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Publicado por admin o 7 June 2011

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Esta vendo artigo opinión

A era da fealdade

Escrito por mpierres o 15 January 2012

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El Pais -ANTONIO MUÑOZ MOLINA 14/01/2012

Algo más ha ocurrido a lo largo de todos estos años alucinados, los años del delirio que duró tanto y del que no parece que despertemos del todo; algo más, aparte de la sinvergonzonería, del despilfarro, de la arrogancia de los nuevos ricos, de la obsesión por los orígenes, de la creencia alentada por la clase política de que se puede tener todo sin pagar por nada ni responsabilizarse de nada ni agradecer nada. Ahora se abren los ojos, ya sin remedio, y lo que se ve no es solo que de nuevos ricos hemos pasado a nuevos pobres, y que es a los débiles a los que les toca pagar las calamidades desatadas por los poderosos. Lo que se ve, además, es que en todos estos años, sin que nos diéramos mucha cuenta, nos ha ido rodeando e invadiendo un océano de fealdad, un océano que ocupa desde los paisajes que parecían más deshabitados o remotos hasta el corazón de las ciudades. Es una fealdad pública y también privada; una fealdad a escalas inmensas y en tamaños reducidos y no por eso menos viles; se la ve caminando por las calles y cuando se viaja en coche o en tren por esos alrededores cancerosos que nunca terminan y que incluyen siempre centros comerciales, polígonos cimarrones en mitad de páramos, barriadas compactas con torres de muchos pisos que nunca llegarán a ser habitados o urbanizaciones de adosados que se pierden en la lejanía, franquicias de comida basura, prostíbulos con letreros de neón que parpadean débilmente en los mismos secanos y bajo el mismo sol arcaico que tanto emocionaba a los estetas de la generación del 98.

La fealdad de iniciativa privada y de pequeña escala lo asalta a uno desde la puerta de un bar del que sale una musiquilla de máquina tragaperras y un olor a fritangas, desde una de esas tiendas o bazares chinos, desde un atroz salón de juegos junto al que algún jubilado se agrava la bronquitis crónica poco antes de aplastar la colilla en el suelo y del volver adentro para dilapidar la pensión escuchando el Baile de los pajaritos. Es asombroso que tratándose de una fealdad en la que intervienen tantos empeños individuales el efecto general sea tan unitario: el mismo en una calle del centro de Madrid y en una del extrarradio, en el sur o en el norte, en nacionalidades históricas dotadas de una identidad cultural que se remonta al paleolítico o a las cruzadas y en esas otras que se han ido apañando por imitación en las últimas décadas. Justo en ese tiempo en el que más recursos se han invertido en recuperar identidades es cuando se ha logrado una unidad más perfecta: la estética española de lo desaliñado y lo pavoroso.

Casi no se puede decir, porque otro de los muchos logros de esta época ha sido el fomento de orgullos colectivos tan propensos al agravio que la menor crítica conduce al linchamiento, al anatema y la excomunión. Pero en muchas ocasiones, en una capital o en un pueblo de mil habitantes, lo que sorprende, lo que casi estremece, es el grado y las variedades de fealdad que uno va encontrando. Pero a ver quién es el valiente que da un nombre. La arquitectura popular ha sido arrasada casi en todas partes. Y lo que queda muchas veces es un monumento histórico rodeado de horrores, aislado del ecosistema en el que tuvo sentido. Queda el monumento, mal que bien, quedan las extensiones de bloques de pisos con cierres de carpintería metálica y portales de falso mármol, algunos de ellos aderezados con fantasías posmodernas de los años ochenta, quedan los pavimentos de granito y las calles sin aceras y con bolardos o chirimbolos y bancos públicos sin respaldo que a los arqueólogos del porvenir les servirán para fechar la era Zapatero de principios del siglo XXI.

Y quedan otros dos rasgos fundamentales de dicha era: los llamados edificios emblemáticos o icónicos y la escultura de rotonda de tráfico. Ahora es bastante cómico leer las críticas tajantes, aunque retrospectivas, que empiezan a publicarse sobre las extravagancias arquitectónicas de estos últimos veinte años. Pero hasta que Llàtzer Moix publicó en 2010 Arquitectura milagrosa el debate público sobre tales delirios no había existido (o si existía entre los arquitectos no llegaba a nosotros, la plebe no experta y no autorizada a juzgar), y nadie prestaba mucha atención a detalles tan poco relevantes como los costes de la construcción y los del mantenimiento. La era Calatrava también les resolverá problemas de datación a los arqueólogos del futuro lejano, y además les alegrará las excavaciones con hallazgos abundantes, aunque en ocasiones difíciles de interpretar.

Pero quizás el misterio arqueológico definitivo del próximo milenio serán las rotondas o glorietas de tráfico: el Stonehenge y el Machu Picchu y la isla de Pascua de la gran era de la fealdad pública española. Quizás en Kazajistán o en Mongolia o en alguna otra república postsoviética de Asia Central se encontrarán monumentos semejantes. Aproximarse por carretera a cualquier ciudad española es un horror más o menos idéntico en el que no hay más variaciones que el tamaño de las esculturas en las glorietas de tráfico y quizás el perfil distante de la aguja de una catedral. Las hay abstractas y las hay figurativas. Casi todas ellas exaltan algún fundamento de la gloria local. Algunas recuerdan el gusto escultórico de aquellos dos antiguos amigos de Occidente, Sadam Husein y Muamar el Gadafi. Algún historiador del arte con inclinaciones depravadas podría hacer una tesis sobre ese fenómeno estético.

Estoy impaciente porque se termine y se inaugure la que será probablemente la obra maestra de la escultura de glorieta. Ahora mismo las fotos la muestran todavía rodeada de andamios, en medio de un páramo, pero no puede faltar mucho para que esté terminada. Recibirá a los viajeros que lleguen al aeropuerto de Castellón, que fue inaugurado con gran pompa hace casi un año por las autoridades autonómicas y provinciales, pero en el que sigue sin aterrizar ni despegar ningún avión. La escultura, obra del artista Ripollés, es, según la descripción del periódico, “un coloso de metal de 20 toneladas”. Representa, en palabras del propio artista, “una figura a la que le saldrá de la cabeza un avión; ese es el germen y el esperma del nacimiento de la obra”. Parece ser que se trata de un homenaje algo alegórico al expresidente de la Diputación Provincial de Castellón, de cuyo cerebro brotó, por citar al artista, el germen y el esperma de este aeropuerto.

Recordar que la escultura costará 300.000 euros es sin duda una mezquindad. Quién le pone precio al arte. Y al fin y al cabo ese gasto es una nadería en un aeropuerto que ha costado 150 millones de euros, y que costará mantener 8 millones al año. En el caso no improbable de que ningún avión llegue a aterrizar en él, los vecinos de la zona podrán recrearse paseando bucólicamente por las pistas y admirando en silencio la escultura del artista Ripollés. Quizás dentro de mil años el coloso castellonense de 20 toneladas será una de las pocas reliquias visibles de nuestra era de la fealdad.

Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim. Llàtzer Moix. Anagrama. Barcelona, 2010. 288 páginas. 18 euros. antoniomuñozmolina.es

Un arquitecto polifacético

Escrito por mpierres o 18 July 2011

El Pais - Tribuna - JAVIER DOMÍNGUEZ 16/07/2011

Rafael Tamarit Pitarch es uno de los grandes arquitectos valencianos del siglo XX. Discípulo aventajado de Alejandro de la Sota y Julio Cano Lasso, su generosa contribución a la enseñanza le convertiría muy joven en una de las imprescindibles voces de la recién nacida Escuela de Arquitectura de Valencia, de cuyo ADN forma parte indiscutible y a cuya consolidación contribuyó con entusiasmo.

De la calidad intelectual y humana de la dirección fundacional de la escuela, encabezada por Román Jiménez y con Rafael Tamarit como subdirector, da fe la selección del primer grupo de profesores: artistas como Jorge Teixidor, Ramón de Soto, Ángela García; filósofos y estetas como Tomás Llorens; historiadoras como Violeta Montoliu, Trinidad Simó; sociólogos como Josep Vicent Marqués…, Y también la incorporación de jóvenes valores, como Juan Otegui, Cristina Grau, Vicente Mas, Jorge Stuyck…

Una de las enseñanzas de Tamarit que siempre recuerdan sus estudiantes es su obsesión por el reconocimiento directo de la arquitectura mediante la realización de viajes de estudios que él prodigaría a Londres, Ámsterdam, Rotterdam, París, Roma, Berlín, Frankfort, Nueva York, Boston, Las Vegas, Tokio, Calgary, Toronto, Copenhague, Casablanca…

Tamarit supo transmitir como pocos la pasión por la fotografía que practicó siempre en primera persona, cámara en mano y que le llevó a apoyar la rápida creación de los laboratorios gráficos y archivos audiovisuales de la primitiva escuela, que hoy, cuarenta años después, constituyen un orgullo para todo el colectivo.

Gracias a maestros como él, aquella jovencísima escuela de la plaza de Galicia se convirtió pronto en un verdadero lugar de encuentro en el que profesores y alumnos podían compartir su pasión por la arquitectura.

La muestra que sobre su figura y su obra expone el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia permite reconocer una personalidad rica y polifacética, cuya producción arquitectónica iría asociada durante décadas a los hermanos Lladró.

La internacionalización de la marca permitiría a Tamarit realizar algunos de sus mejores edificios comerciales fuera de España, como el Lladró Plaza de Nueva York, el Rodeo Drive de Beverly Hills, el Ginza Building -Tokio-. No menos atractiva resulta su huella en la comunidad con obras incluidas en el Docomomo Ibérico y con numerosas tiendas: Don Carlos, Clive, Alejandro Soler, Cafetería Tívoli…, que lo acreditaron desde el primer momento como uno de los mejores interioristas de la época.

Su capacidad para abordar en paralelo múltiples proyectos de diferentes tipologías y en contextos distintos, manteniendo siempre un altísimo nivel de calidad arquitectónica, constituye una de las claves de la confianza que supo transmitir al mundo empresarial a cuyo reconocimiento contribuyó generosamente.

Fue un arquitecto visionario que se anticipó a su tiempo. Su habilidad para transmitir la filosofía darwiniana de que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio” facilitó el que muchos jóvenes emprendedores valencianos como Santiago Calatrava o José María Tomás Llavador confiaran en él y abordaran con decisión no solo el cambio, sino también la aventura al mercado exterior apoyándose en su maduro cosmopolitismo.

Javier Domínguez Rodrigo es catedrático de Proyectos de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y comisario de la muestra sobre Rafael Tamarit, que se exhibe en el CTAV.

Artigo de opinión: Contra as cordas

Escrito por mpierres o 28 June 2011

Fonte: Diego Germade / dende o blog: http://opacos.wordpress.com/

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Souto de Moura, técnica e poesía

Escrito por mpierres o 5 June 2011

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El arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura.- MIGUEL MANSO (AP)

El Pais - JUAN MIGUEL HDEZ. LEÓN 03/06/2011

“Una inconfundible inteligencia irónica fue la que llevó a Eduardo Souto de Moura -que ayer recibió en Washington el Premio Pritzker de Arquitectura- a afirmar que ‘la ruina deja de ser arquitectura y pasa a ser naturaleza…”

Una inconfundible inteligencia irónica fue la que llevó a Eduardo Souto de Moura -que ayer recibió en Washington el Premio Pritzker de Arquitectura- a afirmar que “la ruina deja de ser arquitectura y pasa a ser naturaleza”. Era su justificación de la transformación del Convento de Santa Maria de Bouro en una sofisticada y lujosa pousada, con el consiguiente escándalo por parte de algunos ortodoxos de la restauración. Los que nunca comprendieron la sutileza de un argumento que conducía a aclarar la utilización de los fragmentos existentes del antiguo monumento, en una operación combinatoria resultante de la relación intuida entre ruina y paisaje.

Siempre se ha relacionado la obra arquitectónica de Souto de Moura con la técnica. Una verdad a medias, a la que no es ajena su inicial, y explícita, inspiración en la obra de Mies van der Rohe. Pero que hay que complementar con su otra definición de la arquitectura como “un acto mental”, una operación que reivindica el pensamiento, y por tanto una cierta forma de “escritura”, para el proyecto arquitectónico.

Porque la precisión en el detalle constructivo, del que la obra de Souto hace gala, no se agota en la voluntad de eficiencia, sino que trasciende en clave poética la dimensión apagada de lo funcional.

El lugar es un instrumento, una herramienta, nos dice Souto de Moura, un pre-texto, añadiría por mi cuenta, que permite un despliegue de interpretaciones bajo la atenta mirada del arquitecto. Como demuestra con la integración paisajística del Estadio de Braga, adosado a una ladera rocosa, que previamente había sido modificada en su perfil mediante la construcción de una serie de terrazas excavadas en la piedra, en un gesto de que incorpora el perfil poniente a la arquitectura, al mismo tiempo que la abre al ámbito urbano. En un último guiño surrealista, toda la sugestión constructiva que el estadio expresa en la exhibición de los pórticos de hormigón, es puesta en cuestión por la gigantesca gárgola diseñada para evacuar el agua de lluvia.

Souto de Moura, que inició su trabajo creativo con proyectos de viviendas unifamiliares como norma general, parece considerar que la escala, el tamaño relativo del objeto, es indiferente a su cualidad. Como si las relaciones métricas dependieran sólo de la naturaleza interna de aquél y de la tensión ejercida por el contexto donde se ubica.

Siempre en deuda con aquel principio de la construcción que caracterizó a las vanguardias del arte objetivo, y que exigía aquella disolución de lo subjetivo en la lógica formal del objeto, nunca renunció a subvertir la supuesta indiferencia tecnológica mediante el extrañamiento de su gramática. Si, para Souto de Moura, diseñar una mesa es como diseñar una casa, también es consciente de que cada cosa contiene un imaginario que reclama salir a su exterior. Como aquella mampara de cristal en el Museo Nacional del Transporte de Oporto, que se desliza sobre una rueda de bicicleta, de manera tan sorprendente como una pieza de Duchamp. Una decisión análoga a la que tomó sobre la gigantesca maqueta del proyecto para la Torre Burgo, un edificio de oficinas en la avenida de Boavista-Burgo que quedó paralizado en la crisis de los noventa y no llegó a construirse hasta el año 2007. De la imagen inicial tomada de un apilamiento de materiales habituales en la construcción, pasó a ser un mueble-bar doméstico.

Cuando la pintora Paula Rego le confía el proyecto de la Casa das Historias en Cascais, Souto de Moura, que puede elegir por una vez el sitio donde ubicar su edificio, ya no solo va a jugar al contraste entre artificio y naturaleza (ese impactante color del hormigón rojo enmarcado por el verde del arbolado), sino que los volúmenes de los lucernarios-chimeneas despiertan el arquetipo arcaico como deseo oculto de la edificación. La insistencia en una ficción de naturalidad no depende ya exclusivamente de la sintaxis constructiva, puesto que en esta indudable evolución del lenguaje de Eduardo Souto de Moura lo técnico tiene una recepción ambigua, pero siempre cercana a su sentido originario, tan cercano a la auténtica sustancia del proceder artístico: la intuición poética, esa posibilidad de presionar la aparición de los significados más ocultos, aquella que permite trascender la apariencia de lo real.

Los premios Pritzker de Arquitectura, que llevan el nombre de la familia que creó la cadena internacional de los hoteles Hyatt, han tenido una trayectoria desigual desde aquel primer galardón otorgado a la influyente personalidad de Philip Johnson. Pero también supo rescatar para la historia arquitecturas tan sensibles como las del mejicano Luis Barragán, en una conducta oscilante entre el reconocimiento de lo obvio, de aquellas figuras ya con excesiva presencia, para sus méritos reales, en los medios de comunicación, al de la recuperación de algunas figuras ajenas a los circuitos publicitarios. Este año acierta, en mi opinión, de manera plena, otorgando otro premio a un arquitecto portugués, que como el anterior a Alvaro Siza, en cuyo despacho colaboró Eduardo Souto de Moura en sus años de estudiante, reconocen la vitalidad cultural de un país que, crisis financieras aparte, nos resulta, o nos debería resultar, tan cercano.

Juan Miguel Hernández León es arquitecto y presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Modelando a cidade

Escrito por mpierres o 9 February 2011

La Voz de Galicia - Felipe Peña - 09.02.2011

No es solo el urbanismo de Galicia el que queda medio vacío con su desaparición, sino una cultura del pensamiento en la que nada es ajeno para quien mantiene su mente activa: territorio y política; las ciudades son para que la gente viva en ellas. Desdeñaba los artificios que exageran el valor de los signos afirmando que lo urbano debe ser primero pensado racionalmente. Este aparentemente leve territorio para su trabajo le apasionaba, entre otras cosas porque, como muchos de su generación, creía que el mundo podría llegar a ser mas justo modelando con precisión las calles y las plazas de las ciudades. Ofrecía audiencia a lo razonable y se enfrentaba desasosegado a lo imaginativo, pero nunca dejaba de acercarse, curioso, generoso y sonriente, hacia sus interlocutores menos científicos. No era solo el artífice de bellas palabras que tantas veces le reprochamos con envidia, sino una mente despejada y ágil capaz de organizar un conocimiento con un discurso; muchos de ellos están en la memoria de sus alumnos y ex alumnos de la Escuela de Arquitectura de A Coruña. Empezó a trabajar en el territorio de Galicia con el Plan Ciudad de las Rías y el grupo EUSA, al que Albalat propuso para desarrollar su idea metropolitana, y sus labores continúan luego en los más delicados tejidos históricos y más frágiles espacios de Galicia. La Ciudad Difusa de Oporto a Ferrol o el espacio rural de Ourense son las últimas tareas que había decidido tomar en sus manos en los últimos días; sus compañeros de la Oficina de Planeamiento los continuarán. Sus pasiones se centraban en la organización de nuestros espacios. Nuestras ciudades echarán de menos sus palabras.

¿Cómo puidemos equivocarnos tanto?

Escrito por mpierres o 4 January 2011

interior_sagrada_familia_barcelonaEl País - Oscar Tusquets Blanca-04.01.2011

El autor del artículo, arquitecto, pintor y diseñador, instigó un manifiesto en los sesenta contra la continuación de las obras de la Sagrada Familia. Pero tras una reciente visita al templo, revisa su oposición a los trabajos recién terminados.

A principio de los sesenta, aún en la universidad, fui uno de los instigadores de un manifiesto abiertamente contrario a la continuación del templo de la Sagrada Familia que contó con el apoyo incondicional de toda la intelligentsia de la época, de Bruno Zevi a Julio Carlo Argan, de Alvar Aalto a Le Corbusier. Aunque tras su publicación la reacción fue contundente y las obras en vez de detenerse cobraron nuevos bríos, continuamos convencidos de que constituían un error monumental.

Ahora, tras la consagración papal del templo, me he replanteado la cuestión. Mis dudas comenzaron cuando veía levantar la majestuosa nave central. Mi rechazo se tambaleó algo más cuando Alfons Soldevila -excelente arquitecto de avanzado leguaje tecnológico- me aseguró que si conociese profundamente la obra cambiaría de opinión, que era el edificio más importante del siglo XX y que estaba dispuesto a demostrármelo. Invitación que he aceptado para escribir estas líneas con conocimiento de causa. He visitado el templo de abajo a arriba (más de 60 metros de altura) con Alfons y Josep Gómez Serrano -uno de los arquitectos directores de su estructura- y he quedado anonadado.

Cierto es que en las partes que Gaudí dejó sin definir se presentan dos problemas graves: uno es que los continuadores -aunque con encomiable entusiasmo han llevado la obra adelante acertando en lo fundamental- no han tenido ni el talento de Jujol para interpretar a Gaudí en lenguaje gaudiniano ni el talento de Scarpa o de Albini para dialogar con él en un lenguaje personal, lo que provoca que casi todos los detalles no definidos por el Maestro choquen. Barandillas de inox y vidrio, spots luminosos, pavimentos, claves de bóveda, vidrieras y, en general, todos los elementos decorativos, no están a la altura del conjunto. Verdad es que estos acabados no consiguen desvirtuar la inmensa calidad del monumento y que son relativamente fáciles de sustituir en un deseable futuro. El segundo y más grave problema es la dificultad de encontrar artistas contemporáneos capaces de llevar adelante los proyectos figurativos del Maestro. En las fachadas, Gaudí pretendía, como en las catedrales medievales, explicar en imágenes la Historia Sagrada. Ya a principios del XX esto no era fácil pero el genio de Gaudí lo solventó, rozando el kitsch, en la Fachada del Nacimiento con estos muros que se arrugan formando figuras, muchas de ellas obtenidas sacando moldes de personas y animales reales (George Segal medio siglo antes). El penoso resultado escultórico de la Fachada de la Pasión revela la dificultad de proseguir esta andadura. Queda por levantar la fachada principal, la de la Gloria. Encontrar en el mundo un artista contemporáneo capaz de afrontarla es un desafío tremendo. La figuración está en un momento difícil, la de contenido religioso mucho más, y la capaz de transmitir la Gloria de la Resurrección, extinta. El arte contemporáneo ha dado muchas crucifixiones pero ninguna resurrección notable.

Pero vayamos a lo fundamental: la objeción de más peso contra la continuación del Templo siempre ha sido que no sabíamos cómo lo habría hecho Gaudí, un arquitecto que improvisaba en obra, que sus planos y maquetas habían sido destruidos al inicio de la Guerra Civil, y que cualquier interpretación constituiría inevitablemente una traición al artista. Esto es una verdad a medias. Gaudí dibujó e hizo maquetas de tres proyectos sucesivos al inicio de la construcción. El primero, al que corresponde la Fachada del Nacimiento y su cubista cara interior, es aún respetuoso con el lenguaje gótico. El segundo es mucho más orgánico. El tercero es absolutamente original, innovador, deslumbrante. De este tercer proyecto, que él consideraba definitivo aunque no lo pudiese ver completado en vida, hizo una maqueta a escala 1/10 por cuyo interior podías pasear. Es cierto que esta maqueta fue hecha añicos, pero existen excelentes fotografías y ha podido reproducirse con muchísima precisión. La fidelidad de esta reconstrucción se ha visto favorecida porque, a pesar de su apariencia aleatoria, esta obra se basa en estrictas geometrías. Parece ser que Gaudí, escarmentado por los problemas que había tenido en la fachada de La Pedrera, decidió recurrir a una rigurosa estructura geométrica en el Templo. Son geometrías complejas -paraboloides hiperbólicos, hiperboloides, polígonos regulares que giran en espiral en ambos sentidos formando los fustes de las columnas…- pero que, una vez definidas, no aceptan interpretaciones, se pueden reconstruir a escala 1/10 o diez veces mayores. Esto es lo que se ha hecho en la nave hoy prácticamente acabada. Si la arquitectura es ante todo espacio y luz, el interior de este templo es Arquitectura en mayúscula, emocionante y grandiosa Arquitectura frente a la cual las excentricidades de hoy parecen verdaderos juegos de niños.

Volvamos al origen. ¿Cómo pudimos equivocarnos tanto? Si hace 50 años se nos hubiese hecho caso, esta maravilla no existiría. Habría permanecido como una ruina o la hubiera terminado un arquitecto de moda en aquellos años ¿Cuánta gente la visitaría? Este templo no ha tenido nunca apoyo económico de las instituciones, vive de los donativos de los que la visitan, más de dos millones al año, más de 25 millones de euros. Se está financiando como una catedral medieval. De esta forma se terminará, no sé si la mejor obra del pasado siglo… pero sí el mejor edificio religioso de los últimos tres.

Defensa do patrimonio

Escrito por mpierres o 9 December 2010

El Pais -ANTÓN CAPITEL (Arquitecto, catedrático y ex inspector general de Monumentos del Estado) - Madrid - 04/12/2010

Leo atónito, en la contraportada del lunes 29 de noviembre, cómo Isabel Muñoz, presunta defensora del patrimonio arquitectónico de la ciudad de Salamanca, ha conseguido impedir la construcción de un auditorio proyectado por Alvaro Siza Vieira. Si no es una confusión, y se trata realmente de un auditorio, sería el segundo edificio de Siza que se impide, pues ya se hizo con una biblioteca universitaria.

Creer que impedir determinados edificios modernos en la ciudad histórica es defenderla sería cosa de risa, si no fuera para llorar. Alvaro Siza Vieira es uno de los mejores arquitectos del mundo, si no es el mejor, y es muy moderado en sus acciones de este tipo y extremadamente atento y sensible con las inserciones en las ciudades históricas. Además, es portugués de Oporto, bien cerca de Salamanca. La ciudad se hubiera enriquecido con sus aportaciones, e impedirlas no es defender el patrimonio, sino atacarlo gravemente.

Si la señora Muñoz hubiera vivido en el siglo XVI, sin duda hubiera luchado contra la construcción de la catedral nueva, pues afectaba gravemente a la vieja, como puede verse. Además, estaba proyectada por una “estrella de la arquitectura”. Para los defensores del patrimonio, lo mejor sería que no se hubiera construido.

Página 149

Escrito por mpierres o 1 December 2010

Del blog Individuos Opacos en un Jardín Portátil del colegiado Diego Germade Castelo

boceto-miralles-dosEn la página 149 de la publicación que la editorial Electa dedicó a la obra del arquitecto Enric Miralles, me encuentro un pequeño dibujo.
Su carácter marginal, de imagen distraida surgida de la necesidad de fijar la volatilidad de las ideas, se revela mediante trazos que titubean ante mis intentos de limitar una forma. Sin embargo, todo parece estar allí, siendo precisamente la propia naturaleza del dibujo, su urgencia, la que nos permite imaginar espacios que emergen espontaneamente del cruce de dos líneas, de la sedimentación de varios trazos, de descubrir que tras un giro, arriba y abajo se invierten especulando qué hay entre un cuerpo y el de al lado, entre un estado y otro, entre una sensación y la siguiente, que como ecos, se persiguen en el borde inferior derecho de la página 149.

Falan os próximos arquitectos

Escrito por mpierres o 25 October 2010

8 CASAS INSCRITAS Y TRES PATIOS en Satna Lucía de Tirajana, Gran Canaria. De Pedro Romera y Ángela Ruiz. El Pais - blog - Del tirador a la ciudad - Anatxu Zabalbeascoa - 25 de Octubre 2010

 En la ETSAM, 24 arquitectos, de los más de 500 que presentaron sus proyectos al concurso Arquia Próxima convocado por la Fundación Caja de Arquitectos para elegir los mejores trabajos firmados por arquitectos titulados hace menos de diez años, hablaron el jueves pasado de sus obras y de sus preocupaciones. Lo que sigue son algunas de las ideas que se barajaron en el debate que siguió a las presentaciones:

-Carlos Quintans, arquitecto, editor y comisario de esta selección Arquia Próxima, (sobre el escenario): “Otros países ya habían descubierto la docencia de la arquitectura como un negocio. En España hoy hay más escuelas y más alumnos con resultados extremadamente desiguales”. “Los mejores ejemplos de arquitectura hoy se encuentran fuera del espectro legal. Son alegales. Los concursos los gana quien hace el proyecto más acorde con la crítica del momento”. “La bajada de honorarios con el único objetivo de conseguir la captura del cliente ha llegado hasta los límites de la dignidad”.

-Santiago Cirugeda, arquitecto, fundador de Recetas Urbanas, (sobre el escenario): “Las universidades de otros países contraen obligaciones con la sociedad. La nuestra no. ¿Cómo vamos a contagiar responsabilidad civil a los ciudadanos?”. “Estamos mendigando por más concursos, pero las bases no las estamos cambiando. Echo en falta una pelea de más nivel para cambiar las estructuras de las universidades y los concursos”.

-Francisco Cifuentes, arquitecto, (sobre el escenario): “Estamos con la mirada cerrada, sin conexión con la sociedad. No se trata de renunciar a construir, pero si queremos hablar de cambio salgamos a la calle”.

-Alberto Sánchez, arquitecto, (entre el público): “Nos toca aguantar con la basura que nos queda. Si las instituciones revientan, que revienten en la basura de su inmovilismo. Nos iría mucho mejor sin esta panda de burócratas: los colegios y las instituciones tienen que reciclarse o desaparecer”. “Lo que está pasando es que existen unas estructuras que a mí no me dan respuestas. ¿Para qué pagamos el visado? No lo entiendo. ¿El que más paga es el mejor arquitecto? Tenemos que aprovechar para apretar”.

-Ricardo Sánchez Lampreave, arquitecto, (sobre el escenario): “La arquitectura se ha convertido en algo transversal. Una revista, o un programa de radio, pueden hacer arquitectura. Las posibilidades son muchas, y el compromiso uno: el de cada uno con su trabajo”.

-Edgar González, arquitecto y bloguero, (entre el público): “No hay nada que cambiar. La arquitectura ya cambió y perdimos. Hay quien se ha enterado y quien no. No hay más”.

-Félix Arranz, arquitecto y editor, (sobre el escenario): “Hoy es guay el no discurso. Pero tenemos que ser muy cautos. En esa línea, el magisterio de personas como Quetglas, que siempre que explican algo al final dicen que es mentira, es impagable”. “Nunca hubo más arquitectos. Y la arquitectura nunca ha estado tanto en los medios. Cuesta más llegar al trabajo. Es importante este momento de cambio para pensar dónde está hoy la arquitectura”.

-Marina Romero, arquitecta y editora, (entre el público): “Me preocupa que siempre que se habla de la dignidad del arquitecto sea en relación con la economía. Yo he trabajado sin cobrar y me considero afortunada por todo lo que aprendí”.

-Alguien del público citó a Lacatton y Vassal: “Nuestros edificios serán muy baratos, pero nuestros honorarios no lo serán”.

¿Qué é o espacio público?

Escrito por mpierres o 24 October 2010

espacio-publico-del-cacem-sintraEl Pais - Anatxu Zabalbeascoa - 22.10.2010

La pasada semana se celebró en Medellín la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo. El propio lema que regía la selección de proyectos de 15 países, Arquitectura para la integración ciudadana, ya fue motivo de debate entre los distintos participantes. Nadie interpretó de igual manera qué tipo de arquitectura podía resultar en tamaño logro.

Si bien es cierto que muchos de los proyectos seleccionados se decantaron hacia trabajos que ideaban nuevos espacios públicos, ganados a las márgenes de los ríos o al saneamiento del recorrido de un tranvía, al final de cuatro jornadas de debate y recorridos por Medellín uno podía seguir preguntándose no ya sólo qué integra a los ciudadanos en las ciudades sino también qué es el espacio público en las urbes. Y fuera de ellas. Debió de ser entonces un buen congreso: mucha gente salió de allá con más preguntas que respuestas.
Muchos de los que estábamos en la ciudad colombiana seguramente salimos así. Pudimos ver el cambio radical del centro de Medellín cuando llegaba la noche. ¿De qué sirve una plaza si debe vallarse por la noche? Las bulliciosas calles del centro convertidas a última hora en desierto hacían esa pregunta. Lo que sucede en otras calles de barrios como Moravia, ganado a un vertedero donde los niños se habían acostumbrados a convivir pisando escombros, es que esos niños han realizado maquetas de cómo eran sus casas (tiendas de campaña hechas con bolsas de plástico estiradas, chabolas de hojalata que recogían el agua de lluvia en bidones) para no olvidar de dónde vienen. En ese vecindario, el centro cultural del barrio, el último edificio de Rogelio Salmona, exponía estos días esas maquetas. Las maquetas y también las quejas de los vecinos. ¿La pregunta entonces es qué es más espacio público: la plaza ganada al vertedero o ese centro cultural donde pueden quejarse? Mucho de lo que veíamos -niños uniformados jugando a baloncesto, chavales en la calle explicando la historia de su barrio, tres críos montados en una sola bicicleta descendiendo junto a un precipicio no vallado- nos remitía a los niños que viven en las grandes ciudades españolas. ¿Se caerían nuestros hijos por un precipicio no vallado o aprenderían, como ellos, a evitarlo? ¿Por qué los niños de tantas ciudades españolas ya no juegan en las calles y sí lo hacen muchos inmigrantes? ¿De qué tenemos miedo y quién teme a quién o a qué?
¿Cómo puede la arquitectura integrar a los ciudadanos? ¿Y cuál es la naturaleza del espacio público? ¿Puede éste serlo solamente unas horas al día? ¿Es más espacio público una plaza que un centro de salud o una biblioteca de barrio? ¿Cuándo deja el espacio público de serlo? ¿Cómo enseñar a alguien a no romper lo que es de todos, a cuidarlo como si fuera propio si lo siente realmente ajeno? Les invito a utilizar la zona de comentarios de este blog como un espacio público en el que exponer sus ideas. Aunque la educación sea con frecuencia una asignatura tan pendiente como la de los espacios públicos en las ciudades, cualquier blog, por naturaleza, lo es. Aquí pueden venir a dialogar, a observar, a curiosear o, bien lo saben, a ensuciar. Dejar o no sus excrementos es simple cuestión de gusto y educación. Está claro que no nos gustan, pero tal es la naturaleza del espacio público y, al final, podría resultar que cada uno tenga el que ayuda a construir.