997 llevó a su estudio reconocimiento, pero no más trabajo.  Prácticamente recogida en Noruega, la obra de Fehn es así: poca y muy cuidada. Y la voluntad de hacer más visible el paisaje es la marca de su hacer.

Kinderland Kindergarten / Wolfgang Roth Arquitectos

Escrito por mpierres o 24 Agosto 2010

Este Kindergarten (guardería) se ubica en la ciudad de Stuttgart, reúne espacios para los niños y quienes trabajan. Diseñado por Wolfgang Roth Architekten tiene una fachada prefabricada de entramados en madera y sus espacios interiores buscan por sobre todo la luz con la idea de entregar buenos lugares para el aprendizaje. Con la idea de mantener a los niños siempre conectados con los espacios exteriores, se plantean patios interiores los cuales le permiten ver el exterior y además obtener iluminación natural. Más fotografías a continuación.

© Brigida Gonzalez

© Brigida Gonzalez

O Niemeyer ensina as súas tripas

Escrito por mpierres o 23 Agosto 2010

1282235595_extras_albumes_0El Mundo - Lucia González - 20.08.2010

Blanco por dentro y también, aunque aún no se sabe cómo de blanco, por fuera. Los cuatro edificios del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés (Asturias) ya están construidos, pero no acabados. Y así, con su desnudez de hormigón y cables, se les va a poder conocer en una serie de jornadas de puertas abiertas y visitas guiadas, a partir del sábado, a las que se han apuntado más de 2.000 personas.

Estas visitas son una curiosa forma de acercarse a un edificio, más aún cuando se trata de uno de los arquitectos vivos más reconocidos. Algo así como acudir a visitar un monumento. “Impresionará ver el auditorio sin la caja escénica, con zonas sin terminar… Esas tripas que no se suelen ver de los edificios”, señaló Roberto Alonso, uno de los arquitectos que lleva a cabo el proyecto del brasileño, durante una visita para la prensa.

Lo que se verá son las bases de un centro cultural que cuenta con ilustres amistades como la de Woody Allen -quien el próximo lunes estará en la ciudad presentando su nueva película, ‘Conocerás al hombre de tus sueños’- y que ha servido para empezar a cambiar una ciudad que ha sufrido la crisis de la industria que primero le vio crecer y colocarla en primera línea del ámbito cultural en España. Sirve, además, para cambiar el paisaje, por contraste de la arquitectura moderna con el caso histórico de la villa, declarado Conjunto Histórico Artístico.

Un escenario reversible

Una de las cosas más llamativas del auditorio, cuya altura sería el equivalente a un edificio de ocho plantas, es el vacío que hay de momento sobre lo que sería la pared trasera del escenario. Se trata de un escenario reversible. Donde ahora hay un vacío, como si de una ventana gigante se tratase, se colocará una puerta guillotinada que permitirá, además de dirigir el espectáculo hacia el interior, con aforo de 998 personas, hacerlo hacia las miles que cabrían en el exterior, en la plaza que rodean los cuatro edificios.

Sobre sus paredes exteriores hay ahora varias pruebas de ‘blancos’. Se estudia qué pintura puede resistir mejor las condiciones climatológicas y la cercanía al mar. Está ubicado en la orilla de la ría y, cuando esté acabado, ofrecerá una nueva forma de observar la ciudad. Una torre mirador rodeada de ventanas, que aún no se puede visitar, ofrecerá una panorámica de 360 grados la variedad de paisaje: la urbe a un lado, la ría a otro, la zona industrial, con altos hornos, grúas e industria, en otro, las colinas en las que asoman las infinitas tonalidades del verde asturiano…

El centro viene a unir pasado y futuro de la ciudad. Una parte del territorio inundado en los años 50 por la orquesta de acero y humo de la industria siderúrgica ha dejado paso a la inyección de resplandor de la sinuosa arquitectura del brasileño, amante de las curvas por inspiración del cuerpo femenino y las playas de Copacabana.

La cúpula, ese medio “huevo” que no gusta a una parte de la población avilesina que desconfía de las posibilidades socioeconómicas del Niemeyer, por mucho que se relacione con el ‘efecto Guggenheim’ de Bilbao, está prácticamente acabada. Llama la atención la inmensa lámpara sobre tu techo abovedado, capaz de dotar de iluminación cenital al conjunto del espacio diáfano, al que se accede, en un agradable contraste, por un espacio más bien estrecho. Está zona estará dedicada a exposiciones, como también lo estará la parte de abajo del auditorio.

Los edificios estarán unidos por una práctica pasarela con techo, aunque abierta, que no eche para atrás a los visitantes en los días en que el tiempo no acompañe. En Avilés, el año pasado, llovió 179 días.

Arquitectura silenciosa

Pese a verlo en obras, la sensación que transmite el centro es de pulcritud y tranquilidad. Algo que responde, según Alonso, al modo en que se han integrado las instalaciones en el diseño de Niemeyer, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1989. “Es una arquitectura silenciosa y, por eso, ha sido todo un reto integrar de forma armónica los sistemas para la climatización y la iluminación no es fácil”, indicó.

Complementa el conjunto un edificio polivalente, donde estará la única sala de cine de versión original en Asturias. Será el lugar para cursos, talleres, clases magistrales, con cafetería y restaurante… Y todo lo que quepa en esa programación del Niemeyer que tiene vocación multidisciplinar, en un intento de seguir los pasos de centros como elPompidou parisino o el Barbican londinense.

La idea es inaugurar de forma oficial el Centro Niemeyer el próximo 15 de diciembre, día en el que el arquitecto brasileño que regaló este proyecto a Asturias cumplirá 103 años, aunque la puesta en marcha no está tan clara. Se espera que en primavera ya funcione al 100%. Una exposición de Carlos Saura será uno de los primeros proyectos que visitar, ya sin cables y con toda la blancura que se decida.

Vallecas será pop

Escrito por mpierres o 23 Agosto 2010

haiku-arquitectosEl Pais - DAVID COHN 21/08/2010

El ensanche de Vallecas cuenta con más de 45 proyectos de vivienda pública en marcha. Un escaparate de trabajos de la última generación de arquitectos madrileños

Con sus bulevares sobredimensionados que se extienden hacia el horizonte, carentes de tráfico o paseantes, y sus aisladas agrupaciones de edificios, recogidas entre solares vacíos, parques semiabandonados, reservas de suelo, viejas vías pecuarias y espacios “verdes” sin definir, el ensanche de Vallecas en el sureste de Madrid revela la desmesura del boom inmobiliario de la última década y la desolación de la crisis actual. Fue promocionado en su día como una nueva ciudad de 100.000 habitantes. Hoy los campos y cielos de la meseta todavía dominan sus calles. Aquí el Ayuntamiento de Madrid está construyendo los últimos proyectos de vivienda pública puestos en marcha antes de la crisis, siguiendo sus programas en los ensanches de Sanchinarro y Carabanchel y en otras partes de la ciudad. Mientras en sus actuaciones anteriores la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) había dado el protagonismo a proyectos firmados por arquitectos internacionales como David Chipperfield, Thom Mayne, los holandeses MVRDV o Alejandro Zaera, en Vallecas los trabajos de estudios locales, y de arquitectos jóvenes en particular, han tomado el relevo, convirtiendo el barrio en un escaparate de obras de la última generación de arquitectos madrileños. La EMVS ha entregado un total de 31 proyectos y 3.000 viviendas en el barrio, en regímenes de venta y de alquiler, y tiene 29 proyectos y casi 2.000 pisos en marcha.

Son proyectos ganados en concursos abiertos por sus autores, que proponen investigar nuevas maneras de ocupar el terreno, nuevas técnicas constructivas, nuevos materiales y nuevas configuraciones tipológicas. Están condicionados por los ajustados presupuestos y la exhaustiva normativa de la vivienda pública, aunque la EMVS ha actuado en muchos casos para hacer los cambios puntuales en el plan urbano necesarios para su realización.

En su espíritu inventivo, los proyectos mantienen vivo el viejo impulso de la arquitectura racionalista de crear los prototipos de una futura utopía social. Las reivindicaciones de los maestros del movimiento moderno del siglo pasado por una vivienda social sana, digna y funcional, bien iluminada y ventilada, y ubicada en un barrio dotado con servicios básicos, están ya más que satisfechas en una operación de la envergadura de Vallecas. Lo que queda por hacer para la arquitectura son las tareas de afrontar las deficiencias de los planes urbanos, por lo menos en la pequeña escala de la manzana, de avanzar en campos técnicos donde los promotores privados todavía se resisten a entrar -los acabados de ladrillo han desaparecido por completo en la vivienda pública, por ejemplo- y de crear hitos, irrupciones de color e individualidad en un paisaje que carece de hitos, donde todas las manzanas suelen repetir los mismos volúmenes y las mismas alturas.

La colección más densa de proyectos públicos se encuentra en el bulevar de la Naturaleza, alrededor de sus famosos “árboles de aire” del estudio Ecosistema Urbano, ahora reproducidos para el pabellón de Madrid en la Expo de Shanghai. Es la primera zona terminada del ensanche, aunque aquí también hay solares sin edificar. Ubicada en un rincón del plan urbano, lejos de las manzanas de promoción libre, conforma un pequeño núcleo de vivienda social, pero por su propia concentración alcanza una densidad urbana que todavía falta en el resto del barrio.

Los “árboles de aire”, plazas de sombra envueltas en mallas verdes de vegetación, ocupan los cruces del bulevar, cerrando vistas que en el resto del ensanche son demasiado abiertas. Son los únicos lugares en la zona donde se oye el canto de los pájaros. Alrededor se sitúan algunos de los proyectos más atrevidos de la EMVS, con acabados de planchas metálicas galvanizadas, texturas corrugadas y colores de una intensidad pop. Es una auténtica utopía de la joven arquitectura madrileña, apenas un cruce de calles, como las utopías suelen ser.

En una de las manzanas se encuentra la propuesta de Enrique Barrera y César de la Cueva, del estudio Haiku Arquitectura, que rompen con la típica manzana cerrada del barrio. En su lugar, hacen flotar sobre el solar varias barras extendidas de viviendas, apiladas unas sobre otras, y deslizándose sutilmente en sus orientaciones. Están sujetas exclusivamente por las columnas de las escaleras y ascensores, mientras cerchas de dos plantas de altura en cada barra permiten luces de hasta 18 metros. La orientación norte-sur es idónea para la iluminación natural y el ahorro energético, el suelo se convierte en un jardín, y los huecos entre las barras se prestan para terrazas comunes y viviendas de tipología especial.

En una manzana próxima, Javier Camacho y María Eugenia Macías han proyectado un bloque de viviendas como si fuera un gran armario de madera lacada, donde las ventanas se ocultan del sol detrás de puertas plegables. Para las fachadas han empleado un nuevo sistema ligero de tableros baquelizados de alta densidad, de color mostaza, y facetada para reflejar la luz de la tarde. El juego de colores y texturas continúa en el otro lado del bulevar, donde Hugo Araujo y Marién Brieva han creado una manzana-fortaleza rematada por torres recubiertas de planchas metálicas de un color verde ácido, en donde cada planta es un piso individual.

La zona también recoge obras de arquitectos más experimentados. En los bloques proyectados por Mariano Bayón se destacan las luminosas fachadas de vidrio. Eugenio Aguinaga ha salpicado las fachadas de otra manzana con rojos, naranjas y amarillos, una variación sobre el colorido proyecto en la zona de Campamento que realizó con el arquitecto mexicano Ricardo Legorreta. Y Salvador Pérez Arroyo, junto con Eva Hurtado, han proyectado una obra contundente y rigurosa, con bloques de hormigón blanco que parecen flotar sobre el suelo, animados con elementos de color y huecos a gran escala.

Dejando el bulevar de la Naturaleza por los terrenos menos poblados alrededor de la avenida de Gavia o al otro lado de la M-45, se encuentran muchos proyectos que se quedaron parados por la bancarrota de sus constructores, aunque ahora los trabajos han comenzado de nuevo después de su readjudicación, según fuentes de la EMVS. Entre ellos se destacan bloques de pisos de Guillermo Vázquez Consuegra y el inglés Peter Cook, antiguo miembro de Archigram (en colaboración con Salvador Pérez Arroyo), dos promociones de casas adosadas de los estudios Selgascano y Dosmasuno, y la última obra de Miguel Fisac, proyectada antes de su muerte en 2006 con 92 años, donde siguió experimentando con sus curiosos encofrados blandos para el hormigón y otras técnicas patentadas de su propia invención.

Entre los pocos proyectos de la EMVS terminados en estas zonas, Fernando Pino y Manuel G. de Paredes han empleado acabados metálicos -en este caso, de chapa de aluminio- y un abanico de colores llamativos para la fachada exterior de un bloque de pisos en alquiler. El perímetro dentellado otorga privacidad a los salones y dormitorios. Anchas galerías de acceso trepan por su cara interior, y la cubierta alberga un solárium común. En una zona más aislada del ensanche, Javier Parro ha terminado una manzana de 23 casas de dos alturas, colocadas en filas sobre el solar como contenedores de mercancías. Y en un bloque de pisos situado en la calle de Antonio Gades, Lucía Esteban y Francisco Ortiz han proyectado una fachada de balcones continuos y ondulados, como olas, una propuesta a la vez original y con referencias exóticas al pasado, desde Gaudí hasta los edificios Watergate en Washington, proyectados por Luigi Moretti en los años sesenta.

Desde la calle de Antonio Gades se puede ver la torre de 23 plantas del Estudio Entresitio (César Jiménez de Tejada y los hermanos María y José María Hurtado de Mendoza). Los arquitectos han renunciado a ocupar el 30% del solar para no tener que seguir la volumetría del plan urbano y sus esquinas recortadas en chaflán, que consideran poco prácticas o elegantes. Con la altura de la torre recuperan los metros cuadrados perdidos por este sacrificio de terreno. Y cambian los juegos de colores en los acabados de sus compañeros por la sobriedad del zinc negro, creando así un objeto extraño y refinado, un punto de ruptura en la textura urbana que funciona también como punto de orientación. Es quizá el mejor ejemplo del intento de todos los proyectos en Vallecas de ofrecer calidad y variedad dentro de los límites estrictos de la vivienda pública. Y después de años dedicados a una invención formal más libre, representa una nueva tendencia hacia la sobriedad y la contundencia formal que está surgiendo dentro de la última generación de arquitectos madrileños.

Arquitectura punteira que morde o pó

Escrito por mpierres o 19 Agosto 2010

Edificio ideado por el estudio Muñoz Miranda para la nueva sede de EMISAGRA, la Empresa Municipal de Agua de Granada. Fue considerado el mejor por el Comité de Asesoramiento Técnico del concurso, pero no había bastantes recursos ecónomicos. De la misma manera que este proyecto, hay muchos que se han parado o ya no van a nacer por el efecto de la crisis.

Edificio ideado por el estudio Muñoz Miranda para la nueva sede de EMISAGRA, la Empresa Municipal de Agua de Granada. Fue considerado el mejor por el Comité de Asesoramiento Técnico del concurso, pero no había bastantes recursos ecónomicos. De la misma manera que este proyecto, hay muchos que se han parado o ya no van a nacer por el efecto de la crisis.

El Pais - RICCARDO IORI- Madrid- 19.08.2010

Algunos son proyectos que se quedarán en el cajón de los recuerdos. Otros habían ganado concursos que ahora están paralizados, a la espera de que se reactive el mercado. Y finalmente hay investigaciones sobre nuevas ideas urbanísticas que se han quedado en el limbo. Este es el caso, por ejemplo, de Camilo García y Diego Barajas, dos arquitectos de 35 años que dirigen el estudio Husos en Madrid. El año pasado terminaron una investigación impulsada por la Universidad Europea de Madrid y la Air Foundation de Rotterdam, un centro de arquitectura holandés, en la que se formulaba una nueva manera de concebir la vivienda, para integrarla con el lugar de trabajo. El proyecto se llama Viviendas Productivas. Ha sido presentado en Manchester, Oporto, Bucarest y Belo Horizonte, entre otros sitios, pero aún no ha sido aplicado nunca. Está claro que en periodos como estos , en los que ya es difícil trabajar, lo es aún más innovar. “Paradójicamente, creemos que justo en un momento de crisis se vuelve aún más oportuno un plan de este tipo para impulsar la pequeña empresa”, afirma Barajas.

El proyecto consiste en importar algunas características de los centros comerciales a un edificio de viviendas y dar la oportunidad a quien tiene planeado empezar un pequeño comercio de utilizar su hogar como laboratorio y vender su producto en el descansillo. Pasar de pasillos angostos y oscuros a otros donde se pueda estar, instalar paneles informativos que informen de lo que está pasando en las diferentes plantas, escaleras mecánicas y fachadas letrero son algunas de las modificaciones que el proyecto del estudio Husos propone instalar en un edificio de viviendas normal y corriente.

A la clase de los sueños interrumpidos pertenece el proyecto del estudio Mute de Madrid, en el que trabajan cuatro arquitectos, tres mujeres y un hombre, todos ellos menores de 40 años. En abril de 2008 ganaron el concurso internacional para la construcción del mercado municipal de Sanchinarro, en el norte de Madrid. El proyecto se llamaba Mercamorfosis y la filosofía que lo vio nacer suponía la fusión del más clásico de los mercados de barrio con los modernos hipermercados. La crisálida, como también se conoce el proyecto, se ha quedado atrapada en un capullo llamado escasez de dinero que ha obligado el Ayuntamiento a demorar las obras, por lo menos hasta la próxima legislatura, según anunció el Consistorio en enero pasado.

Y finalmente están los que muy probablemente se quedarán en meros sueños. Alejandro Muñoz Miranda es un arquitecto de Granada de 36 años cuyos diseños para la sede de la Empresa Municipal de Agua (Emasagra ) y para la sede del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, ambos en la ciudad granadina, fueron finalistas en los respectivos concursos y fueron desestimados debido a la crisis. El edificio destinado a la Emasagra era la reproducción de una gota de agua en el momento que toca suelo y en mayo pasado fue elegido el mejor por el Comité de Asesoría Técnico del concurso. La coyuntura económica relegó, sin embargo, todo a una carpeta de archivo. “El dinero que un proyecto requiere para ver la luz no puede ser el único criterio. Si se razonara en términos económicos más amplios, se entendería que una inversión mayor es recuperable por los efectos benéficos que tiene un proyecto innovador en un territorio y por el impacto en el paisaje de la ciudad”, afirma Alejandro Muñoz.

Un futuro anclado en la belleza

Sobre el tema de los sueños interrumpidos de los arquitectos españoles versará también una exposición y un seminario organizado en el ámbito del Congreso de Construtec , el salón de la construcción que ha llegado a su tercera edición y que se celebrará en Ifema, la Fiera de Madrid, desde el 5 al 8 de octubre. Gabriel Allende es el comisario del evento y no quiere dramatizar demasiado la situación: “Queremos que la cita sea la ocasión para transmitir optimismo. Estamos recogiendo proyectos que se han parado o que aún no se han podido desarrollar, pero que están allí y sobre los que se edificará la idea de futuro que tenemos de Madrid”.

Una idea que, según Allende, pasa por el concepto de la belleza: “Es una ocasión para que se entienda que el sentido estético no está solo en la forma que inventa el arquitecto, sino también tiene que hacer brecha en los que proveen a los materiales y a los medios de producción”. Y, por supuesto, en el tejido social en el que las nuevas estructuras van a nacer. “Nuestro objetivo es llegar al ciudadano y que este encuentro permita entender a la gente que la crisis solo ha parado unas obras, pero que las ideas y los proyectos por hacer están vivos, listos para retomar la marcha y que apostar por la belleza es la mejor receta”, resume Allende.

La organización del evento ha contactado hasta ahora con centenares de estudios nacionales y extranjeros que trabajan en la capital, a la búsqueda de proyectos y actuaciones urbanas que se encuentran actualmente en desarrollo, temporalmente parados o sin fecha de comienzo. Hasta ahora, ya unos 60 estudios se han adherido a la iniciativa aportando un centenar de obras. El momentáneo estancamiento del sector de la construcción no afecta de manera particular, según Allende, a los jóvenes arquitectos: “En realidad se ven más afectados los que tienen un estudio clásico, con costes fijos y menor capacidad de adaptación. Los jóvenes, a través de redes y sistemas informáticos, tienen más posibilidades de reinventarse”. El programa de Construtec 2010 se desarrollará bajo el lema La belleza en los medios de producción. Los trabajos presentados en la exposición que mostrará una Madrid entre sueño y futuro serán englobados en un número de la revista Panorama Architecture Newspaper .

Arquitectura e verán 3: O trampolín de Villa Mairea

Escrito por mpierres o 19 Agosto 2010

FOTO: RAUNO TRÄSKELIN

FOTO: RAUNO TRÄSKELIN

El Pais -Blog Anatxu Zabalbeascoa - 19.09.2010

Alvar Aalto explicaba que quien ve florecer un cerezo observa también que cada flor tiene una posición distinta según el sol y su flor vecina. Cada flor es diferente, pero todas se parecen hasta confundirse. Esa idea de los distintos iguales -o los iguales distintos- es una fórmula clásica para la planificación urbana que difícilmente se le puede ocurrir a quien no dedique un instante de su vida a contemplar un cerezo en flor. La Villa Mairea que Alvar y Aino Aalto terminaron en 1939 para Maire Gullichsen está llena de cerezas distintas pertenecientes a un mismo racimo.

En esa casa finlandesa, en medio de un bosque de pinos a las afueras de Noormarkku, ningún peldaño, de piedra o de madera, es igual al anterior. El primero es siempre mayor, para recibir en el ascenso y acompañar hasta el final del descenso. Ese peldaño es también el más libre, el que más se salta la norma del orden que organiza un racimo. O una casa. Las barandillas de la escalera mezclan cobre y madera sin miedo a mostrar sus uniones. Lo mismo que los barrotes, también de madera y atados con enea que, como el bambú de los parques japoneses, destaca sus uniones convirtiéndolas en protectores de los lugares más expuestos al uso.

La base de la chimenea del salón tiene la forma irregular de las piedras porque está hecha, no forrada, de piedras. También el pavimento del porche (que tiene otra chimenea que recuerda una cueva) es de piedra. Pero al llegar a la zona de la sauna, tan importante en Finlandia, la piedra del suelo se desgaja entre el césped y luego se torna madera. Entonces, los listones continúan el camino y unen la sauna y la piscina. Desde la caseta de madera, cruzan en diagonal para apuntar hacia el agua. En ese recorrido, hay una lama más ancha, tal vez más gruesa, y desde luego más larga, que estira el pavimento para posarlo sobre el agua, convertido en trampolín. Ese trampolín de Villa Mairea es la mejor cereza del racimo. La lama-trampolín pasa inadvertida a quien no se detiene a observar tanto y tan discreto cuidado.

“Los grandes hombres, los mejores arquitectos o artistas, hacen posible que gente menos cualificada logre obras con calidad porque abren el camino”, escribió Jorn Utzon sobre Alvar Aalto. Cuando el finlandés cumplió 70 años, dijo de él que era como una chimenea alrededor de la cual te sientas para encontrar calidez e inspiración.  Por su parte Aalto, encontraba su inspiración trabajando. Haciendo pruebas y contemplándolas con un vaso de vino en la mano. A dos horas en coche de la Villa Mairea, cerca de Jywäskylä, donde creció el arquitecto, en la isla de Muratsalo, en el lago Päijänne, Aino y Alvar Aalto levantaron su casa de verano, una vivienda experimental, como él la llamaba. Puede visitarse. La llamaba experimental porque realmente experimentaba en ella. Cada verano probaba allí alguna idea. Las paredes son de ladrillo, de más de 200 combinaciones de ladrillos ensayadas por Aalto para sus edificios, pero ni en una combinación tan variada desentonan en la casa. Los ladrillos de Muratsalo forman la asociación de ladrillos distintos que se da en las mejores casas. Como las cerezas del racimo.


Aquel barrio de A Coruña co que soñaba Corrales

Escrito por mpierres o 19 Agosto 2010

Fuente: Scalae.netflores1_1

El arquitecto madrileño vio, con resignación, como una de sus mas alabadas obras urbanas quedaba abandonada al uso, a la política, al tiempo… a la falta de calidad arquitectónica.

A mediados de los años ´70, la Obra Sindical del Hogar encarga a José Antonio Corrales un nuevo barrio que será el asentamiento de una población que crece hacia la periferia, alejándose de la industria. Un asentamiento que es el gran ejemplo de la arquitectura contemporánea coruñesa para generaciones que todavía hoy acuden a ver cómo construir viviendas estéticas, funcionales y económicas, a pesar de que la anarquía se ha convertido en norma a la hora de renovar sus zonas comunes.
Otros arquitectos como Andrés Fernández-Albalat, Ignacio Bescansa, Jacobo Losada o José Luque Sobrini, participan también en el encargo. Un proyecto de 2000 viviendas sobre 17 hectáreas, en el que Corrales se encarga de la Unidad Vecinal nº 3, que incluye pisos y viviendas unifamiliares, una iglesia y una guardería. Aunque el proyecto era bueno, no lo fue tanto la construcción, y tan solo 10 años después se reconstruía la obra obviando algunas de las ideas de Corrales, como los tabiques móviles que modificaban sus estancias.
En el 2004, los arquitectos Miguel Toba y Carlos Muñoz Fontenla acompañaron al octogenario maestro en un proyecto de rehabilitación que pretendía reparar y recuperar las ideas arquitectónicas originales en las zonas comunes de la unidad de viviendas. Las disensiones vecinales a una idea que venía apoyada por el Instituto Galego de Vivenda frustró su realización, y provocó que un decepcionado Corrales se negase a volver a un conjunto residencial que se estudia en universidades de todo el mundo, después de ver como sus avanzados pavimentos  se recubren de charcos, aceras se llenan de hormigón, las barandillas carecen de diseño o antiguos lucernarios de aparcamiento se sustituyen por otros de pavés. Un estado real de abandono. Una restauración en la que no entró el punto de vista arquitectónico. El arquitecto se ponía en contacto mediante cartas con políticos y arquitectos de la época, hasta darse por vencido, y es que como el mismo declaró: “…me di cuenta que el posible interés por la Unidad Vecinal era nulo, pero no solamente en el caso de los políticos, sino también de los arquitectos».
Actualmente, el calamitoso estado de las zonas comunes y algunas de las viviendas convive con el lujo de los unifamiliares que han sido restaurados, y que pueden superar los 700.000 euros de precio de venta.
José Antonio Corrales formaba parte del grupo de inquietos arquitectos madrileños dispuestos a recuperar el terreno perdido tras la guerra, a rescatar la modernidad.
En sus proyectos se manifestaba un absoluto dominio del lenguaje y de la construcción que les permitía abordar los más diversos temas en clave moderna, pero no solo buscaba la estética, sino que tenía un claro compromiso ético. Para él, la arquitectura moderna era la expresión de un modo de vida más justo, más acorde con sus convicciones, con su modo de entender la vida en sociedad; y su contribución a la arquitectura de vivienda, sea colectiva o individual, así lo prueba.
Y es que la compleja arquitectura urbana de Elviña en A Coruña era una obra sin concesiones, radical, en las que la estructura de corredores y comunicaciones verticales, nos ofrece inesperadas experiencias vitales. Eran aquellas sorpresas, hijas de una lógica constructiva recién descubierta, las que perseguía. Mantuvo esta fe en la modernidad a lo largo de toda su vida. Incansable en el trabajo y tomando parte en numerosísimos concursos sin que decayera su entusiasmo por la arquitectura, entregándose a esta con una pasión solo comparable por la que sentía por el cine y la poesía.

Jose Antonio Corrales falleció recientemente, el 25 de julio de 2010.