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Publicado por admin o 7 junio 2011

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Historias da arquitectura ‘mileurista’

Escrito por mpierres o 23 noviembre 2011

Vivienda sostenible en Teo (A Coruña), del estudio de arquitectos Iterare.- HÉCTOR SANTOS-DÍEZ / BIS IMAGES

Vivienda sostenible en Teo (A Coruña), del estudio de arquitectos Iterare.- HÉCTOR SANTOS-DÍEZ / BIS IMAGES

El Pais - ANATXU ZABALBEASCOA- Madrid -23.11.2011

La crisis económica ha puesto en peligro el final de mes de muchos profesionales pero, a la vez, ha dado origen a una nueva estética hecha de escasos medios y gran ambición

“Hacer de paletas nos va a enriquecer”. Habla David Lorente, del estudio de Sabadell H Arquitectes. Y su trayectoria permite creerle. Tienen trabajo. También reconocimiento. Acaban de ganar el Premio Joven Enor por un gimnasio levantado con prefabricados en Barberá del Vallés (Barcelona). Sin embargo, les cuesta llegar a fin de mes. Se han vuelto habituales las situaciones que les exigen más horas de trabajo y mayor imaginación. Cuando firmaron el proyecto ejecutivo de la Casa 712 en Gualba (Barcelona), el banco se desdijo. De la hipoteca apalabrada de 240.000 euros, concedió la mitad. Tuvieron que rehacer los planos y reducir la tarifa. Tantas dificultades desembocaron en una gran lección: quitar todo lo que se puede quitar encierra una arquitectura distinta. La crisis económica no se ha traducido en la arquitectura española en una crisis de ideas, al contrario, una nueva ética está produciendo una nueva estética. De escasos medios y gran ambición.

La situación no es nueva. “Hace 10 años que cobramos por debajo del convenio (21.000 euros al año). Y eso, para un empleado, es ilegal”, continúa Lorente. El asunto es peliagudo: “Si nos legalizamos, cerramos”. También candente: la arquitectura es de las profesiones que más se ha transformado con el acceso masivo a una educación superior. Con tantos proyectistas en la calle, la tarta que repartir da para poco. La opción de hacer dinero queda en manos de las inmobiliarias interesadas en construir -no en hacer arquitectura-, y la antigua usanza -que trataba la profesión como un club en lugar de como una empresa- solo resulta viable para los profesionales de familia rica. Así, la única posibilidad es cambiar las cosas. Y eso pasa por, sin resignarse, tomar la precariedad laboral como una oportunidad para redefinir los valores de una nueva arquitectura.

Lo que sucede en Sabadell tiene un eco en Sevilla. Allí, María González y Juanjo López de la Cruz, también al borde de los 40 años, forman el estudio Sol89 desde hace 10 años. Han tenido suerte ganando un par de concursos. Aun así, en su estudio son los únicos fijos: ellos hacen las maquetas, las mediciones, las facturas, las memorias y la limpieza. Nadie coge el teléfono si están en la obra o dando clases. Les gusta la enseñanza y desde hace un lustro son profesores en la Escuela de Sevilla. “Por entonces todos estaban construyendo, y en aquella época conseguir un puesto compitiendo con 12 personas era una misión razonable”, explica López de la Cruz. Las cosas han cambiado. La crisis ha disparado la vocación docente y 70 aspirantes a profesor disputan hoy cada plaza.

“Haber ido a la contra nos ha beneficiado”, explican los responsables de Sol89. En su despacho los costes son mínimos. Esa austeridad es una actitud. Y se traslada a la obra. Sus proyectos barajan presupuestos de entre 600 y 800 euros el metro cuadrado. En el Puerto de Huelva, donde debían levantar un Centro de Formación, encontraron un edificio prefabricado abandonado. Frente a la inercia de demoler, se plantearon reciclar. Su pabellón reciclado demostró que reutilizar puede ser una opción que pasa por apoyar, en lugar de cimentar, y valora la ligereza por encima de la perpetuidad. Ese proyecto les sirvió para ensayar la investigación sobre estrategias de reutilización en barriadas que realizan en la universidad. Hacer piruetas para sobrevivir se refleja en un nuevo ingenio. Pero los arquitectos de Sol89 aseguran que parten con ventaja. Están acostumbrados a trabajar desde la escasez: “De Despeñaperros para arriba mueven otras cifras”, comentan. Al tiempo que insisten en quitarse el halo de heroicidad: “Hay compañeros que lo están pasando mucho peor. Somos de los que tenemos suerte”.

Sin cinismos, se podría decir que también el madrileño Enrique Krahe tiene suerte. Y ese es el drama. Levantó el Teatro Municipal de Zafra, en Badajoz, un edificio trufado de ideas y respeto que abre una vía de futuro en la tradición constructiva local y que le valió premios como el Lamp de iluminación. Luego ganó el primer premio para construir una residencia de estudiantes en Noruega en la que trabaja. Aun así, Krahe pertenece al grupo de los ni-siquiera-mileuristas que han decidido tomarse la precariedad como una oportunidad para la investigación. Vive del despacho y de algunos talleres. “Aunque ya puestos a perder el pudor para hablar de estos temas, he de decir que también he vivido de mi mujer”, cuenta desde Delft. Pasa medio mes en esa ciudad holandesa porque en esa universidad trabaja su mujer, ingeniera aeronáutica. No es el único que le levanta un monumento a su pareja. Quienes lo hacen consideran un avance el hecho de que ahora se pueda hablar del tema, un reflejo más de los cambios sociales que a los arquitectos les ha tocado vivir multiplicados. ¿Por qué? Porque al aumento de profesionales, debido al acceso masivo a la educación, ellos suman un recién creado sindicato.

Todos los roles están cambiando. El del cliente, también. Krahe cuenta cómo el dueño de una casa que construye cerca de Madrid ha dejado de trabajar en Telefónica para hacer de constructor de su vivienda. “Es ingeniero, y no sabe de esto. Pero como es muy empollón, ha asumido el papel. ¿Quién vigilaría mejor la construcción de su casa?”. Krahe habla de la urgencia de replantear la fórmula tradicional, en la que el arquitecto verificaba en la obra el acuerdo entre esta y los planos. “Hoy la obra es parte activa, allí se realiza la mitad del proyecto”, explica. Eso recorta la gente empleada, reduce drásticamente los gastos pero también limita la cantidad de trabajo que un arquitecto puede hacer.

Está claro que los arquitectos tienen que cambiar. Y ese cambio está alterando la arquitectura. Los socios de Iterare, en Santiago de Compostela, han cuajado cinco edificios sobresalientes recuperando, sin nostalgia, métodos constructivos del pasado que combinan con soluciones actuales y con ideas procedentes de otras culturas. Esos proyectos desinhibidos resultan contenidos, escuetos, pero no rígidos. Detallistas, pero no relamidos, transmiten naturalidad. Resultan creíbles. Y es que lo que sucede en Sabadell, Sevilla o Madrid también se vive en Galicia.

Allí, Jacobo Malde, Santiago Rey, Blanca Carballal, Daniel Dapena e Ismael Ameneiros formaron Iterare hace tres años. Habían trabajado en una gran ingeniería nacional, donde aprendieron a construir con precisión y profesionalidad. Sin embargo, se juntaron porque querían aportar algo más: una arquitectura de resistencia, capaz de aguantar agresiones con bajo mantenimiento pero sin bunquerizarse. De acuerdo con ese objetivo, firmaron su primera vivienda de aire nórdico para la matrona de los hijos de Ismael. Tras ella, la prima de esta realizó el segundo encargo, un nuevo experimento que combinaba madera local y prefabricación con un presupuesto inferior a 900 euros por metro cuadrado. Más tarde, fue el arquitecto municipal de Teo, donde se encuentran esas dos casas, quien les encargó su primera piedra de batalla: el centro social de Teo, un edificio partido en tres volúmenes para ahorrar en mantenimiento y abrirse a nuevos usos en el extrarradio de la ciudad.

Las oportunidades para quien está dispuesto a dejarse los días se multiplican. Pero no dan para sobrevivir. Hoy, a punto de concluir otro centro sociocultural, que sustituye dos barracas y una uralita en un barrio de viviendas de realojo en Ferrol y con una emocionante tribuna en el campo de fútbol de Vilalba (Lugo) terminada, los arquitectos de Iterare se van a separar. Ismael tiene dos hijos y dice, más en serio que en broma, que ha sopesado meterse a carnicero. A la escasez de proyectos cabe sumar la bajada en el porcentaje de los presupuestos y el aumento en la implicación de los arquitectos. Todo eso está paradójicamente alumbrando una generación de edificios modélicos, imaginativos y realistas que representan, para los arquitectos, más responsabilidades y más dedicación por menos dinero. Con todo, y con cinco logros personales que son cinco logros sociales, los integrantes de este estudio de Santiago se tienen que separar. Tampoco son mileuristas. No llegan a poder sobrevivir. Asumen no enriquecerse, aceptan esforzarse para hacer algo en lo que creen, pero no pueden dejar de pagar la factura de la luz.

La democratización de la arquitectura está produciendo cambios que retan a los proyectistas tanto como a la propia disciplina. “La arquitectura va detrás de los cambios sociales, recogiendo sus efectos y dejando testimonio de esos cambios y de las transformaciones que se producen en la sociedad, ya sea por razones económicas o catastrofistas”, sostiene Ángela García de Paredes, tercera generación en una saga de arquitectos que vive con holgura tras décadas de probar suerte, y tenerla, en todo tipo de concursos públicos. La situación económica, pero también un terremoto o la revolución industrial, cambian la arquitectura. García de Paredes lo ha visto pasar. Y está convencida de que, al margen de las adversidades, la arquitectura debe responder. “Hay muchos ejemplos de arquitectura de alta calidad producida en momentos de gran escasez”.

Un quiosco de Álvaro Siza en el limbo

Escrito por mpierres o 13 julio 2011

Maqueta del quiosco de bebidas que el Ayuntamiento quiere colocar en la cuesta de Moyano.

Maqueta del quiosco de bebidas que el Ayuntamiento quiere colocar en la cuesta de Moyano.

El Pais -M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA - Madrid - 07/07/2011

Un proyecto que el Consistorio encargó al premio Pritzker para la cuesta de Moyano lleva dos años paralizado - Técnicos de la Comunidad lo rechazan por su diseño

¿Otro desencuentro entre el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y la presidenta Esperanza Aguirre? ¿O se trata de otra frenada de la Comunidad a los proyectos urbanísticos del alcalde? La historia del quiosco diseñado para la cuesta de Moyano se parece bastante a lo ocurrido con el plan del Prado-Recoletos. También ha acabado atascado.

Hace un par de años, el Ayuntamiento de Madrid solicitó a los arquitectos del plan de reforma del eje Prado-Recoletos, Álvaro Siza y Juan Miguel Hernández León, un quiosco para bebidas. En el pliego de condiciones se establecía que los arquitectos serían los encargados de diseñar el mobiliario urbano del singular eje, donde se concentran los principales museos de la ciudad.

Hernández León le dejó el protagonismo a Álvaro Siza (Matosinhos, Portugal, 1933). Sabía que al portugués le gusta mucho diseñar mobiliario. Siza es uno de los arquitectos europeos más influyentes y Premio Pritzker 1992 -el Nobel de Arquitectura- por la reconstrucción del barrio del Chiado en Lisboa.

Al estar ubicado en zona patrimonial protegida, el proyecto del quiosco, iniciativa aplaudida también por los libreros, tenía que pasar por la comisión local de Patrimonio Histórico. Este órgano está integrado por técnicos de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y el Colegio de Arquitectos, donde se encuentra Hernández León. Pero la comisión rechazó el proyecto, a instancias de los representantes del Gobierno regional, según fuentes del proceso.

La justificación que dieron fue que el quiosco estaba fuera de escala y que “no les gustaba”, añaden las mismas fuentes. La comisión de Patrimonio solicitó a los arquitectos una “corrección” del diseño. En la segunda vista de Patrimonio local, Hernández León defendió la obra a partir de imágenes y simulaciones realizadas por el arquitecto portugués. Y el quiosco de Siza volvió a ser rechazado por los mismos técnicos. Las razones volvieron a ser las mismas. “La escala es un concepto relativo”, alega Hernández León; “depende de con qué lo compares y respecto a qué. ¿Respecto a la plaza de Atocha?, ¿a la verja?”, se pregunta con sorna. “Es muy discutible, no entiendo tanto problema para una obra efímera y de bajo presupuesto”.

El Ayuntamiento asegura que sigue “a la espera de la autorización vinculante y preceptiva de la Comunidad de Madrid”. Y desde el Ejecutivo regional insisten en que el quiosco “está parado en la comisión local”, sin especificar quiénes son los técnicos que se oponen. Siza, que prefiere no hacer declaraciones, se ha inspirado en los quioscos antiguos de Madrid para realizar el de la cuesta de Moyano. Y remite a otra referencia: una pequeña capilla entre los árboles del bosque del cementerio de Estocolmo.

Hernández León recurre a la ironía para explicar ese rechazo a la obra de Siza: “Me resulta sorprendente esa negativa. Entiendo, dada la gran sensibilidad que los técnicos tienen para el mobiliario urbano, y no hay más que ver la proliferación de sillas de plástico por Madrid, que no les guste un diseño de un Pritzker”.

Los aires modernos de la arquitectura española

Escrito por mpierres o 22 marzo 2011

facultad_geologicas_biologicas_1965-1969_oviedo1El Pais -Mª José Díaz de Tuesta- Madrid- 22.03.2011

Frente a la arquitectura especulativa de las últimas décadas, tan ansiosa por encontrar efectos especiales, está sin ir muy lejos una arquitectura basada en la racionalidad, en el uso preciso de los materiales y con una cualidad ética: cumplir una función social. Estos valores llegaron de la mano del Movimiento Moderno que en España se sitúa entre 1925 a 1965. Luego se abandonaron en los años ochenta con el culto a la posmodernidad y ahora se percibe un cierto regreso, quizá a fuerza de la crisis. Ejemplos magníficos hay unos cuantos repartidos por toda la geografía española. La Fundación Docomomo , que se dedica a documentar, cuidar y difundir ese impagable patrimonio, acaba de publicar el primer volumen de Equipamientos Lugares públicos y nuevos programas, 1925-1965. Recoge con apreciable minuciosidad, con su ficha, planos, fotografías y una breve descripción, 300 obras ordenadas por comunidades autónomas de edificios educativos, sanitarios, religiosos y administrativos. El segundo tomo se encargará de los comerciales, turísticos, de ocio, deportes y de transportes.

“Es necesaria una mirada al pasado para descifrar lo que somos, porque cada estilo es el reflejo de las inquietudes y los gustos de una determinada época”, dice Celestino García Braña, presidente de la Fundación. “Por ejemplo, la Alhambra fue cantera y cueva de ladrones hasta que los románticos se fijaron en ella porque conectaba con ese interés que tenían por los cultos exóticos”.

Los edificios de la modernidad dicen adiós a los estilos anteriores basados en lenguajes históricos: neorromanticismo, barroco, neoclásico…e irrumpen con un lenguaje funcional, técnico y con la expresividad de los nuevos materiales, el hormigón, el hierro y el vidrio. Uno de los ejemplos es el Centro de Investigaciones Geológicas, en Madrid, de Miguel Fisac. “Toda la expresividad del edificio se concentra en el uso del hormigón”, aprecia García Braña. Del mismo arquitecto se derribó no hace tantos años, en 1999, La Pagoda, algo que los arquitectos compararon como “la quema de un “miró”. ¿Hoy hubiera sido derribada? “Quiero creer que no”, afirma el presidente de esa Fundación que ejerce de “vigilante” de esos edificios. “El patrimonio hay que crearlo día a día y las administraciones públicas y la sociedad tienen que ser conscientes de ello”.

Espacios religiosos

En cuanto a los espacios religiosos, los aires renovadores que llegaron con el Concilio Vaticano II encajaron bien con esa nueva visión de la arquitectura. En pleno debate sobre la arquitectura de culto, en los años cincuenta, prolifera la construcción de iglesias. Una de las más originales por su imagen y por el uso del hormigón y superficies de vidrieras es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe (1965), en Madrid, de Félix Candela, que empieza a construir en España tras un largo exilio en México. También se integran en este movimiento, Nuestra Señora de Aránzazu (1955), en Oñate, Guipúzcoa, de Sáenz de Oíza y Luis Laorga o la iglesia de Fuencisla (1965), en Madrid, de José María García de Paredes. Esa nueva arquitectura también entró de lleno en los colegios cuya organización cambió radicalmente. La luz es vital, el aula debe ser un espacio iluminado uniformemente, pero los rayos de sol no pueden molestar, tienen que ser indirectos, así que la orientación norte es esencial.

El colegio de Las Teresianas (1969), en Córdoba, de Rafael de la Hoz, el Colegio Mayor Casa de Brasil (1962), de Alfonso D`Escragnolle y Fernando Moreno, en Madrid, o el de Nuestra Señora de Santa María (1962), de Fernández Alba, también en Madrid, con las aulas que se repiten dispuestas para buscar el sol son dos buenos ejemplos de que la función no solo es una cuestión de estilo, sino la que organiza todo el edificio. Junto con la funcionalidad, la austeridad de medios era otro de los valores supremos del Movimiento Moderno y que según García Braña vuelve a tener razón de ser: “O sea, más humildad”.

¿Qué le preocupa a un arquitecto de hoy?

Escrito por mpierres o 2 febrero 2011

El Pais- Anatxu Zabalbeascoa - 31.01.2011

Seis arquitectos en activo de diversa obra, ideología, situación profesional y económica responden a esta pregunta. Abrimos el debate a arquitectos y no arquitectos.

Emiliano López y Mónica Rivera:

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Hotel Aire de Bárdenas. FOTO: J.HEVIA


“Lo que más nos preocupa a nosotros es el papel que juega nuestra profesión en el conjunto de la sociedad. Como colectivo, ¿qué es lo que le podemos aportar y hasta qué punto la sociedad realmente nos tiene en cuenta como pensadores y profesionales? ¿Por qué el incesante incremento de normativas, códigos técnicos y marcos legales que pautan y conducen las propuestas arquitectónicas? ¿Será que la sociedad ya no confía en nosotros y nos tienen que encorsetar para que no malgastemos sus recursos? ¿Qué porcentaje de arquitectos participa en la configuración de estas normas?

Antes el arquitecto era quien velaba por la correcta ejecución de una obra como mediador entre la empresa constructora y el cliente. Ahora muchos de los concursos públicos en Cataluña se adjudican a la constructora y no al arquitecto, y es la constructora la que vela por los intereses del cliente, controlando de cerca al arquitecto.

En breve, con las nuevas carreras amparadas en el plan de Bolonia, nuevos profesionales de formación puramente técnica podrán quizás dirigir las obras en base a planos realizados por arquitectos, truncando así una de las fases más trascendentales en la materialización de una obra. Por este camino, un edificio será válido simplemente con que cumpla el marco legal. ¿Qué nos está pasando? ¿En qué nos estamos equivocando los arquitectos? ¿Qué estamos descuidando?”

Ángela García de Paredes e Ignacio García-Pedrosa:

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Museo visigodo de Mérida proyectado sobre muros romanos y árabes para albergar la colección visigoda en la trama urbana del siglo XXI


Condicionado por la realidad de hoy, a un arquitecto le debería preocupar cómo establecer un ritmo de construcción que haga sostenible un crecimiento cualitativo de la ciudad, no basado en la ocupación de nuevo suelo. La crisis ha establecido una moratoria que debe permitir repensar la ciudad y su equilibrio con el territorio, con el paisaje y con el perfil de las costas.

Nos preocupa cómo articular una intensificación de lo construido, construir la ciudad mejorando lo que ya existe y sustituyendo, con acierto, lo que está aceptado por el mero hecho de estar presente. Reutilizar con nuevos usos infraestructuras y edificios obsoletos o infrautilizados. Reanimar, mediante la calidad, la actividad constructora necesaria para vitalizar la economía y para permitir la supervivencia de nuestras ciudades”.

Juan Herreros:

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PROTOTIPO CASA MODULAR GAROZA. FOTO: J. CALLEJAS

“No sé si a todos nos preocupa lo mismo, pero en mi caso, me inquieta comprobar que los arquitectos no habitamos un lugar desde el que explicar con claridad el interés y la necesidad de nuestro trabajo. La ciudad cambia a ritmos vertiginosos impulsada por la energía, las ambiciones y la fuerza del capital, pero no tengo muy claro que estemos realmente participando de esos cambios con nuestro conocimiento e imaginación sino más bien dando forma final a un escenario cuyas reglas las escriben otros. Los arquitectos queremos participar en el establecimiento de los modelos de prestigio y de calidad; ayudar a las personas a mirar más allá de lo que conocen y animarles a desear lo que nunca se les habría ocurrido; hacer patente el enorme valor añadido desperdiciado por una sistemática interpretación consumista de nuestros productos; explicar sin fascinaciones infantiles cuál es el potencial poético de novedades como la sostenibilidad o las nuevas tecnologías y cómo pueden ayudar a construir un soporte físico que sea el mayor orgullo de una sociedad civil avanzada. En un contexto de crisis, a los arquitectos nos preocupa que la lección no sea aprendida con toda su transparencia y que el momento no sea aprovechado para dar ciertos giros saludables y eliminar de una vez por todas algunos clichés que lastran el enorme potencial de ese conglomerado fascinante que es la cultura urbana”.

BOPBAA. Josep Bohigas, Francesc Pla, Iñaki Baquero:

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AMPLIACIÓN DE EL MOLINO, BARCELONA. FOTO: EVA SERRATS.

“En el sentido amplio del término, nuestro trabajo es continuar. Da un poco igual si lo haces sobre unos muros góticos, unos endebles tabiques de un polígono de los años setenta, sobre una parcela llena de pinos o sobre un emblemático café – concierto. El tema es entender que algo ya ha empezado antes de tu llegada. De pequeños contábamos en voz alta los pasos de la comba antes de entrar a saltar dentro. En arquitectura pasa algo parecido. Uno debe tratar de entrar con el pie que toca para poder seguir un ritmo. Una vez dentro haces lo que sabes o lo que puedes y siempre sabes que acabarás por salir, y que viene otro detrás de ti.

Entendemos la ciudad como suma. Tenemos una consciencia absoluta de pertenecer a una narración que siempre ha empezado antes y que, sobre todo, alguien continuará. Nos atrae esta condición tan contemporánea y necesaria. Empezar dando por bueno lo que nos encontramos, por extravagante que parezca, y que sea más adelante, cuando se descubran las posibilidades de mejora o influencia. La imagen de alguien que sale de entre el público para sumarse como músico a una sesión de jazz explica muy bien qué tipo de ciudad y arquitectura nos interesa.

Apostamos por una arquitectura “prepositiva”, entendemos que nuestro trabajo se produce a, ante, bajo, con, desde, hacia, tras… algo que ya estaba ahí, y nuestra intención es sumarnos (y algún día diluirnos) en ese esfuerzo”.

Andrés Jaque:

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CASA EN NEVER NEVER LAND, IBIZA. FOTO: MIGUEL DE GUZMÁN.

“En el estudio que dirijo nos interesa trabajar empoderando las partes frágiles, pero valiosas, de lo que ya existe. Dos ejemplos:

Uno social: Hemos analizado en detalle cómo son los entornos domésticos de los mayores que viven en soledad en el centro, de la periferia automovilística o de las casas de trabajadores trasnacionales de origen senegalés. La observación de lo real desafía la manera en que hasta ahora se han pensado la vivienda y la ciudad, como esferas casi independientes. Ahora trabajamos para mejorar, con intervenciones específicas, cada una de estas situaciones.

Otro constructivo: Una parte de lo industrial depende de sistemas que nada tienen que ver con la retórica de los prefabricados; sino con la combinación de elementos ligeros y pequeños, cuya manipulación es fácil y flexible. Me refiero a: membranas impermeabilizantes, aislamientos térmicos, cintas adhesivas, sellantes. Siempre están ahí y son los que de verdad están trabajando, pero en la tradición de los proyectos singulares, quedan detrás de paneles de piedra, aluminio u hormigón. Nosotros intentamos ahora utilizarlos atendiendo a sus prestaciones, según sus lógicas y sin ocultarnos”.

Enric Ruiz Geli:

Media-TIC

EDIFICIO MEDIA-TIC EN BARCELONA

“LAS 10 PREOCUPACIONES:

1. El cambio climático

2. Trabajar con físicos y mis hijos en “excelencia” (pensando futuro).

3. La energía y su eficiencia, hacia la empatía.

4. Aumentar en las escuelas de arquitectura la consciencia “green”.

5. La transparencia espacial, político, medios,…

6. Innovación y patentes en centros tecnológicos.

7. El conocimiento y su transmisión intergeneracional.

8. Ser socialista.

9. La inteligencia distribuida en la construcción de espacios, objetos, materiales.

10. Convertir conocimiento, en PIB y salir de la crisis con valor añadido.

(Esta lista no está ordenada por importancia)”.

La joya del arquitecto tiene goteras

Escrito por mpierres o 25 enero 2011

El País - Santiago- 24 Enero 2011

Los propietarios de viviendas en edificios emblemáticos están obligados a seguir normas de conservación que encarecen y dificultan las reformas

La vida dentro de esa casa mil veces fotografiada también tiene goteras. Residir en un edificio con valor arquitectónico en el que Patrimonio pone mil ojos acarrea también muchos requisitos y cuidados. Los propietarios son conscientes de que deben mimar el acervo que tienen bajo sus pies pero reclaman más facilidades de la Administración.

Galerías al Atlántico A Coruña

Vivir asomado a las galerías de La Marina coruñesa, la fachada atlántica de la ciudad, es un lujo para la vista y “un castigo para el bolsillo”. Hace 21 años que Juan Chas y su familia viven en un señorial edificio de 1887 en la calle Riego del Agua. La ley obliga a los propietarios de los edificios protegidos por su valor patrimonial a respetar las estructuras originales y emplear idénticos materiales en cualquier pequeña reforma, que casi siempre se atasca en un laberinto de permisos burocráticos “que se eternizan en el Ayuntamiento”.

El suelo del piso es de madera de pino tea y las escaleras de las seis plantas, de castaño. Reemplazarlo por los mismos materiales les sale por un pico. “Ya casi no hay pino tea y los escalones los tienen que hacer peldaño a peldaño”, asegura este propietario. Cuenta que su comunidad de vecinos, que habitan seis familias, tiene que pintar la fachada cada tres años (6.000 euros) para frenar las humedades y llevan otros dos ahorrando para sustituir la maquinaria del ascensor. “Cada vez que pedimos un presupuesto, es totalmente desorbitado”, se queja, cansado de las derramas extraordinarias y de unas ayudas “escasas” que tardan en cobrar. “Parece que en vez de una obra, tenemos por delante una restauración”, lamenta.

En septiembre de 2010, el fuego prendió en la cocina del restaurante que ocupa los bajos del edificio contiguo, gemelo al suyo, y trepó rápidamente por las vigas de madera. Los bomberos tuvieron que evacuar a dos familias por la ventana y los daños fueron considerables. Cuenta Chas que los vecinos llevan meses detrás de los materiales adecuados para reponer el suelo, hecho a base de tablones de madera de siete metros, que buscaron, incluso, en otras casas viejas.

Con este panorama, reconoce que hay quien trampea la casa “con arreglos de PVC”, que contravienen las directrices de Patrimonio. “Para el político es muy fácil hiperproteger, pero sin ayudas ágiles y sustanciosas no le podemos hacer frente”. Asegura que su comunidad son conscientes del patrimonio arquitectónico que tienen bajo los pies, que se esfuerzan en preservar, pero reclama a la Administración más apoyo económico. “Si es patrimonio de todos, tendremos que contribuir todos. La protección, si no se acompaña de ayudas públicas, es una trampa”, concluye Chas.

La forma sigue a la función Vigo

El edificio donde vive José Bar Blanco en Marqués de Valladares número 27 (Vigo) es uno de los mejores ejemplos de arquitectura moderna de Galicia -junto con la fábrica de Coca-Cola en A Coruña de Andrés Fernández-Albalat y Antonio Tenreiro-. Lo proyectó su padre, José Bar Boó, en 1960. Superada la etapa más represora del franquismo, Bar Boó formó parte de una nueva generación de arquitectos titulados en la Escuela de Madrid que aspiraba a cambiar la estética regionalista de país ensimismado y provinciano que tanto le gustaba al dictador. “La importancia histórica del edificio Plastibar -así se llama- radica precisamente en que representa en Galicia el retorno a la modernidad en arquitectura. Es un ejemplo claro del racionalismo europeo más puro”, explica Bar Blanco, también arquitecto.

“El edificio, en origen una promoción familiar que le dio a Bar Boó una oportunidad para poder ensayar nuevas ideas, se estratifica en tres niveles siguiendo el principio de form follows function [la forma sigue a la función], que pueden leerse perfectamente en el plano de fachada”, describe José Bar, que ocupa un estudio en la sexta planta. Su padre personalizó para cada familiar los pisos, incluido el diseño del mobiliario, que se organizan alrededor de un espectacular patio-jardín interior.

Para conservarlo hace falta, además de dinero, respeto por el proyecto original. “Un desastroso acuerdo de la comunidad que permitía a cada propietario sustituir, por su cuenta y a su libre albedrío, las carpinterías en muros cortina de fachadas, las ha convertido en un desorganizado muestrario de diferentes materiales”. Por la comunidad de vecinos han pasado presupuestos astronómicos que no cumplieron las expectativas. “Más grave aún fue la supresión de la calefacción central, con caldera de gasoil, que se eliminó al interpretar voluntariosamente el comprador de los bajos comerciales que el cuarto de la caldera le pertenecía”. Es el peaje que ha pagado la obra con el paso del tiempo, que aún así conserva en buena medida su complejidad original.

Ciudad barroca Santiago

Desde hace 63 años, Jaime Romero vive en el mismo piso en el que nació. Solo le ha sido infiel durante una breve etapa de estudiante en A Coruña y por las escapadas veraniegas a las que casi le obliga la situación de su casa: en la compostelana plaza del Toural, número 1, escenario de conciertos, espectáculos y concentraciones. El edificio fue construido por el arquitecto municipal Manuel Prado y Vallo en 1856 y su sólida edificación apenas da problemas.

Aunque la distribución de la vivienda ya no es la misma que Romero recuerda de su infancia, los grandes cambios se realizaron hace más de 30 años, antes de que existiesen normas como las actuales, que vigilan cada cambio en los edificios de la ciudad histórica. La última reforma importante que llevó a cabo fue el arreglo de la galería exterior, que ocupa todo el frontal del edificios y los dos laterales. Él decidió seguir las pautas del Consorcio de la ciudad y mantuvo el material original en madera “aunque medio Santiago está con aluminio y PVC”. A cambio, recibió una subvención. Eso sí, que tuvo que declarar a Hacienda “que viene a recoger parte de lo que te dan, como si fuese un ingreso más”.

La zona, en pleno casco viejo de Santiago, añade también otros inconvenientes, como no poder acceder al servicio de ciertas compañías de teléfono o al gas ciudad. Las casas no tienen tampoco garaje y hay limitaciones estrictas de circulación. Sin embargo, Romero recuerda cuando la plaza se convertía cada noche en un aparcamiento y prefiere una zona monumental peatonalizada.

Colegio modernista Ferrol

Desde lejos, su mirador hexagonal y colgante, recuerda a la torre de un castillo alemán. Es uno de los edificios más singulares de la ciudad y su estructura modernista está ligada a un nombre propio: Rodolfo Ucha. El chalé Antón fue construido en 1918 por el arquitecto ferrolano como vivienda familiar y se transformó en un colegio de la mano de una congregación religiosa.

Bajo sus tejas rojas, se cobijan, de lunes a viernes, unos 250 alumnos y los 24 profesores del Jesús Maestro, un centro concertado para escolares de tres a 16 años, que es, además, uno de los edificios más fotografiados y protegidos por su valía arquitectónica. Nueve religiosas lo habitan todo el año. Goteras, filtraciones de aire y problemas con el enrejado están a la orden del día, explica Pilar, la monja que dirige y habita el colegio.

“Intentamos mantener la estructura de la casa, porque es una joya, pero dificultades para el mantenimiento las tenemos todas”, se queja. Cuenta que, por las desgastadas ventanas de madera, se cuelan ráfagas de aire que enfrían la casa y disparan el gasto de calefacción, aunque parte del alumnado ya está alojado en un ala nueva del edificio.

Asegura que les han denegado “todas las ayudas” que han solicitado para obras y rehabilitaciones y están a expensas de que la dirección de Patrimonio de la Xunta les autorice el pintado de la fachada y la reparación de las rejas y balcones con un coste astronómico. “Sólo revisar y arreglar el enrejado ya es un gasto muy grande”, explica la directora. “Prácticamente ya hemos desistido de pedir las subvenciones, porque no tenemos ayudas de nadie”, añade. Hay alguna gotera, admite, pero defiende que la construcción es sólida y recia. La revisan con mucha frecuencia para asegurarse de que las vigas de madera y la cubierta están en buen estado.

Como arquitecto municipal, Ucha estampó su huella modernista en una veintena de edificios protegidos y enclavados en el céntrico barrio de A Magdalena durante el primer cuarto del siglo XX. El remodelado teatro Jofre, el edificio del Casino, el hotel Suizo o la Casa Romero -antigua sede del banco Simeón- son algunas de sus refinadas creaciones de art noveau reconocibles por su profusión de galerías, balaustradas y balcones circulares.

Capilla medieval Ourense

En el corazón del Ourense histórico, la plaza de San Cosme es una reliquia medieval perfectamente conservada. En ella convivió la capilla y un hospital anexo, hoy en día reconvertido en vivienda. La antigua ermita, de estilo plateresco, fue mandada construir en 1521 por el cirujano Juan Lérez. La inscripción fundacional se mantiene en la clave del arco, en los ángulos figuran los escudos del fundador y en uno de los extremos, un campanil. Desde 1982, alberga el belén esculpido por el artista ourensano Arturo Baltar. Una escena navideña de grandes dimensiones compuesta a base de pequeñas figuras de barro cocido que representa escenas tradicionales del rural gallego.

El edificio anexo lo ocupan cuatro viviendas -dos por planta- y un restaurante en el bajo, con almacén en una puerta contigua, que antiguamente ocupaban las caballerizas de la Guardia Civil. Paradójicamente, las originarias caballerizas de la Benemérita se convirtieron en sellado refugio de perseguidos por el franquismo.

Información elaborada por Lorena Bustabad, María Fernández, Cristina Huete y María Pampín.

Una arquitectura contagiosa

Escrito por mpierres o 3 enero 2011

edificios-de-bopbaa-y-coll-leclercEl País - 26/12/2010

Algunos arquitectos se han dado cuenta de que la ciudad y el ciudadano se benefician cuando ellos dejan de competir. O cuando deciden competir juntos. En Barcelona, un nuevo barrio de viviendas sociales de alquiler busca trazar un puente entre el antiguo y conflictivo vecindario de La Mina y la fachada mediática del edificio Fórum, de Herzog & De Meuron, uno de los pocos inmuebles fallidos de los brillantes proyectistas suizos. Más allá de los restos de los fastos que transformaron una depuradora en plaza pública, el vecindario tiene otras joyas arquitectónicas, como el geriátrico de Lluis Clotet e Ignacio Paricio, un edificio orgánico y racional, vestido sutilmente con persianas de aluminio.

Justo a un lado de ese centro, tres bloques de viviendas de protección oficial dicen algo juntos. Fue precisamente la admiración por el geriátrico lo que sugirió la idea de actuar por contagio. “Lo mejor”, cuenta Josep Bohigas, de Bopbaa, autores del último bloque de la manzana, “es que sucedió sin premeditación. Ocurrió”. Tanto ellos, como Coll Leclerc -galardonados este año por la mejor vivienda social levantada en Cataluña- y Gustau Gili Galfetti, autores de los tres inmuebles, actuaron vigilándose. Más que controlarse, aprovecharon los distintos plazos en la construcción de sus edificios para sembrar coincidencias. Se contagiaron. Así, Bopbaa parece haber tomado prestada la perfilería de aluminio de Clotet-Paricio para cerrar sus terrazas de acceso, Jaime Coll y Judith Leclerc aligeraron ese elemento y Gustau Gili ensayó su idea de un bloque construido en seco, con módulos metálicos acoplables a una estructura prefabricada de hormigón.

La decisión de convertir el interior de manzana en una plaza común sentó el tono final del barrio: los pisos no serían introvertidos. Se trataba de celebrar la vida en la calle. Y así lo han hecho. Sobre el aparcamiento común, los vecinos comparten patio-plaza. Ha crecido la hierba y el vecindario contagia optimismo.

Al bloque de 14 viviendas diseñado por Bopbaa se accede por las terrazas, que doblan la superficie de la sala de estar durante el buen tiempo. En el interior, un espacio diáfano y con luz de ambas fachadas concentra la mayoría de los metros. Se trata de celebrar la temporalidad, de sacarle partido a una terraza y a un lugar de paso, como recuerdan el negro y el amarillo de la fachada, que remiten a los taxis de la ciudad.

A su lado, el edificio de Coll Leclerc también celebra la luz. Sus 42 viviendas tienen 12 metros de fachada y cinco de profundidad. Es decir: mucho aire y grandes vistas. Aquí las habitaciones no se estrenan con el nombre escrito. Son intercambiables. Están distribuidas en una franja reconfigurable. Todas tienen la misma ventilación, iluminación, asoleo, tamaño y vistas. Es el inquilino, y no el arquitecto o la inmobiliaria, quien decide cómo quiere vivir.

Las fachadas traseras de todos estos inmuebles invitan a reconquistar los espacios abiertos: a abrir las ventanas, a perderle miedo a la convivencia. Y esa iniciativa es doblemente valiosa al aterrizar así, sin cerrojos ni miedos aparentes, en una zona marginada por años de mala reputación. Ojalá funcione el contagio.

De momento, el barrio respira aire fresco. Esta nueva manzana no parece Barcelona. Tiene un aspecto liviano, nórdico. Los inmuebles comparten veneración por el sol, por los subrayados en color y por el fomento de la vida comunitaria. Toda la arquitectura habla de convivencia.

Educación para frenar los destrozos del ladrillo

Escrito por mpierres o 28 noviembre 2010

El Pais - PAOLA OBELLEIRO - A Coruña - 26/11/2010

La fastidiosa herencia de una vieja casa del rural para una familia que sólo ansía con mudarse a un piso más grande y pagarse unas vacaciones en una playa saturada de gente. Un alcalde y un constructor sin escrúpulos, compichados para llevar a cabo faraónicos negocios inmobiliarios en aras del supuesto progreso de su pequeño municipio. Inoportunos restos de un castro que desaparecen tan rápidamente como aparecieron porque preservar cuesta y no da dinero. No puede ser más demoledora, y a la vez realista, la historieta de La mansión dos Pampín que, con guión y dibujos de Miguelanxo Prado, conforma una de las herramientas del Proxecto Terra que ya manejan todos los institutos gallegos para enseñar los valores de la arquitectura, la identidad territorial y el patrimonio. Y aprender a cuestionar destrozos y conceptos erróneos del urbanismo que están tan interiorizados en Galicia.

Conocer su territorio, su evolución y sus formas para mejor habitarlo y preservarlo. Es en esencia el objetivo de este exitoso programa que desarrolla desde hace una década el Colexio Oficial de Arquitectos con profesorado voluntario en escuelas e institutos de toda Galicia. “El modo en el que los gallegos fuimos modelando el territorio a lo largo del tiempo es una de nuestras señas de identidad”, reza una de las premisas de este singular proyecto educativo. Sin precedentes en el resto del Estado, acaba de recibir el Premio Nacional de Urbanismo.

Un galardón otorgado por primera vez a un proyecto educativo, y no físico o constructivo, porque, según el jurado, se recurre a la enseñanza obligatoria, en todos sus niveles, “como un recurso imprescindible para el cambio hacia un modelo de desarrollo sostenible del territorio y de la arquitectura”. En todas sus formas y escalas, desde la aldea y la parroquia, pasando por villas, ciudades y áreas metropolitanas.

Cómics, libros de texto, cuadernos de ejercicios así como visitas guiadas de uno o dos días configuran el material y medios desplegados dentro y fuera de las aulas por enseñantes, bajo la batuta del colegio profesional, para que niños y adolescentes, incluidos los más pequeños de las escuelas infantiles, “perciban el territorio y la arquitectura como pilares básicos de su cultura”. Y que aprendan a ser críticos con el entorno en el que viven, a apreciarlo y a ser conscientes del expansivo caos urbanístico que lo destruye.

“No se les dice lo que está bien o que está mal”, explica el coordinador del proyecto, el arquitecto Xosé Manuel Rosales, “son los alumnos los que deben observar, comparar y hacer su propia lectura de lo que ocurre en su entorno y cómo se ocupan los espacios que habitan”. Este profesor de Secundaria y de la Escuela de Arquitectura de A Coruña subraya que el Proxecto Terra funciona porque, a diferencia de otras iniciativas que fracasaron en España, lo llevan profesionales de la enseñanza, no arquitectos.

El material didáctico que ya manejan en la casi totalidad de institutos públicos o privados de Galicia así como en más de la mitad de las escuelas ha sido elaborado por profesores y maestros, “para romper la inercia de mensajes de arquitectos que no entiende nadie”, precisa Rosales. Están ahora redactando el material que se impartirá a los más pequeños a partir del próximo curso de Infantil.

La acogida por parte de la comunidad educativa “es muy amplia”, destaca Rosales. Más de mil profesores de Secundaria y unos 800 de Primaria siguieron cursos de formación para desarrollar este programa educativo dentro y fuera de las aulas. Las consellerías de Medio Ambiente y de Educación financian el proyecto. “Pero siempre tuvimos absoluta libertad y respeto” para plantear a los alumnos un punto de vista “nada condescendiente” de la identidad territorial, su arquitectura popular o contemporánea, su patrimonio.

“Se trata también de educar para que varíen los comportamientos, que aprendan que es responsabilidad de todos el modo en que se ocupa un espacio público, que no vale eso de ‘yo en mi finca hago lo que quiero”, cuenta Rosales. En esas visitas para conocer “otras realidades”, llevó a sus alumnos de Arteixo a Allariz para que descubrieran la preservación del patrimonio y la dotación de equipamientos de los que goza un municipio con muchos menos habitantes e ingresos que el suyo. El Proxecto Terra se va extender ahora a la eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Y las excursiones, de marzo a junio, incluirán Oporto o Melgaço, “todo un ejemplo del respeto por lo histórico y la construcción contemporánea”. “Queremos que los alumnos, que no valoran especialmente Portugal, vean que tenemos que mucho que aprender de ellos”.

Vecino nuevo en el Rastro

Escrito por mpierres o 28 octubre 2010

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El Pais - PATRICIA GOSÁLVEZ - Madrid - 26/10/2010

Un edificio de viviendas protegidas reinterpreta la castiza corrala

El ático es diminuto, pero la terraza es espectacular: unos 25 metros cuadrados en pleno Rastro. Se ve hasta el Cerro de los Ángeles. Cuando ropavejeros, mataderos y curtidurías se establecieron en esta zona de Madrid por el siglo XV, se la bautizó el Rastro por el reguero de sangre que dejaban las reses y porque el término significaba “las afueras”. Cinco siglos después no hay nada más céntrico y más castizo. Lo mejor de este piso de 29 metros en la plaza del General Vara del Rey, donde los domingos se colocan los anticuarios, es el precio: entre 200 y 300 euros al mes (garaje y trastero incluido). Entre la mitad y un tercio de lo que cuesta nada parecido por los alrededores. ¿La razón? El bloque es una de las viviendas protegidas del Ayuntamiento en régimen de alquiler con opción a compra para menores de 35 años.

Se ha hablado mucho de la vanguardia arquitectónica de algunas VPO de las afueras actuales, pero en el centro la experimentación es más complicada. “En los PAU, donde corren los conejos, todo es más sencillo”, opina Juan José de Gracia, coordinador general de Vivienda del Ayuntamiento. “Aun así, también en el casco antiguo intentamos seleccionar proyectos que tengan cierto carácter innovador respetando la idiosincrasia”. Cita como ejemplos las promociones de Margaritas, 12 (con varios premios por su eficiencia energética); Lope de Vega, 10 (con el primer aparcamiento robotizado municipal), o Provisiones, 14 (que reformó una corrala, grafitiincluido).

Arquitectónicamente, la plaza de Vara del Rey parece uno de los puestos que la ocupan los domingos: un batiburrillo de edificios de diferentes siglos y estilos. “Todos los nuevos se han cargado la tipología tradicional de la zona”, explican Luis Díaz-Mauriño, Mónica Alberola y Consuelo Martorell, los arquitectos que ganaron el concurso de la EMV para el número 12 de la plaza, donde había un feo aparcamiento de los setenta. “Nuestro objetivo era recuperar los elementos de la memoria y reinterpretarlos; no es algo científico sino emocional”, dicen. Tras la fachada “que parece contemporánea” hay en realidad una suma de ingredientes castizos: la corrala, los florones, los fraileros (contraventanas que en este caso no son de lamas de madera, sino de abstractas tiras metálicas). Los minipisos tienen incluso fresqueras que dan a los balcones corridos interiores.

Es un casticismo nuevo, de hormigón y acero, de grandes globos de luz y líneas limpias, sin fruslerías (el ajustado presupuesto obliga) y con usos flexibles. El edificio también pretende recuperar el espíritu vecinal del barrio. “Nos interesan los espacios intermedios, entre lo público y lo privado”, explican los arquitectos. “Son casas muy pequeñas, por eso intentamos darles algo más”. En los patios y galerías comunes hay sitio de sobra para que los niños jueguen, para poner macetas, aparcar las bicis, tender la ropa… “¿Una mesa de pimpón, una pantalla de cine?”, sueñan los arquitectos. Queda ver si el Ayuntamiento y los jóvenes que vivirán aquí fomentarán y aprovecharán respectivamente tanto espacio intermedio. “Esto no es Berlín, pero confiamos en que la homogeneidad de los inquilinos ayude a que tengan una vida en común”, dicen los arquitectos. “En Berlín el alquiler es del 57%, en Madrid solo del 19%”, apunta el coordinador de la EMV, “no tenemos esa cultura, pero poco a poco intentamos instaurar modelos de convivencia con muchos espacios comunes aunque a veces sean difíciles de gestionar”. Por ejemplo, colocando lavanderías en los pisos de alquiler rotacional (donde solo se puede estar cinco años).

Mientras el edificio vacío del Rastro promete llenarse de vibrante vida a la berlinesa, en los foros de nuevos vecinos los futuros inquilinos se quejan del tamaño de los pisos (entre 30 y 50 metros cuadrados). En un pósit titulado “¿dónde está el dormitorio?”, una de las personas a las que se ha adjudicado un piso en la plaza se pregunta si encontrará la habitación en el amplio patio. “Los espacios comunes no han restado metros a las casas, al contrario, son una forma de ampliarlas”, argumentan los arquitectos, que se plegaron a los estándares de la vivienda protegida. Aunque hubiesen querido o se hubiesen gastado más no habrían podido hacer casas más grandes. Si el solar hubiese sido privado, el promotor habría hecho, con los mismos metros, menos pisos de más tamaño.

“Hay que repensar la casa”

Escrito por mpierres o 15 septiembre 2010

El Pais - CATALINA SERRA - Barcelona - 14/09/2010

Riken Yamamoto abre el máster Biarch de arquitectura

Hace unos meses ganó el concurso para realizar un enorme edificio en el aeropuerto de Zúrich que tendrá 200.000 metros cuadrados construidos, pero no es por este tipo de megaproyectos por lo que es valorado Riken Yamamoto (Yokohama, Japón, 1945), el arquitecto que ayer inauguró la primera edición del selectivo máster internacional que organiza el Barcelona Instituto de Arquitectura (www.biarch.eu), centro dedicado a la formación y al debate que quiere convertir la ciudad en un referente mundial de la disciplina.

Lo que ha dado prestigio a Yamamoto - que ha construido sobre todo en Japón, China y Corea (www..riken-yamamoto.co.jp)- ha sido su investigación sobre la vivienda, generalmente de pequeño tamaño, en la que experimenta con nuevas tipologías y se sirve de materiales industriales o prefabricados para crear espacios luminosos y de gran transparencia. Lo hace incluso cuando el proyecto es de grandes dimensiones. Prefiere construir varios edificios que se relacionan mediante plazas y callejuelas antes que macizos bloques y, de hecho, define su proyecto de Zúrich como “una ciudadela medieval” formada por pequeños edificios interconectados.

Le preocupa especialmente el aislamiento de las personas en la ciudad contemporánea, la que ha surgido, dice, “del fundamentalismo económico, de una globalización que hace que, vayas a donde vayas, te encuentres el mismo diseño. Parece que estos rascacielos que tanto abundan sean de diseño muy libre, pero en realidad responden al mismo programa y dependen del mismo sistema rígido de las infraestructuras. Tenemos que desinstitucionalizar los servicios y cambiar la idea de que a cada edificio le corresponde una sola función”.

A esto pone su empeño en su trabajo. En el parque de bomberos de Hiroshima ideó un edificio que está adaptado a las visitas escolares y en el Ayuntamiento de Fussa dividió en dos el edificio para ganar espacio en un parque central que funciona como lugar de reunión. “El problema ahora es cómo crear comunidad, qué puede hacer la arquitectura para evitar el aislamiento de la gente”, dice. En sus viviendas colectivas, por ejemplo, busca crear espacios comunes y la transparencia en la zona de acceso para visualizar la vida de sus habitantes. También son flexibles, adaptables a los cambios de una familia que no es estándar. “Siguen pensándose las viviendas para una familia con dos o tres hijos, pero ahora, por ejemplo, lo más habitual es que la gente tenga uno solo. Y hay mucha gente mayor que vive sola. Necesitan espacios pensados para ellos. Hay que repensar la casa. El problema es que la vivienda se ha convertido en una mercancía y es más fácil vender lo estándar. Eso es lo difícil de controlar”.

Los arquitectos, afirma, están en el centro de una doble crisis. Por una parte, la económica, que es global. Pero, por la otra, hay una crisis en la manera de pensar la disciplina. “Tenemos que cambiar la filosofía de cómo tiene que ser el espacio en el futuro”, afirma. Esto vale para la vivienda, pero también para las ciudades y la manera de organizar las redes de distribución de energía. “Ya no es viable tener la central de energía a kilómetros de distancia porque en el transporte hay muchas pérdidas. Con mis estudiantes en la facultad de Yokohama estamos trabajando ahora en este tipo de problemas”.

Lo que no vale, insiste, es clonar el mismo sistema en todas partes. “El lugar es muy importante. No es lo mismo un edificio en Barcelona que en Japón. El sistema social es muy diferente, la estructura familiar también. No estoy de acuerdo con estas estrellas de la arquitectura que hacen lo mismo en todas partes. Creo que hay que conocer la cultura en la que trabajas, colaborar con la comunidad para la que vas a construir. Es de esa relación de donde surge la nueva arquitectura”.

Magia en las paredes blandas

Escrito por mpierres o 8 septiembre 2010

muro_autoportante_papelEl Pais- Diseño - ANATXU ZABALBEASCOA - Madrid -07/09/2010

¿Qué genera un espacio? Los arquitectos debaten si la luz los determina tanto como la tectónica, pero los canadienses Stephanie Forsythe (Vancouver, 1970) y Todd MacAllen (Vancouver, 1966) sostienen que es lo pequeño y lo invisible (el tacto) lo que conserva todavía un potencial por explotar en la experiencia física de los espacios. Para demostrarlo, llevan cinco años investigando, y comercializando, soluciones arquitectónicas realizadas con papel.

Forsythe estudió arquitectura en la Cooper Union de Nueva York. Tras trabajar con Steven Hall en Manhattan, en 1996 eligió especializarse en diseño medioambiental y al hacerlo coincidió con su socio Todd MacAllen, que había estudiado carpintería antes de convertirse en arquitecto. Con ese pasado, y tras vivir varios años en Finlandia, decidieron que su estudio se dedicaría a investigar soluciones económicas que tuvieran en cuenta las culturas locales. De nuevo el interés por lo pequeño y lo invisible. Son muchos los diseños que han firmado en una década de trabajos conjuntos: un par de casas, varios pabellones, lámparas de agua o copas en las que los líquidos aparecen como una materia flotante, pero fue un amigo empresario, Robert Pasut, el que les animó a rentabilizar su imaginación.

Así nació el estudio Molo -www.molodesign.com-, con Pasut como tercer pie del grupo. Y fue precisamente esa pata empresarial la que los animó a realizar sus muebles en papel prensado. El proceso fue escalonado. Tras un taburete llegaría una escalera; tras los peldaños, una pared de papel, después un muro autoportante y un sinfín de nuevos elementos constructivos.

Su último invento ha sido añadir luz al papel. Las construcciones modulares pueden hoy esconder un dispositivo de leds que permite retroiluminarlas. El efecto es irreal. Si las mejores pantallas de lámpara son de papel, imaginen una habitación en la que son las paredes las que emiten la luz. Hoy Forsythe y MacAllen se ven capaces de diseñar cada uno de los componentes de una vivienda utilizando solo papel. Y a su afición por explotar el tacto le han añadido el nuevo divertimento de las ilusiones ópticas que transforman muebles en lámparas.

En 2002, cuando empezaban a trabajar juntos, un jurado compuesto por el japonés Tadao Ando y el francés Jean Nouvel eligió un proyecto suyo para la futura Casa Nebuta (un festival en el que se escenifican historias) de Aomori, al norte de Japón. Tras una larga espera, el año pasado comenzó a levantarse el edificio y esta temporada la revistaArchitectural Review lo ha elegido como el más prometedor para el año próximo. Ese museo de Nebuta, un prisma envuelto en cintas de acero que, asimétricas y replegadas, recuerdan a jirones de papel en movimiento, estará listo en 2011, pero habla ya el idioma de sus autores, capaces de levantar un muro blando, flexible y autoportante con la única ayuda de un imán. “Lo pequeño y lo no visible, pero susceptible de sorprender al tacto, encierra un potencial por explorar”, dicen. Sin embargo, recuerdan, con insistencia y con una incesante producción, que todo empezó rasgando tiras de papel.