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Publicado por admin o 7 junio 2011

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Esta vendo Finlandia

Arquitectura y verano 3: El trampolín de Villa Mairea

Escrito por mpierres o 19 agosto 2010

El Pais -Blog Anatxu Zabalbeascoa - 19.09.2010

FOTO: RAUNO TRÄSKELIN

FOTO: RAUNO TRÄSKELIN

Alvar Aalto explicaba que quien ve florecer un cerezo observa también que cada flor tiene una posición distinta según el sol y su flor vecina. Cada flor es diferente, pero todas se parecen hasta confundirse. Esa idea de los distintos iguales -o los iguales distintos- es una fórmula clásica para la planificación urbana que difícilmente se le puede ocurrir a quien no dedique un instante de su vida a contemplar un cerezo en flor. La Villa Mairea que Alvar y Aino Aalto terminaron en 1939 para Maire Gullichsen está llena de cerezas distintas pertenecientes a un mismo racimo.

En esa casa finlandesa, en medio de un bosque de pinos a las afueras de Noormarkku, ningún peldaño, de piedra o de madera, es igual al anterior. El primero es siempre mayor, para recibir en el ascenso y acompañar hasta el final del descenso. Ese peldaño es también el más libre, el que más se salta la norma del orden que organiza un racimo. O una casa. Las barandillas de la escalera mezclan cobre y madera sin miedo a mostrar sus uniones. Lo mismo que los barrotes, también de madera y atados con enea que, como el bambú de los parques japoneses, destaca sus uniones convirtiéndolas en protectores de los lugares más expuestos al uso.

La base de la chimenea del salón tiene la forma irregular de las piedras porque está hecha, no forrada, de piedras. También el pavimento del porche (que tiene otra chimenea que recuerda una cueva) es de piedra. Pero al llegar a la zona de la sauna, tan importante en Finlandia, la piedra del suelo se desgaja entre el césped y luego se torna madera. Entonces, los listones continúan el camino y unen la sauna y la piscina. Desde la caseta de madera, cruzan en diagonal para apuntar hacia el agua. En ese recorrido, hay una lama más ancha, tal vez más gruesa, y desde luego más larga, que estira el pavimento para posarlo sobre el agua, convertido en trampolín. Ese trampolín de Villa Mairea es la mejor cereza del racimo. La lama-trampolín pasa inadvertida a quien no se detiene a observar tanto y tan discreto cuidado.

“Los grandes hombres, los mejores arquitectos o artistas, hacen posible que gente menos cualificada logre obras con calidad porque abren el camino”, escribió Jorn Utzon sobre Alvar Aalto. Cuando el finlandés cumplió 70 años, dijo de él que era como una chimenea alrededor de la cual te sientas para encontrar calidez e inspiración.  Por su parte Aalto, encontraba su inspiración trabajando. Haciendo pruebas y contemplándolas con un vaso de vino en la mano. A dos horas en coche de la Villa Mairea, cerca de Jywäskylä, donde creció el arquitecto, en la isla de Muratsalo, en el lago Päijänne, Aino y Alvar Aalto levantaron su casa de verano, una vivienda experimental, como él la llamaba. Puede visitarse. La llamaba experimental porque realmente experimentaba en ella. Cada verano probaba allí alguna idea. Las paredes son de ladrillo, de más de 200 combinaciones de ladrillos ensayadas por Aalto para sus edificios, pero ni en una combinación tan variada desentonan en la casa. Los ladrillos de Muratsalo forman la asociación de ladrillos distintos que se da en las mejores casas. Como las cerezas del racimo.


“El silencio también habla”

Escrito por mpierres o 18 diciembre 2009

arquitecta_raili_pietila Pais - 18.12.09

En Finlandia las mujeres arquitectas no lo han tenido tan difícil como en el resto del planeta. Aino Aalto firmaba los proyectos con su marido. Y Reima Pietilä (Turku, 1923-1993), marido de Raili (Pieksämäki, 1926) cambió el nombre de su estudio para incorporar el de la mujer que trabajaba con él y con la que terminó casándose. “Nuestro país fue donde las mujeres votaron por primera vez. No somos una cultura ruidosa, pero creemos en la democracia. Y en la igualdad entre las personas”, explica Raili Pietilä.

Ella y su marido fueron de los pocos arquitectos finlandeses capaces de digerir la lección de Aalto. “Reima dijo: ‘Vamos a dar el salto sobre el coloso, a ver qué hay en el otro lado”, explica en la Fundación ICO de Madrid, donde pueden verse sus dibujos y maquetas hasta el 21 de febrero. Por lo expuesto en estas salas, resultó que al otro lado había un mundo. Sus primeros edificios, como la iglesia Kaleva en Tampere, lograron una expresividad como pocas de las obras de Aalto. Y es que, entre los herederos del maestro finlandés, pocos resistieron la tentación de emularlo, pero entre un mar de epígonos los Pietilä supieron digerir su lección y construir un lenguaje propio.

El lenguaje, precisamente, obsesionaba a Reima Pietilä, que fue lingüista antes que arquitecto. Esa combinación hoy asustaría a muchos. “Reina estudió árabe cuando fuimos a trabajar a Kuwait. No es que quisiera entender lo que le decían. Quería entender la cultura a partir de las palabras y de la literatura. Siempre nos interesó tanto leer literatura como viajar para ver arquitectura. Nosotros éramos arquitectos de palabra: no discutíamos un proyecto dibujándolo, lo decidíamos hablando. Diseñábamos con palabras, no con líneas”, explica.

“A veces inventábamos palabras, de la misma manera que algunos arquitectos inventan una tipología. En Finlandia las palabras son muy físicas, uno puede casi verlas”, continúa. Esa manera lingüística de trabajar de los Pietilä produjo una arquitectura radical y al margen de modas que todavía hoy mantiene una espléndida vigencia física y formal. “La primera vez que visitas el edificio del sindicato de estudiantes Dipoli, en Espoo, cerca de Helsinki cuesta ver dónde está. El paisaje lo ha devorado”, comenta el arquitecto Ángel Fernández Alba, que acompaña a la arquitecta en Madrid. Ella, con 83 años, explica los proyectos a partir de vivencias. En los años setenta, en Kuwait, los obreros no sabían leer. Y tuvieron que inventar un sistema de colores para marcar indicaciones en los planos. “El interior del palacio Sief reflejó esos colores en bandas cerámicas”.

Los Pietilä desarrollaron una arquitectura amplia y nada excluyente. La idea era jugar de verdad. Sin descartar materiales, formas o tipologías, el riesgo es mayor. En un tiempo en el que triunfaban las construcciones en serie, de expresión anónima y con escasos detalles, ellos apostaron por dar más de lo necesario. Cuando no se había acuñado el término Land Art, trataron de demostrar que entre el arte y la arquitectura se abre un canal por el que circular.

Entre sus últimos trabajos, la biblioteca Metso, en Tampere, convivió en la mesa de trabajo con los planos para la residencia del presidente de Finlandia en Helsinki. La concluyeron en 1993, año en que murió Reima. Asentada en el terreno, con la solidez de sus muros de piedra, y abierta hacia el cielo, con las cubiertas como ramas, la residencia es un edificio artístico. Raili dejó de trabajar cuando murió su marido. “No quise seguir. Decíamos que las palabras hablan. Pero el silencio también lo hace. El silencio es una palabra fundamental en el idioma finlandés”.

Potencial local, calidad global

Escrito por mpierres o 5 noviembre 2009

l Pais - Anatxu Zabalbeascoa - Helsinki 05/11/09

casa-o-de-a-piste“En Finlandia nos educan para que no llamemos la atención”. Habla el arquitecto Juhani Pallasmaa. Su libro Los ojos de la piel (Gustavo Gili, 2006), vaticinó la actual crisis arquitectónica acusando a muchos edificios recientes de un desmesurado interés por el espectáculo. Pallasmaa partía con ventaja. En su país preparan a los ciudadanos para la humildad y la discreción con la firme creencia de que esas cualidades son la antesala de la reflexión. Así, los diseñadores más ambiciosos de Finlandia se acercan al futuro observando el presente. Y conociendo el pasado. Saben que vociferando sólo llamarán la atención un momento. Y no les tientan esos 15 minutos de gloria.

Con ese bagaje, el potencial local y la calidad global se han convertido en el sello finlandés en diseño y en arquitectura. Desde su territorio frío, de apenas cinco millones de habitantes, Finlandia le habla al mundo con la seguridad de un puñado de marcas incuestionables que han conectado con la esfera más internacional de la moda (Marimekko), la tecnología (Nokia), el diseño (Artek) o la decoración (Iitala).

Aunque en los parques de Helsinki lápidas del siglo XIX hincadas en el suelo conviven con pinos y no existe una valla que impida que la mancha de césped invada la acera, Finlandia es un país joven -se independizó de Rusia en 1917- y esmeradamente cuidado. Aquí el concepto de lo funcional está tan digerido -la lamparilla de los portales sirve de alumbrado público e ilumina también el número escrito en ella- como la idea de naturaleza -capaz de hacer convivir abedules, bayas y asfalto sin que nada tenga que perder-. Fue seguramente esa raigambre natural la que hizo que, durante décadas, la modernidad finlandesa estuviese ligada a un arquitecto que cuestionó la propia idea de la modernidad arquitectónica por inhumana. Alvar Aalto llevó hasta el Báltico tradiciones mediterráneas para idear una nueva arquitectura. Si la naturaleza fue la clave en el hacer de ese arquitecto, las generaciones posteriores necesitaron oponerse a una presencia tan destacada, hasta que supieron ver en el viejo maestro no una sombra, sino cimientos. Por eso, hoy, su legado sigue dando frutos. Y no sólo porque sus piezas de Artek continúen en producción 75 años después. La impronta de Aalto puede leerse tanto en las mesas que la arquitecta Kirsi Gullichsen ha ideado para Habitek como en las viviendas que los estudios A-piste y Archeus han levantado en el archipiélago de Inkoo y en un barrio de Espoo. En la Fundación Arquitectura COAM, en Madrid, podrá verse cómo la manera de inclinar la cubierta (evitando el acabado triangular a dos aguas), la idea de arropar con maderas locales el interior y el exterior, la voluntad de elevar las casas con un zócalo de piedra local o la frescura de jugar con las asimetrías hablan de Aalto, pero también de sostenibilidad delatando un entendimiento del suelo finlandés. La idea es proponer sin destruir. Por eso su vanguardia no es guerrera.

En diseño, el redescubrimiento de la artesanía (las alfombras de Kristiina Lassus, las telas de Johanna Gullichsen, las zapatillas de Tuula Pöyhönen) convive con un intento de humanizar la tecnología punta. El diseñador Esa Wesmanen, de Pure Design, lleva al Instituto Europeo de Diseño de Madrid la Chaise-longue balance, sustentada por una estructura tan fina que convierte la tumbona en un asiento con respaldo oscilante. El cabecero incluye altavoces ocultos para escuchar música. El de Wesmanen es un trabajo más preocupado por mejorar el centímetro que por hacer la revolución. No se trata de mostrar una pieza que saldrá en múltiples portadas pero no llegará a producirse. El objetivo es tan sereno como ambicioso.

Lo que busca el mejor diseño finlandés es mejorar la calidad de vida. La mayoría de sus proyectistas hace bueno el dicho de que para evitar pasar de moda, nada como no estar a la moda. Así, apuestan por llevar a la etiqueta de sus productos su naturaleza sólida y sencilla. Su objetivo no es forzar minimalismos calvinistas, sino respirar simplicidad, hasta lograr que resulte lo más natural.

Un mes, tres citas

El diseño finlandés tomará varias salas de Madrid este mes. Éstas son algunas de las citas más destacadas:

- WOOD Works. Aprender

a construir con madera la arquitectura del futuro es el objetivo de esta muestra, en la Politécnica de Madrid, con 20 ejemplos hechos por estudiantes de la Universidad Tecnológica de Helsinki.

- OTTO Entre el diseño y el arte. La evolución del arte industrial finlandés. En el Círculo de Bellas Artes.

Marimekko: 10 puntos de vista. Una selección de trajes y objetos que hablan de la historia de esta compañía. En el Museo del Traje.