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Publicado por admin o 7 junio 2011

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Esta vendo Revista de prensa

La era de la fealdad

Escrito por mpierres o 15 enero 2012

El Pais -ANTONIO MUÑOZ MOLINA 14/01/2012

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Algo más ha ocurrido a lo largo de todos estos años alucinados, los años del delirio que duró tanto y del que no parece que despertemos del todo; algo más, aparte de la sinvergonzonería, del despilfarro, de la arrogancia de los nuevos ricos, de la obsesión por los orígenes, de la creencia alentada por la clase política de que se puede tener todo sin pagar por nada ni responsabilizarse de nada ni agradecer nada. Ahora se abren los ojos, ya sin remedio, y lo que se ve no es solo que de nuevos ricos hemos pasado a nuevos pobres, y que es a los débiles a los que les toca pagar las calamidades desatadas por los poderosos. Lo que se ve, además, es que en todos estos años, sin que nos diéramos mucha cuenta, nos ha ido rodeando e invadiendo un océano de fealdad, un océano que ocupa desde los paisajes que parecían más deshabitados o remotos hasta el corazón de las ciudades. Es una fealdad pública y también privada; una fealdad a escalas inmensas y en tamaños reducidos y no por eso menos viles; se la ve caminando por las calles y cuando se viaja en coche o en tren por esos alrededores cancerosos que nunca terminan y que incluyen siempre centros comerciales, polígonos cimarrones en mitad de páramos, barriadas compactas con torres de muchos pisos que nunca llegarán a ser habitados o urbanizaciones de adosados que se pierden en la lejanía, franquicias de comida basura, prostíbulos con letreros de neón que parpadean débilmente en los mismos secanos y bajo el mismo sol arcaico que tanto emocionaba a los estetas de la generación del 98.

La fealdad de iniciativa privada y de pequeña escala lo asalta a uno desde la puerta de un bar del que sale una musiquilla de máquina tragaperras y un olor a fritangas, desde una de esas tiendas o bazares chinos, desde un atroz salón de juegos junto al que algún jubilado se agrava la bronquitis crónica poco antes de aplastar la colilla en el suelo y del volver adentro para dilapidar la pensión escuchando el Baile de los pajaritos. Es asombroso que tratándose de una fealdad en la que intervienen tantos empeños individuales el efecto general sea tan unitario: el mismo en una calle del centro de Madrid y en una del extrarradio, en el sur o en el norte, en nacionalidades históricas dotadas de una identidad cultural que se remonta al paleolítico o a las cruzadas y en esas otras que se han ido apañando por imitación en las últimas décadas. Justo en ese tiempo en el que más recursos se han invertido en recuperar identidades es cuando se ha logrado una unidad más perfecta: la estética española de lo desaliñado y lo pavoroso.

Casi no se puede decir, porque otro de los muchos logros de esta época ha sido el fomento de orgullos colectivos tan propensos al agravio que la menor crítica conduce al linchamiento, al anatema y la excomunión. Pero en muchas ocasiones, en una capital o en un pueblo de mil habitantes, lo que sorprende, lo que casi estremece, es el grado y las variedades de fealdad que uno va encontrando. Pero a ver quién es el valiente que da un nombre. La arquitectura popular ha sido arrasada casi en todas partes. Y lo que queda muchas veces es un monumento histórico rodeado de horrores, aislado del ecosistema en el que tuvo sentido. Queda el monumento, mal que bien, quedan las extensiones de bloques de pisos con cierres de carpintería metálica y portales de falso mármol, algunos de ellos aderezados con fantasías posmodernas de los años ochenta, quedan los pavimentos de granito y las calles sin aceras y con bolardos o chirimbolos y bancos públicos sin respaldo que a los arqueólogos del porvenir les servirán para fechar la era Zapatero de principios del siglo XXI.

Y quedan otros dos rasgos fundamentales de dicha era: los llamados edificios emblemáticos o icónicos y la escultura de rotonda de tráfico. Ahora es bastante cómico leer las críticas tajantes, aunque retrospectivas, que empiezan a publicarse sobre las extravagancias arquitectónicas de estos últimos veinte años. Pero hasta que Llàtzer Moix publicó en 2010 Arquitectura milagrosa el debate público sobre tales delirios no había existido (o si existía entre los arquitectos no llegaba a nosotros, la plebe no experta y no autorizada a juzgar), y nadie prestaba mucha atención a detalles tan poco relevantes como los costes de la construcción y los del mantenimiento. La era Calatrava también les resolverá problemas de datación a los arqueólogos del futuro lejano, y además les alegrará las excavaciones con hallazgos abundantes, aunque en ocasiones difíciles de interpretar.

Pero quizás el misterio arqueológico definitivo del próximo milenio serán las rotondas o glorietas de tráfico: el Stonehenge y el Machu Picchu y la isla de Pascua de la gran era de la fealdad pública española. Quizás en Kazajistán o en Mongolia o en alguna otra república postsoviética de Asia Central se encontrarán monumentos semejantes. Aproximarse por carretera a cualquier ciudad española es un horror más o menos idéntico en el que no hay más variaciones que el tamaño de las esculturas en las glorietas de tráfico y quizás el perfil distante de la aguja de una catedral. Las hay abstractas y las hay figurativas. Casi todas ellas exaltan algún fundamento de la gloria local. Algunas recuerdan el gusto escultórico de aquellos dos antiguos amigos de Occidente, Sadam Husein y Muamar el Gadafi. Algún historiador del arte con inclinaciones depravadas podría hacer una tesis sobre ese fenómeno estético.

Estoy impaciente porque se termine y se inaugure la que será probablemente la obra maestra de la escultura de glorieta. Ahora mismo las fotos la muestran todavía rodeada de andamios, en medio de un páramo, pero no puede faltar mucho para que esté terminada. Recibirá a los viajeros que lleguen al aeropuerto de Castellón, que fue inaugurado con gran pompa hace casi un año por las autoridades autonómicas y provinciales, pero en el que sigue sin aterrizar ni despegar ningún avión. La escultura, obra del artista Ripollés, es, según la descripción del periódico, “un coloso de metal de 20 toneladas”. Representa, en palabras del propio artista, “una figura a la que le saldrá de la cabeza un avión; ese es el germen y el esperma del nacimiento de la obra”. Parece ser que se trata de un homenaje algo alegórico al expresidente de la Diputación Provincial de Castellón, de cuyo cerebro brotó, por citar al artista, el germen y el esperma de este aeropuerto.

Recordar que la escultura costará 300.000 euros es sin duda una mezquindad. Quién le pone precio al arte. Y al fin y al cabo ese gasto es una nadería en un aeropuerto que ha costado 150 millones de euros, y que costará mantener 8 millones al año. En el caso no improbable de que ningún avión llegue a aterrizar en él, los vecinos de la zona podrán recrearse paseando bucólicamente por las pistas y admirando en silencio la escultura del artista Ripollés. Quizás dentro de mil años el coloso castellonense de 20 toneladas será una de las pocas reliquias visibles de nuestra era de la fealdad.

Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim. Llàtzer Moix. Anagrama. Barcelona, 2010. 288 páginas. 18 euros. antoniomuñozmolina.es

Historias da arquitectura ‘mileurista’

Escrito por mpierres o 23 noviembre 2011

Vivienda sostenible en Teo (A Coruña), del estudio de arquitectos Iterare.- HÉCTOR SANTOS-DÍEZ / BIS IMAGES

Vivienda sostenible en Teo (A Coruña), del estudio de arquitectos Iterare.- HÉCTOR SANTOS-DÍEZ / BIS IMAGES

El Pais - ANATXU ZABALBEASCOA- Madrid -23.11.2011

La crisis económica ha puesto en peligro el final de mes de muchos profesionales pero, a la vez, ha dado origen a una nueva estética hecha de escasos medios y gran ambición

“Hacer de paletas nos va a enriquecer”. Habla David Lorente, del estudio de Sabadell H Arquitectes. Y su trayectoria permite creerle. Tienen trabajo. También reconocimiento. Acaban de ganar el Premio Joven Enor por un gimnasio levantado con prefabricados en Barberá del Vallés (Barcelona). Sin embargo, les cuesta llegar a fin de mes. Se han vuelto habituales las situaciones que les exigen más horas de trabajo y mayor imaginación. Cuando firmaron el proyecto ejecutivo de la Casa 712 en Gualba (Barcelona), el banco se desdijo. De la hipoteca apalabrada de 240.000 euros, concedió la mitad. Tuvieron que rehacer los planos y reducir la tarifa. Tantas dificultades desembocaron en una gran lección: quitar todo lo que se puede quitar encierra una arquitectura distinta. La crisis económica no se ha traducido en la arquitectura española en una crisis de ideas, al contrario, una nueva ética está produciendo una nueva estética. De escasos medios y gran ambición.

La situación no es nueva. “Hace 10 años que cobramos por debajo del convenio (21.000 euros al año). Y eso, para un empleado, es ilegal”, continúa Lorente. El asunto es peliagudo: “Si nos legalizamos, cerramos”. También candente: la arquitectura es de las profesiones que más se ha transformado con el acceso masivo a una educación superior. Con tantos proyectistas en la calle, la tarta que repartir da para poco. La opción de hacer dinero queda en manos de las inmobiliarias interesadas en construir -no en hacer arquitectura-, y la antigua usanza -que trataba la profesión como un club en lugar de como una empresa- solo resulta viable para los profesionales de familia rica. Así, la única posibilidad es cambiar las cosas. Y eso pasa por, sin resignarse, tomar la precariedad laboral como una oportunidad para redefinir los valores de una nueva arquitectura.

Lo que sucede en Sabadell tiene un eco en Sevilla. Allí, María González y Juanjo López de la Cruz, también al borde de los 40 años, forman el estudio Sol89 desde hace 10 años. Han tenido suerte ganando un par de concursos. Aun así, en su estudio son los únicos fijos: ellos hacen las maquetas, las mediciones, las facturas, las memorias y la limpieza. Nadie coge el teléfono si están en la obra o dando clases. Les gusta la enseñanza y desde hace un lustro son profesores en la Escuela de Sevilla. “Por entonces todos estaban construyendo, y en aquella época conseguir un puesto compitiendo con 12 personas era una misión razonable”, explica López de la Cruz. Las cosas han cambiado. La crisis ha disparado la vocación docente y 70 aspirantes a profesor disputan hoy cada plaza.

“Haber ido a la contra nos ha beneficiado”, explican los responsables de Sol89. En su despacho los costes son mínimos. Esa austeridad es una actitud. Y se traslada a la obra. Sus proyectos barajan presupuestos de entre 600 y 800 euros el metro cuadrado. En el Puerto de Huelva, donde debían levantar un Centro de Formación, encontraron un edificio prefabricado abandonado. Frente a la inercia de demoler, se plantearon reciclar. Su pabellón reciclado demostró que reutilizar puede ser una opción que pasa por apoyar, en lugar de cimentar, y valora la ligereza por encima de la perpetuidad. Ese proyecto les sirvió para ensayar la investigación sobre estrategias de reutilización en barriadas que realizan en la universidad. Hacer piruetas para sobrevivir se refleja en un nuevo ingenio. Pero los arquitectos de Sol89 aseguran que parten con ventaja. Están acostumbrados a trabajar desde la escasez: “De Despeñaperros para arriba mueven otras cifras”, comentan. Al tiempo que insisten en quitarse el halo de heroicidad: “Hay compañeros que lo están pasando mucho peor. Somos de los que tenemos suerte”.

Sin cinismos, se podría decir que también el madrileño Enrique Krahe tiene suerte. Y ese es el drama. Levantó el Teatro Municipal de Zafra, en Badajoz, un edificio trufado de ideas y respeto que abre una vía de futuro en la tradición constructiva local y que le valió premios como el Lamp de iluminación. Luego ganó el primer premio para construir una residencia de estudiantes en Noruega en la que trabaja. Aun así, Krahe pertenece al grupo de los ni-siquiera-mileuristas que han decidido tomarse la precariedad como una oportunidad para la investigación. Vive del despacho y de algunos talleres. “Aunque ya puestos a perder el pudor para hablar de estos temas, he de decir que también he vivido de mi mujer”, cuenta desde Delft. Pasa medio mes en esa ciudad holandesa porque en esa universidad trabaja su mujer, ingeniera aeronáutica. No es el único que le levanta un monumento a su pareja. Quienes lo hacen consideran un avance el hecho de que ahora se pueda hablar del tema, un reflejo más de los cambios sociales que a los arquitectos les ha tocado vivir multiplicados. ¿Por qué? Porque al aumento de profesionales, debido al acceso masivo a la educación, ellos suman un recién creado sindicato.

Todos los roles están cambiando. El del cliente, también. Krahe cuenta cómo el dueño de una casa que construye cerca de Madrid ha dejado de trabajar en Telefónica para hacer de constructor de su vivienda. “Es ingeniero, y no sabe de esto. Pero como es muy empollón, ha asumido el papel. ¿Quién vigilaría mejor la construcción de su casa?”. Krahe habla de la urgencia de replantear la fórmula tradicional, en la que el arquitecto verificaba en la obra el acuerdo entre esta y los planos. “Hoy la obra es parte activa, allí se realiza la mitad del proyecto”, explica. Eso recorta la gente empleada, reduce drásticamente los gastos pero también limita la cantidad de trabajo que un arquitecto puede hacer.

Está claro que los arquitectos tienen que cambiar. Y ese cambio está alterando la arquitectura. Los socios de Iterare, en Santiago de Compostela, han cuajado cinco edificios sobresalientes recuperando, sin nostalgia, métodos constructivos del pasado que combinan con soluciones actuales y con ideas procedentes de otras culturas. Esos proyectos desinhibidos resultan contenidos, escuetos, pero no rígidos. Detallistas, pero no relamidos, transmiten naturalidad. Resultan creíbles. Y es que lo que sucede en Sabadell, Sevilla o Madrid también se vive en Galicia.

Allí, Jacobo Malde, Santiago Rey, Blanca Carballal, Daniel Dapena e Ismael Ameneiros formaron Iterare hace tres años. Habían trabajado en una gran ingeniería nacional, donde aprendieron a construir con precisión y profesionalidad. Sin embargo, se juntaron porque querían aportar algo más: una arquitectura de resistencia, capaz de aguantar agresiones con bajo mantenimiento pero sin bunquerizarse. De acuerdo con ese objetivo, firmaron su primera vivienda de aire nórdico para la matrona de los hijos de Ismael. Tras ella, la prima de esta realizó el segundo encargo, un nuevo experimento que combinaba madera local y prefabricación con un presupuesto inferior a 900 euros por metro cuadrado. Más tarde, fue el arquitecto municipal de Teo, donde se encuentran esas dos casas, quien les encargó su primera piedra de batalla: el centro social de Teo, un edificio partido en tres volúmenes para ahorrar en mantenimiento y abrirse a nuevos usos en el extrarradio de la ciudad.

Las oportunidades para quien está dispuesto a dejarse los días se multiplican. Pero no dan para sobrevivir. Hoy, a punto de concluir otro centro sociocultural, que sustituye dos barracas y una uralita en un barrio de viviendas de realojo en Ferrol y con una emocionante tribuna en el campo de fútbol de Vilalba (Lugo) terminada, los arquitectos de Iterare se van a separar. Ismael tiene dos hijos y dice, más en serio que en broma, que ha sopesado meterse a carnicero. A la escasez de proyectos cabe sumar la bajada en el porcentaje de los presupuestos y el aumento en la implicación de los arquitectos. Todo eso está paradójicamente alumbrando una generación de edificios modélicos, imaginativos y realistas que representan, para los arquitectos, más responsabilidades y más dedicación por menos dinero. Con todo, y con cinco logros personales que son cinco logros sociales, los integrantes de este estudio de Santiago se tienen que separar. Tampoco son mileuristas. No llegan a poder sobrevivir. Asumen no enriquecerse, aceptan esforzarse para hacer algo en lo que creen, pero no pueden dejar de pagar la factura de la luz.

La democratización de la arquitectura está produciendo cambios que retan a los proyectistas tanto como a la propia disciplina. “La arquitectura va detrás de los cambios sociales, recogiendo sus efectos y dejando testimonio de esos cambios y de las transformaciones que se producen en la sociedad, ya sea por razones económicas o catastrofistas”, sostiene Ángela García de Paredes, tercera generación en una saga de arquitectos que vive con holgura tras décadas de probar suerte, y tenerla, en todo tipo de concursos públicos. La situación económica, pero también un terremoto o la revolución industrial, cambian la arquitectura. García de Paredes lo ha visto pasar. Y está convencida de que, al margen de las adversidades, la arquitectura debe responder. “Hay muchos ejemplos de arquitectura de alta calidad producida en momentos de gran escasez”.

Los nuevos valores buscan raíces

Escrito por mpierres o 25 octubre 2011

escuela_hosteleria_medina_sidoniaEl Pais- ANATXU ZABALBEASCOA - Madrid - 23/10/2011

Muchos jóvenes arquitectos recuperan el contexto para arraigar sus edificios

A la manera de las cubiertas que remontan la loma de Medina Sidonia, en Cádiz, María González (Huelva, 1975) y Juanjo de la Cruz (Sevilla, 1975) quisieron atrapar el espacio que llevaba décadas vacío entre los gruesos muros del antiguo matadero mediante una nueva cubierta de cerámica cocida. Es esa cubierta la que dibuja la cara de la nueva Escuela de Hostelería de la ciudad. Con sus patios-chimenea y sus maceteros de hierbas aromáticas para emplear en la escuela, la cerámica se expresa en un idioma propio que hace evolucionar el que habla el lugar. Los patios también permitían que una celosía fuera la cara de una escuela infantil que firmaron en Ayamonte los mismos arquitectos.

En su web, ambos, profesores en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, citan al escritor francés Julien Gracq, que en su ensayo Escribiendo leyendo aseguraba que la escritura se origina en la lectura, que se escribe porque otros antes que nosotros han escrito, y que se lee porque otros antes que nosotros han leído. Esa idea de conocerse, sumarse, reinventarse y reconocerse es lo que practican cada vez más arquitectos españoles, más fascinados por colaborar en la construcción de entornos de buena vida que por la voluntad de brillar durante una día.

La idea es la de arrimar el hombro, pero también la de pertenecer y echar raíces sin recurrir a la nostalgia ni renunciar al progreso. González y De la Cruz (que firman como Sol89, el nombre y el número de la calle sevillana desde la que trabajan) no están solos.

También el Palacio de Congresos que Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera levantaron en Santa Eulalia del Río, en Ibiza, se arraiga en un bosque de pinos frente al mar, dividiéndose en múltiples volúmenes pero manteniendo el trazado urbano. Insertado en el terreno con muros de contención y dejándose cubrir por una capa vegetal, tiene tres elementos que hablan, de nuevo, desde la cubierta para explicar los usos del edificio como escena y lugar de ensayo. Pesquera y Ulargui hablan de “construir con retales” y de trasladarlos de la arquitectura popular a la actualidad.

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En Cartagena, el no tan joven Martín Lejárraga lleva años haciendo algo similar. En su casa-taller para un pintor y dos gatos, reconoce el trabajo de un arquitecto anterior, Lorenzo Ros, a la hora de proyectar una vivienda como un lugar agradable para vivir en la grisura de los años cincuenta. “Puedes estudiar la historia, documentarte con imágenes de casas soñadas, analizar las de amigos y enemigos, pero al final encargar la tuya no es un asunto fácil”, explica Ángel Charris, el pintor convertido en cliente de Lejárraga.

Moderna, lúcida y realista, la casa habla de la modernidad de su dueño, del juicio de su arquitecto, pero también de las raíces del lugar, de la escala del barrio y de los materiales de la ciudad. Ese diálogo a tres bandas es el que juegan muchas de las arquitecturas de hoy. Ambiciosas y sensatas, pausadas y rotundas, saben que el partido más importante se juega en casa.

Aportacións colexiados: Dendes as rúas da memoria

Escrito por mpierres o 17 agosto 2011

Os facilitamos unha ligazón ao artigo “Dende as rúas da memoria” .

Trátase dun artigo do blog do noso colexiado Diego Germade ”Individuos opacos en un jardín portátil” , e que fai referencia á obra de Begoña Paz na reciente exposición “Dende as rúas da memoria”.

LIGAZÓN

Patrimonio Unesco: La obra de Le Corbusier, candidata; el Machu Picchu, bajo sospecha

Escrito por mpierres o 19 julio 2011

villa-saboyaEL MUNDO.es | 17.06.2011 /Madrid

El conjunto de la obra del arquitecto suizo Le Corbusier es uno de los candidatos más destacados a entrar en la lista de Bienes Culturales y Naturales Excepcionales de la Unesco, cuyos responsables se reunirán la semana que viene.

Junto a la obra de Le Corbusier, 704 bienes culturales y 180 bienes naturales presentarán sus candidaturas. 151 países están representados en esta ‘oposición’, incluida España, que presentará el Paisaje cultural de la Sierra de Tramuntana, en Mallorca.

En la agenda de la próxima reunión de la Unesco aparece también un asunto problemático: el deterioro en la conservación del conjunto del Machu Pichu, en Perú, que podría entrar en la categoría de ‘patrimonio en peligro’ de la Unesco. En esa lista negra aparecen 34 lugares, incluidas las Islas Galápagos, el primer bien reconocido por la Unesco como patrimonio mundial.

En caso de que el Machu Picchu entrara en la lista de patrimonio en peligro, la Unesco condicionaría sus ayudas a la conservación del conjunto al hecho de que Perú limitara el número de visitantes que acceden a él. El Gobierno peruano, que este año ha celebrado el centenario del descubrimiento de los yacimientos del Machu Picchu, intenta evitar esa limitación.

Un arquitecto polifacético

Escrito por mpierres o 18 julio 2011

El Pais - Tribuna - JAVIER DOMÍNGUEZ 16/07/2011

Rafael Tamarit Pitarch es uno de los grandes arquitectos valencianos del siglo XX. Discípulo aventajado de Alejandro de la Sota y Julio Cano Lasso, su generosa contribución a la enseñanza le convertiría muy joven en una de las imprescindibles voces de la recién nacida Escuela de Arquitectura de Valencia, de cuyo ADN forma parte indiscutible y a cuya consolidación contribuyó con entusiasmo.

De la calidad intelectual y humana de la dirección fundacional de la escuela, encabezada por Román Jiménez y con Rafael Tamarit como subdirector, da fe la selección del primer grupo de profesores: artistas como Jorge Teixidor, Ramón de Soto, Ángela García; filósofos y estetas como Tomás Llorens; historiadoras como Violeta Montoliu, Trinidad Simó; sociólogos como Josep Vicent Marqués…, Y también la incorporación de jóvenes valores, como Juan Otegui, Cristina Grau, Vicente Mas, Jorge Stuyck…

Una de las enseñanzas de Tamarit que siempre recuerdan sus estudiantes es su obsesión por el reconocimiento directo de la arquitectura mediante la realización de viajes de estudios que él prodigaría a Londres, Ámsterdam, Rotterdam, París, Roma, Berlín, Frankfort, Nueva York, Boston, Las Vegas, Tokio, Calgary, Toronto, Copenhague, Casablanca…

Tamarit supo transmitir como pocos la pasión por la fotografía que practicó siempre en primera persona, cámara en mano y que le llevó a apoyar la rápida creación de los laboratorios gráficos y archivos audiovisuales de la primitiva escuela, que hoy, cuarenta años después, constituyen un orgullo para todo el colectivo.

Gracias a maestros como él, aquella jovencísima escuela de la plaza de Galicia se convirtió pronto en un verdadero lugar de encuentro en el que profesores y alumnos podían compartir su pasión por la arquitectura.

La muestra que sobre su figura y su obra expone el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia permite reconocer una personalidad rica y polifacética, cuya producción arquitectónica iría asociada durante décadas a los hermanos Lladró.

La internacionalización de la marca permitiría a Tamarit realizar algunos de sus mejores edificios comerciales fuera de España, como el Lladró Plaza de Nueva York, el Rodeo Drive de Beverly Hills, el Ginza Building -Tokio-. No menos atractiva resulta su huella en la comunidad con obras incluidas en el Docomomo Ibérico y con numerosas tiendas: Don Carlos, Clive, Alejandro Soler, Cafetería Tívoli…, que lo acreditaron desde el primer momento como uno de los mejores interioristas de la época.

Su capacidad para abordar en paralelo múltiples proyectos de diferentes tipologías y en contextos distintos, manteniendo siempre un altísimo nivel de calidad arquitectónica, constituye una de las claves de la confianza que supo transmitir al mundo empresarial a cuyo reconocimiento contribuyó generosamente.

Fue un arquitecto visionario que se anticipó a su tiempo. Su habilidad para transmitir la filosofía darwiniana de que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio” facilitó el que muchos jóvenes emprendedores valencianos como Santiago Calatrava o José María Tomás Llavador confiaran en él y abordaran con decisión no solo el cambio, sino también la aventura al mercado exterior apoyándose en su maduro cosmopolitismo.

Javier Domínguez Rodrigo es catedrático de Proyectos de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y comisario de la muestra sobre Rafael Tamarit, que se exhibe en el CTAV.

Un quiosco de Álvaro Siza en el limbo

Escrito por mpierres o 13 julio 2011

Maqueta del quiosco de bebidas que el Ayuntamiento quiere colocar en la cuesta de Moyano.

Maqueta del quiosco de bebidas que el Ayuntamiento quiere colocar en la cuesta de Moyano.

El Pais -M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA - Madrid - 07/07/2011

Un proyecto que el Consistorio encargó al premio Pritzker para la cuesta de Moyano lleva dos años paralizado - Técnicos de la Comunidad lo rechazan por su diseño

¿Otro desencuentro entre el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y la presidenta Esperanza Aguirre? ¿O se trata de otra frenada de la Comunidad a los proyectos urbanísticos del alcalde? La historia del quiosco diseñado para la cuesta de Moyano se parece bastante a lo ocurrido con el plan del Prado-Recoletos. También ha acabado atascado.

Hace un par de años, el Ayuntamiento de Madrid solicitó a los arquitectos del plan de reforma del eje Prado-Recoletos, Álvaro Siza y Juan Miguel Hernández León, un quiosco para bebidas. En el pliego de condiciones se establecía que los arquitectos serían los encargados de diseñar el mobiliario urbano del singular eje, donde se concentran los principales museos de la ciudad.

Hernández León le dejó el protagonismo a Álvaro Siza (Matosinhos, Portugal, 1933). Sabía que al portugués le gusta mucho diseñar mobiliario. Siza es uno de los arquitectos europeos más influyentes y Premio Pritzker 1992 -el Nobel de Arquitectura- por la reconstrucción del barrio del Chiado en Lisboa.

Al estar ubicado en zona patrimonial protegida, el proyecto del quiosco, iniciativa aplaudida también por los libreros, tenía que pasar por la comisión local de Patrimonio Histórico. Este órgano está integrado por técnicos de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y el Colegio de Arquitectos, donde se encuentra Hernández León. Pero la comisión rechazó el proyecto, a instancias de los representantes del Gobierno regional, según fuentes del proceso.

La justificación que dieron fue que el quiosco estaba fuera de escala y que “no les gustaba”, añaden las mismas fuentes. La comisión de Patrimonio solicitó a los arquitectos una “corrección” del diseño. En la segunda vista de Patrimonio local, Hernández León defendió la obra a partir de imágenes y simulaciones realizadas por el arquitecto portugués. Y el quiosco de Siza volvió a ser rechazado por los mismos técnicos. Las razones volvieron a ser las mismas. “La escala es un concepto relativo”, alega Hernández León; “depende de con qué lo compares y respecto a qué. ¿Respecto a la plaza de Atocha?, ¿a la verja?”, se pregunta con sorna. “Es muy discutible, no entiendo tanto problema para una obra efímera y de bajo presupuesto”.

El Ayuntamiento asegura que sigue “a la espera de la autorización vinculante y preceptiva de la Comunidad de Madrid”. Y desde el Ejecutivo regional insisten en que el quiosco “está parado en la comisión local”, sin especificar quiénes son los técnicos que se oponen. Siza, que prefiere no hacer declaraciones, se ha inspirado en los quioscos antiguos de Madrid para realizar el de la cuesta de Moyano. Y remite a otra referencia: una pequeña capilla entre los árboles del bosque del cementerio de Estocolmo.

Hernández León recurre a la ironía para explicar ese rechazo a la obra de Siza: “Me resulta sorprendente esa negativa. Entiendo, dada la gran sensibilidad que los técnicos tienen para el mobiliario urbano, y no hay más que ver la proliferación de sillas de plástico por Madrid, que no les guste un diseño de un Pritzker”.

45 proyectos compiten en el principal premio gallego de arquitectura

Escrito por mpierres o 11 julio 2011

El Pais - J. L. ESTÉVEZ - Santiago - 09/07/2011

El premio Ascensores Enor de arquitectura ha seleccionado para su quinta edición a un total de ocho proyectos de estudios de arquitectura gallegos, que competirán con otros 37 de Portugal y otros puntos de España por el prestigioso galardón. Entre los antiguos ganadores del premio se encuentra el portugués Eduardo Soto Moura, que hace unos meses consiguió el premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura.

El objetivo del premio, que se fallará en noviembre y se convoca cada dos años, es el de ayudar a difundir la mejor arquitectura que se realiza en la península ibérica. La dotación total de los premios asciende a 30.000 euros. Además del galardón principal se conceden otros en cada una de las demarcaciones en las que actúa Enor, la empresa que convoca el premio, que precisamente cumple 60 años de actividad en 2011.

Los 45 finalistas que optan a las siete categorías de los premios serán incluidos en un libro que ya se ha convertido en un clásico de la literatura arquitectónica de la península ibérica. El jurado de esta edición está encabezado por el arquitecto César Portela y también forma parte del mismo Víctor López Cotelo, ganador de la edición anterior.

Propuestas arriesgadas

La organización destaca que es un premio concedido por arquitectos y que éstos actúan con total independencia para seleccionar los proyectos y elegir a los ganadores. Lo más habitual es que resulten premiados los proyectos más innovadores y que apuestan por propuestas más arriesgadas.

Los proyectos finalistas por Galicia son Centro de Salud de Oleiros, de Abalo Alonso Arquitectos; Hotel Moure, de ese mismo estudio, Casa A5, del arquitecto Carlos Seoane; Hotel Pazo de Altamira, de Creus e Carrasco Arquitectos; Parque Arqueológico de Campo Lameiro, de RVR Arquitectos; Reintegración Urbana del Patrimonio Cultural de la Ribeira do Traba, de Salgado e Liñares Arquitectos; Sede para Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia en Vigo y Plaza del Pueblo Gallego, de Irisarri-Piñera, y Casa da Maxia de Ourense, de Trespes Arquitectos.

Los finalistas fueron seleccionados tras dos días de deliberaciones del total de 94 proyectos que pasaron una primera criba, ya que el número total de propuestas para hacerse con el premio ascendió a 350.

Un arquitecto local transformará la estación marítima de Moaña

Escrito por mpierres o 7 julio 2011

J. Santos- MOAÑA / A VOZ - 2/7/2011

Portos encargou o proxecto a Juan Rivas, que expón «un lavado de face»

Portos de Galicia encargó al arquitecto moañés Juan Rivas la remodelación de la estación marítima de Moaña y su entorno, así como el diseño de un carril bici por el paseo de O Vaticano, para unir el existente en O Con y el que comienza en la Rampa de Ramona y se prolonga hasta Meira. El coste de las obras no debe superar los 600.000 euros.

Álvarez Campana, que ayer se reunió con el alcalde moañés para hablar de las demandas portuarias, considera necesario modificar el diseño del local para darle «más vida» al transporte de ría. Rivas tiene prácticamente diseñado un «buen lavado de cara» del edificio y también del entorno, «para el que llegue en barco no tenga que ir sorteando los coches».

Le adosará una marquesina para que los usuarios puedan resguardarse de la lluvia. Modificará la cafetería, un «sitio privilegiado rodeado de mar pero desde el que casi no se ve el mar».

Para añadirle un carril bici al paseo estudia construir una plataforma de madera volada sobre el agua. Portos, además, se plantea salvar la Rampa de Ramona con un puente de madera.

Muelle de A Mosqueira

Álvarez Campana reconoció que las obras de prolongación del muelle de mejilloneros hubo que paralizarlas por un problema técnico insalvable. La pretensión de construirlo sobre pilotes fracasó al no poder cementarlos por el fango. Portos encargó a la empresa un nuevo proyecto. La idea es prolongar el muelle 60 metros hacia el sur y otros 25 hacia el este, dando abrigo a la parte exterior.

Problemas con Costas

Campana pretende reordenar la explanada portuaria de Meira y solucionar el problema de la rampa y la situación irregular del club de remo. Solicitó a Costas la adscripción, pero el trámite se está retrasando y Costas le anunció que la zona del club náutico se la va a reservar.

El presidente de Portos afirmó que antes de finalizar el año estará construido el club de jubilados de Meira, que precisará trasladar el Museo das Carreiras. Será un edificio «sencillo», afirmó, de planta baja e integrado en el entorno.

Portos encargó el proyecto a Juan Rivas, que plantea «un lavado de cara»

Álvarez Campana aseguró, por otra parte, que su departamento está realizando los estudios previos de impacto, dinámica de litoral, batimetrías y alternativas en el puerto de Domaio para ver si es posible ampliar el muelle, como demandan los bateeiros.

También se propone ampliar el vial de acceso y adjudicar la gestión de la rampa de bateas a la única empresa que mostró interés en hacerlo tras quedar desierto el concurso público.

Anunció finalmente que se está redactando un estudio de necesidades para mejorar la estación marítima de Cangas.

Artículo de opinión: Contra las cuerdas

Escrito por mpierres o 28 junio 2011

Fuente: Diego Germade / desde el blog: http://opacos.wordpress.com/

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